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La Ruta de los Siete Lagos sobre dos ruedas: 110 kilómetros que reordenan la manera de mirar la cordadura neuquina

El clásico corredor que une Villa La Angostura con San Martín de los Andes, atravesando los parques Lanín y Nahuel Huapi, dejó de ser patrimonio exclusivo del automóvil y la combi: el auge de la bicicleta, tradicional o eléctrica, lo transformó en un viaje de tres a cinco días con modalidades que van del alquiler autónomo al tour organizado, y abre un debate sobre cómo ordenar el flujo turístico sin degradar el bosque ni el agua.

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Darío GodoyAmbiente y río · 5 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

La Ruta de los Siete Lagos se extiende a lo largo de aproximadamente 110 kilómetros dentro de los parques nacionales Lanín y Nahuel Huapi, en el sudoeste de la provincia de Neuquén, y constituye uno de los corredores escénicos más transitados de la cordillera andina: une Villa La Angostura con San Martín de los Andes y bordea, en su trazado clásico, los lagos Lácar, Machónico, Falkner, Villarino, Escondido, Correntoso y Espejo, atravesando bosques de coihues y lengas, cascadas, miradores y valles abiertos que durante décadas se visitaron sobre todo en automóvil o en combi, pero que en los últimos años registran un crecimiento sostenido del flujo de ciclistas que eligen pedalear de lago a lago, ya sea con una bicicleta tradicional o con una eléctrica, y que encuentran en el camino dos modalidades bien diferenciadas para organizar la travesía, cada una con su logística, su costo y su perfil de usuario, lo que vuelve indispensable repasar con detalle qué ofrece cada opción antes de tomar la decisión.

¿Qué variantes existen para hacer la ruta en bicicleta?

La primera alternativa es el viaje autónomo, que consiste en retirar una bicicleta en San Martín de los Andes, recorrer el trazado en dirección hacia Villa La Angostura y devolverla allí al finalizar: las empresas que prestan este servicio entregan el rodado junto con un trailer o bolso pequeño que incluye casco, inflador, cámaras de repuesto, kit de parches, herramientas, candado y chaleco reflectivo, y suman un mapa con los campings señalizados a lo largo del camino, de modo que el itinerario más frecuente es de tres días y dos noches, con pernocte en los campings que dependen de la administración de los parques nacionales y que en muchos casos cuentan conproveeduría, duchas calientes y fogones, una fórmula que atrae a quienes valoran la independencia de horarios y la posibilidad deRegular el ritmo sobre la marcha, aunque también obliga a cargar con la comida, a revisar la bici después de cada jornada y a planificar con cuidado las reservas estivales, ya que la demanda en enero suele superar la capacidad de los campings.

La segunda variante es el tour organizado, que en general parte desde San Carlos de Bariloche y suma, antes de ingresar a la Ruta de los Siete Lagos, el Circuito Chico, el Paso Córdoba, la Laguna Rosales y el Bosque de Arrayanes, lo que convierte a la experiencia en un recorrido de cinco días diseñado para grupos de entre 30 y 40 personas, con guías, mecánicos, vehículo de apoyo y disponibilidad de bicicletas eléctricas para quienes no quieran exigirse de más en los tramos de mayor pendiente: se trata de la modalidad preferida por los viajeros mayores de 50 años, que encuentran allí la combinación de un esfuerzo físico dosificado y un acompañamiento logístico que resuelve el problema del traslado de equipaje y el de la asistencia mecánica inmediata, y que en muchos casos incluyen además el alojamiento en hoteles de tres o cuatro estrellas, con desayuno, y el regreso en ómnibus desde Villa La Angostura hasta Bariloche una vez finalizado el tramo pedestre.

¿Qué pide el cuerpo para pedalear los Siete Lagos?

Los testimonios recogidos entre quienes ya completaron el recorrido coinciden en un punto central: no hace falta ser un ciclista de alto rendimiento, pero sí es necesario contar con un mínimo de estado físico y, sobre todo, con un tren inferior trabajado, porque el segundo día suele ser el más exigente por la acumulación de kilómetros y por la sucesión de repechos que aparecen entre lago y lago, de modo que para los residentes en zonas llanas, como la Ciudad de Buenos Aires o el conurbano bonaerense, la recomendación extendida es encarar un entrenamiento previo de entre cinco y seis meses con foco en fuerza de piernas, complementar el trabajo en bicicleta fija con rodadas en calle para acostumbrarse al pedaleo real y a la toma de decisiones en el tránsito, y practicar el manejo de cambios y piñones hasta lograr que el cambio de marcha sea un acto reflejo, ya que en la ruta no hay margen para detenerse a pensar qué combinación elegir en plena subida, mientras que en el plano nutricional la indicación es cargar el cuerpo con proteínas e hidratos de carbono antes y durante el recorrido, comer cada dos o tres horas y mantener una hidratación constante porque la sequedad del aire cordillerano, sumada al esfuerzo acumulado, termina pasando factura al final de la jornada si se descuida la reposición de líquidos y sales.

¿Cuándo conviene salir y por qué enero queda afuera?

La ventana útil para encarar la Ruta de los Siete Lagos en bicicleta va de noviembre a abril, con diciembre, marzo y la primera quincena de abril como los momentos de mayor equilibrio entre caudal de turistas, estado de los caminos y disponibilidad de campings y hoteles, y con enero como el mes que los operadores consultados sugieren evitar: no por el clima, que suele ser estable, sino por la saturación de campings, la congestión de la ruta con vehículos particulares y la dificultad para conseguir reservas, un cuadro que se repite cada temporada y que vuelve a poner sobre la mesa un debate que la nota de base no resuelve pero que sí deja planteado, y que es el de fondo de toda esta movida: la Ruta de los Siete Lagos, ese corredor de 110 kilómetros pensado originalmente para el tránsito vehicular de temporada baja, está recibiendo año a año más bicicletas, más tours organizados y más campings informales, y la pregunta que sigue sin respuesta clara es si la infraestructura actual de los parques nacionales alcanza para sostener ese crecimiento sin degradar los bosques de coihues y lengas, sin contaminar las costas de los siete lagos y sin convertir un viaje que se presenta como una experiencia de contemplación en una caravana ruidosa con chalecos reflectivos, de modo que lo que está en juego no es solo dónde pernoctar o cuánto gastar en el alquiler de la bicicleta, sino quién se hace cargo de ordenar un flujo turístico que dejó de ser el de los autos y las combis para convertirse, cada vez más, en el de las dos ruedas.

DG
Darío GodoyAmbiente y río

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