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Rotta el Hutt vuelve al centro de la galaxia dieciocho años después y esta vez, parece, la historia le hace justicia

La nueva película de Star Wars rescata al mismo bebé Hutt que en 2008 protagonizó la entrega más criticada de toda la saga. Un recorrido por la historia de un personaje que lleva casi dos décadas pidiendo su revancha.

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Ludmila PintosCultura y carnaval · 8 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Imaginate el corsódromo de cualquier comparsa entrerriana: una pasarela larguísima, bombos que te sacuden el pecho y, de golpe, una figura que todos reconocen de memoria pero que nadie esperaba ver desfilar otra vez. Eso, salvando las distancias siderales, es lo que acaba de pasar en el universo de Star Wars: un personaje que muchos daban por olvidado reapareció en el centro de la escena con la fuerza de un clásico recuperado. Hablo de Rotta el Hutt, ese bebé verdoso y panzudo que acaba de sumar una nueva vuelta olímpica dentro de la franquicia más famosa de la galaxia, esta vez en la flamante The Mandalorian and Grogu, la película que Disney+ acaba de estrenar y que ya está dando que hablar entre los fans de toda la vida.

Lo curioso del asunto, y lo que a mí personalmente me generó esa sonrisa cómplice de quien reconoce un guiño escondido en plein écran, es que Rotta no es un personaje nuevo ni una creación reciente del equipo creativo de Lucasfilm. Muy por el contrario: este pequeño Hutt tiene casi la edad del público que creció viendo las precuelas de George Lucas. Su primera aparición data de 2008, en la película animada Star Wars: The Clone Wars, que funcionó como piloto cinematográfico de la serie homónima y que estuvo dirigida por Dave Filoni, el mismo nombre que hoy firma buena parte del rumbo creativo de la saga en acción real.

Una película maldita que abrió una era

La cosa hay que contarla con todo su contexto, porque entender la historia de Rotta es entender también uno de los capítulos más injustos, o al menos más incomprendidos, de la saga. En 2008, Lucas estaba decidido a expandir el conflicto bélico que arranca con El ataque de los clones y termina en La venganza de los Sith. Quería darle más vuelo a las Guerras Clon, ese período oscuro de la República, y para eso le dio luz verde a Filoni para producir una serie animada que terminó convirtiéndose en una de las piezas más queridas del universo expandido. Pero antes de que la serie llegara a la pantalla chica, se filmó una especie de capítulo piloto en formato de largo: la mencionada The Clone Wars.

Y acá viene el nudo de la cuestión. La historia elegida para esa presentación cinematográfica no fue una gran batalla entre Jedi y separatistas, ni una misión desesperada en algún planeta icónico del universo de Lucas. Fue, nada más y nada menos, el rescate de Rotta, el hijo nada menos que de Jabba el Hutt, que había sido secuestrado por el Conde Dooku para presionar a las redes criminales de los Hutts y sumarlas a su bando. Acompaña al pequeño Rotta nada menos que un Anakin Skywalker que ya carga con su nueva padawan, Ahsoka Tano, en lo que sería la primera aparición animada de la personaje que después se ganaría su propia serie en vivo.

Yo lo viví en carne propia, como tantos fans de mi generación: fui a verla al cine con la expectativa de ver una gran historia de Star Wars y terminé saliendo con la sensación de que había visto un capítulo demasiado largo, con un Anakin que no terminaba de cerrarme y un villano menor que no estaba a la altura de Dooku. Con el tiempo, y gracias a la serie animada que vino después, uno le fue encontrando la vuelta al personaje de Ahsoka y a las aventuras de los clones, pero el sabor amargo de aquella película piloto quedó flotando durante años. Por eso, cuando supe que Rotta volvía a aparecer en The Mandalorian and Grogu, no pude menos que pensar que la galaxia le debía una al pobre bebé Hutt.

El círculo se cierra, ahora en acción real

La nueva película de Disney+ retoma la trama de Din Djarin, el Mandaloriano que ya es un clásico moderno de la saga, y lo pone en la misión de rescatar a un joven Hutt llamado Rotta. Para quienes vimos la serie animada y crecimos con las Guerras Clon, el aire de déjà vu es inmediato: es exactamente la misma premisa, el mismo personaje, el mismo tipo de encargo. Pero esta vez el envoltorio es otro: acción real, un presupuesto cinematográfico y la voz de Jeremy Allen White dándole vida al pequeño Rotta, en lo que parece ser un guiño deliberado de los productores para reconocer la larga historia del personaje.

Lo más lindo de todo, y lo que me reconcilia un poco con aquella película maldita de 2008, es ver cómo un personaje que nació casi como un trámite para introducir una serie animada termina convertido, casi dos décadas después, en el motor de una nueva entrega de la saga principal. Es como si la galaxia, con esa paciencia infinita que tienen los Hutt, hubiera estado guardando a Rotta hasta que llegara el momento justo de devolverlo al centro del escenario.

Si todavía no viste The Mandalorian and Grogu, te dejo una recomendación de fan a fan: andá preparado para reconocer guiños, personajes y situaciones que vienen arrastrando historia desde la animación. Y si te copa la idea de entender de dónde viene Rotta, te sugiero hacer la maratón completa de la serie Clone Wars, esa que arrancó con una película que el público castigó pero que, con el tiempo, se convirtió en una de las piedras angulares del universo expandido. A veces, las historias que peor arrancan son las que mejor envejecen. Rotta el Hutt, dieciocho años después, acaba de demostrarlo.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval

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