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Cinco montañas argentinas van por la corona mundial del turismo de altura

Aconcagua, Champaquí, Mercedario, Copahue y Famatina competirán ante la International Mountain Tourism Alliance en la convocatoria 2026, tras una selección que evaluó 18 postulaciones de diez provincias.

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Darío GodoyAmbiente y río · 10 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Cinco cumbres argentinas se plantaron en la recta final de una carrera internacional que, hacia fines de este año, consagrará a las llamadas Montañas de Fama Mundial. La convocatoria 2026 de la International Mountain Tourism Alliance, más conocida por su sigla IMTA, puso en movimiento a dieciocho postulaciones provenientes de diez provincias y, después de un proceso de evaluación que combinó criterios naturales, culturales y de desarrollo turístico, dejó a cinco candidatas oficiales: el cerro Aconcagua, en Mendoza; el Champaquí, en Córdoba; el Mercedario, en San Juan; el volcán Copahue, en Neuquén; y el cerro Famatina, en La Rioja.

La selección no fue un capricho burocrático. La Dirección Nacional de Desarrollo y Promoción Turística, dependiente del área que conduce la política federal de turismo, cruzó variables que van mucho más allá del impacto visual de un pico nevado: se ponderó la calidad de los recursos naturales y culturales, el estado de conservación de los entornos, la infraestructura y los servicios disponibles para el visitante, la sostenibilidad de la actividad, el compromiso de las comunidades locales y el respaldo institucional de cada candidatura. Es decir, no alcanza con tener altura: hay que demostrar que la montaña se gestiona con responsabilidad y que, además, tiene historia, paisaje y servicios para sostenerse en el mapa global.

¿Qué evalúa la Alianza Internacional de Turismo de Montaña?

La International Mountain Tourism Alliance es un organismo que desde hace varios años viene trabajando en la promoción y el reconocimiento de destinos de altura, con una mirada que combina la valoración ambiental, la protección cultural y el impulso económico de las comunidades que viven en esas regiones. Obtener el sello de Montaña de Fama Mundial implica, para los destinos elegidos, una plataforma de visibilidad que trasciende las fronteras del turismo clásico y los coloca en el radar de operadores, prensa especializada y viajeros de todo el orbe, sobre todo de aquellos dispuestos a moverse por circuitos de trekking, andinismo, contemplación de glaciares y experiencias en ambientes volcánicos.

El expediente argentino, vale subrayarlo, no quedó librado a la buena voluntad de los proponentes. La Dirección General de Asuntos Ambientales de la Cancillería y el Comité para el Desarrollo Sostenible de las Regiones Montañosas de la República Argentina intervinieron en la validación del proceso, lo que le otorga a las candidaturas un aval diplomático y técnico que, a la hora de competir con postulaciones de otros países, puede inclinar la balanza a favor de las montañas que logren exhibir coherencia entre el discurso conservacionista y la gestión concreta del territorio.

¿Por qué estas cinco y no otras?

  • Aconcagua (Mendoza): la montaña más alta de América, con 6.962 metros, emblema del andinismo internacional y referencia ineludible para cualquier candidatura argentina de turismo de altura.
  • Champaquí (Córdoba): techo de las Sierras Grandes cordobesas, con cerca de 2.884 metros, que combina trekking accesible, paisaje de altura y una fuerte identidad cultural ligada a las comunidades serranas.
  • Mercedario (San Juan): con 6.720 metros, es el segundo pico más elevado del país y ofrece una experiencia de alta montaña todavía poco masificada en comparación con su vecino mendocino.
  • Volcán Copahue (Neuquén): situado en el norte de la Patagonia, con su paisaje de cráteres, lagunas termales y bosques andino-patagónicos, representa el perfil volcánico de la cordillera.
  • Famatina (La Rioja): candidato en la categoría nevado, sintetiza la montaña del Noroeste argentino, con fuerte carga simbólica para las comunidades locales y una historia minera y cultural que atraviesa siglos.

En definitiva, lo que está en juego en esta candidatura no es solamente un sello internacional ni un lugar en un ranking de prestigio: lo que se pone sobre la mesa es la capacidad de la Argentina para mostrar, en un escenario global, que sus montañas no son solamente escenarios de postal, sino territorios vivos, con comunidades que los habitan, servicios que los sostienen y políticas públicas que, al menos en el papel, buscan equilibrarlos. Si los cinco destinos elegidos logran exhibir ese equilibrio, el reconocimiento llegará como una ratificación; si no, quedará flotando la pregunta de para qué sirven los premios internacionales cuando adentro todavía cuesta ordenar la casa.

DG
Darío GodoyAmbiente y río

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