Meta convierte a Muse en un archivo permanente: la memoria del asistente se actualiza cada hora con datos de los vínculos del usuario
Un investigador accedió a las instrucciones internas del chatbot de inteligencia artificial de la empresa de Mark Zuckerberg y constató que el sistema construye fichas sobre familiares, parejas, amigos y colegas sin que esas personas tengan control sobre la información que se guarda de ellas. La compañía afirma que los registros se alimentan de contenido público y de lo que comparte el titular de la cuenta, y que la memoria puede borrarse. Mientras tanto, el resto de los involucrados queda a merced de un mecanismo que ellos no activaron ni supervisan.

En el centro de la escena aparece Muse, el asistente de inteligencia artificial con el que Meta empezó a pisar más fuerte en el terreno de los agentes digitales que no solo responden preguntas sino que también ejecutan acciones en nombre del usuario. La novedad que lo separa de sus competidores no es tanto lo que sabe hacer como la materia prima con la que se alimenta: las personas que forman parte de la vida de quien lo utiliza. Reconocer que una factura corresponde al plomero contratado meses atrás o acertar con las flores favoritas de una pareja son dos ejemplos que la propia empresa eligió para mostrar de qué sirve esa memoria ampliada, y que en conjunto dibujan un perfilado mucho más íntimo que el de un simple registro de búsquedas.
Que encontró el investigador y por que importa
La dimensión exacta de ese archivo quedó al descubierto por Karan Joshi, investigador independiente en seguridad informática e inteligencia artificial, que logró que el propio chatbot le entregara los archivos con sus instrucciones internas mediante un pedido formulado dentro de una conversación corriente. La documentación recuperada describe una rutina que se ejecuta cada hora y que prepara fichas sobre familiares, parejas, amistades, colegas y otras personas del entorno, incluidas cuentas que el usuario sigue en redes sociales. Los registros se nutren de manera progresiva con antecedentes del vínculo, intereses compartidos, asuntos pendientes y datos sobre la relación, y están habilitados para incorporar cumpleaños, aniversarios, cambios de domicilio, objetivos de ahorro en común y hasta desacuerdos anteriores, siempre que exista información que los respalde en las conversaciones o conexiones del titular de la cuenta.
Daniel Roberts, vocero de la compañía, sostuvo que ese contexto ayuda al asistente a cumplir los objetivos de quien lo usa y aseguró que la información procede de contenidos públicos y de aquello que el usuario comparte con el sistema, una explicación que la empresa repitió cuando el caso tomó estado público. Meta también afirma que cada usuario dispone de una máquina virtual separada, sin acceso para otros usuarios ni para otros agentes, y que Muse pide confirmación antes de concretar acciones sensibles como enviar un correo electrónico o realizar una compra. La compañía agregó que el sistema ofrece un registro de auditoría para revisar la actividad, la posibilidad de borrar la memoria almacenada y la opción de cortar la conexión con servicios externos que aportan datos.
Que puede hacer el usuario y que no puede hacer el resto
La letra chica, sin embargo, deja afuera a la mayor parte de los involucrados. Quien instaló Muse conserva el manejo de los registros y puede eliminar lo que el asistente recuerda, pero las personas incluidas en esos perfiles no tienen a su disposición ningún botón equivalente: la posibilidad de auditar, rectificar o borrar la información que el chatbot guarda de ellas no está en sus manos, lo que convierte a cada usuario con Muse en una suerte de administrador involuntario de los datos de sus contactos. Para decirlo en los términos del propio hallazgo, las instrucciones obtenidas por Joshi exigen trabajar con evidencia y no completar las fichas con detalles inventados, una salvaguarda útil para evitar fabulaciones, pero insuficiente para resolver el problema de fondo, que es la construcción de un archivo relacional sin consentimiento expreso de los terceros mencionados.
Lo que esta en juego
El caso reabre una discusión que la industria de la inteligencia artificial prefiere tratar como un detalle técnico: la diferencia entre los datos que alguien entrega sobre sí mismo y los que entrega sobre los demás. Muse promete ayudar a no olvidar un aniversario o a identificar rápido a un proveedor, y lo hace a costa de transformar conversaciones privadas, contactos profesionales y hasta discusiones familiares en materia prima de un sistema que aprende de manera constante. Si la memoria es la pieza que vuelve verdaderamente útiles a los agentes de inteligencia artificial, también es la que vuelve más difusa la frontera entre la vida privada de cada uno y la vida privada de quienes lo rodean, una zona que la regulación todavía no termina de ordenar y que Meta, por ahora, resolvió a favor de su propio producto.
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