Un tobillo que cambió una tarde de trekking: así fue el rescate en el sendero al Bosque de los Arrayanes
A diez kilómetros del acceso, con el reloj pisando las 15:30 y el sol todavía alto, un turista se quedó sentado en el camino. Lo que pasó después involucró a Prefectura, Parques Nacionales y una evacuación por el lago Nahuel Huapi que terminó, cerca de las 17, en el hospital de Villa La Angostura.

Me imagino la escena y me gustaría que la veas conmigo: sábado a la tarde, el lago Nahuel Huapi brillando como un espejo roto y un hombre sentado en el suelo, a unos diez kilómetros del inicio del sendero al Bosque de los Arrayanes, con un tobillo derecho que ya no respondía. Lo que empezó como una caminata tranquila por la península de Quetrihué se transformó, alrededor de las 15:30, en un operativo de rescate que movilizó a cuatro fuerzas distintas y terminó casi una hora y media después, ya en tierra firme, con el turista derivado al hospital de Villa La Angostura.
Cómo se organizó la asistencia en un terreno que no perdona
El alerta llegó cuando el visitante comprendió que no iba a poder volver por sus propios medios. Por la distancia al acceso y por las características del circuito —raíces, piedras y desniveles que se acumulan a lo largo de unos doce kilómetros— los equipos resolvieron que la salida más razonable era por agua, no por tierra. Así que mientras unos pocos se quedaban acompañando al lesionado, otros comenzaban a mover embarcaciones en el lago.
- Prefectura Naval Argentina, que aportó personal y medios náuticos.
- Personal de Parques Nacionales, presente en la zona y conocedor del circuito.
- Integrantes del Grupo de Rescate local, especializados en este tipo de accidentes.
- Agentes de la Dirección de Fauna, que también se sumaron al operativo.
Una vez junto al turista, los rescatistas le dieron la primera atención y prepararon el traslado. Después llegó lo más delicado: embarcarlo con cuidado, navegar por el Nahuel Huapi y dejarlo en el puerto de Bahía Mansa, desde donde una ambulancia completó el recorrido hasta el hospital local para los estudios de rigor. Cerca de las 17, todo había terminado, sin mayores complicaciones, según reconstruyó el parte oficial.
El circuito no es un paseo: qué tener en cuenta antes de calzarse las zapatillas
El sendero al Bosque de los Arrayanes es una de las caminatas más emblemáticas del Parque Nacional Nahuel Huapi, pero tiene sus bemoles. La intendencia del parque suele repetir las mismas recomendaciones, y conviene tomárselas en serio antes de largarse: calzado adecuado con buena suela y tobillo cubierto, evaluación honesta de la condición física y una planificación de los tiempos de marcha de acuerdo con las horas de luz que queden en el día. El último punto no es un detalle menor: quedarse a oscuras en la península de Quetrihué, lejos del acceso, es una pésima idea.
Hay un dato que muchos caminantes subestiman y que la propia intendencia viene remarcanco: el Registro de Trekking es obligatorio para ingresar al circuito. No es un trámite caprichoso ni un sellito más en la lista de requisitos: es la herramienta que permite que los equipos de rescate ubiquen a los excursionistas cuando algo sale mal y coordinen la asistencia con la rapidez que estas situaciones exigen. En los últimos días, según precisaron desde el parque, se multiplicaron las intervenciones vinculadas a visitantes que subestimaron las exigencias del recorrido. La del sábado fue una más, y podría haber sido mucho peor.
Si vas a sumarte a esta caminata, llevá los datos del circuito bien apuntados, contale a alguien el horario estimado de regreso y no te confíes por más que el arranque parezca sencillo. Y cuando termines, si te queda hambre y querés reponer energías en Villa La Angostura, una parada clásica para repetir es el Cerro Bayo Café, en pleno centro, con buena cocina de montaña y precios amigables. La entrada al parque se abona en la intendencia y, dependiendo de la categoría del visitante, ronda los pocos miles de pesos que se actualizan mes a mes; conviene chequearla en la web oficial antes de salir, porque ese número cambia seguido. Te lo digo porque a mí, cada vez que vuelvo del sur, me pasa lo mismo: prometo no tentar a la suerte y, a la siguiente, ya estoy anotándome otra vez para el Arrayanes.
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