San José, sobre el río Uruguay, propone una escapada donde el agua termal se mezcla con la tradición vitivinícola y los molinos
En el sudeste entrerriano, la localidad ofrece un circuito integral con doce piscinas, bodegas y el recorrido histórico del Molino Forclaz para quienes buscan descanso, enología y memoria de los inmigrantes europeos.

A casi una decena de metros sobre el nivel del río Uruguay, en el tramo en que la corriente se vuelve perezosa y se deja mirar desde los balcones de los complejos termales, San José se planta como una postal entrerriana que todavía cree en la integración de sus atractivos: aguas calientes que brotan de la tierra, viñedos que bajan desde las lomadas y un molino que se empecina en contar, piedra por piedra, la epopeya de quienes llegaron desde Europa a mediados del siglo XIX con la ilusión de fundar una colonia agrícola ordenada y próspera, aunque la geografía terminara por obligarlos a ajustar los planes originales. La localidad, ubicada en el sudeste de la provincia y comprendida dentro de la región turística Tierra de Palmares, se presenta como un destino al que se puede entrar por cualquiera de sus tres grandes puertas sin terminar la jornada agotado: el patrimonio histórico, el relax termal y el movimiento al aire libre se articulan a distancias tan cortas que invitan a combinar, en un mismo día, una visita guiada, un baño de inmersión y una copa de Tannat mirando el atardecer entrerriano.
Quien decida organizar la jornada puede razonablemente empezar por el Museo Provincial Molino Forclaz, cuyo predio de cinco hectáreas conserva la vivienda familiar y el molino de viento que Juan Bautista Forclaz levantó para moler trigo y maíz. Como los vientos de la zona no siempre acompañaron el emprendimiento, la familia debió retroceder hacia el sistema de molienda impulsado por mulas, una solución técnica que aparece como uno de los capítulos más recordados del recorrido. Las visitas con guía explican ese funcionamiento y la historia de sus habitantes, mientras que en determinadas fechas se suman representaciones a cargo de vecinos y, durante el verano, se realizan recorridos nocturnos iluminados con velas, faroles y candelabros, modalidades que conviene tener presentes al elegir cuándo visitar el lugar porque modifican sustancialmente la experiencia.
¿Qué ofrece el complejo termal y por qué lo presentan como experiencia eno-termal?
El descanso tiene su sede Termas San José, a apenas cinco minutos del casco histórico, donde el complejo dispone de doce piscinas y varios sectores desde los que se observa el río. De acuerdo con lo que detalla el establecimiento, el pase de experiencia eno-termal incluye acceso a las piletas, un área exclusiva de relajación, batas, toallas y un tratamiento facial de vinoterapia en Spa Acqua Termal, además de un servicio de vino entrerriano acompañado por tapeo regional en el restaurante Entre Fuegos, una combinación que busca borrar la frontera entre el relax, la gastronomía de la zona y la identidad productiva local. La propuesta suma una visita guiada gratuita a Bodega Vulliez Sermet y beneficios en otros establecimientos del área, incluido el alojamiento entre viñedos de Los Franco Suizos, mientras que el hilo histórico se sostiene en la tradición vitivinícola que los inmigrantes dejaron en Colonia San José, con variedades como Pinot Noir, Chardonnay, Tannat y Marselan entre las mencionadas en la producción local.
¿Qué opciones de movimiento y de compras artesanales completan el circuito?
Para quienes llegan a San José buscando algo más que reposo, el predio Molino Aventuras ofrece palestra, tirolesa, puentes aéreos, escaleras móviles y un mangrullo que sirve como mirador natural del paisaje ribereño, mientras que en el Centro Municipal de Artesanos se concentran propuestas de cerámica, madera, cuero y lana, oficios que dialogan con la memoria de los oficios traídos por los inmigrantes y que sostienen su presencia en el circuito de compras.
Lo que está en juego en San José es algo más profundo que una mera temporada turística: es la capacidad de un pueblo del sudeste entrerriano para sostenerse en el mapa sin resignar la memoria del trigo, del vino y de las mulas que sostuvieron un molino cuando el viento fallaba, y para ofrecer al visitante una experiencia donde el descanso en aguas termales, el patrimonio industrial de los Forclaz y la narrativa vitivinícola se dan la mano en pocas cuadras, en la margen izquierda del Uruguay, donde la provincia todavía se permite pensar a escala de pueblo la próxima campaña.
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