Saltar al contenido
Miércoles, 14 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Entre Ríos Informa

Entre Ríos Informa

Portada — Vida —

Adenocarcinoma de pulmón: la palabra del especialista que pone en contexto la operación del Papa

El Vaticano confirmó que León XIV fue sometido a una lobectomía del lóbulo inferior derecho por un tumor que es el más frecuente en personas no fumadoras. El neurólogo Conrado Estol explicó cómo se establece el pronóstico y por qué los estudios genéticos pueden cambiar el rumbo del tratamiento.

EZ
Esteban ZapataSociedad y vida · · 5 min de lectura
Adenocarcinoma de pulmón: la palabra del especialista que pone en contexto la operación del Papa

Lo imagino a esta hora, todavía en una habitación del Policlínico Gemelli de Roma, caminando despacio por el pasillo con el suero a cuestas, respirando hondo para inflar bien los pulmones mientras una enfermera le mide el oxígeno en sangre. Es la imagen que uno se hace al leer el parte médico del Vaticano: a sus sesenta y nueve años, el Papa León XIV fue operado de un adenocarcinoma pulmonar y le extirparon el lóbulo inferior derecho mediante una cirugía videoasistida que duró alrededor de noventa minutos. La evolución, dicen, es normal. Comió, hizo kinesioterapia respiratoria y ya camina dentro de su habitación. Pero el dato clínico abre preguntas que vale la pena recorrer con calma, porque detrás de cada palabra hay una decisión médica y, sobre todo, hay una persona.

Quiero detenerme en lo que yo mismo me pregunté al conocer la noticia: qué es exactamente un adenocarcinoma de pulmón y por qué, tratándose de un tumor, la operación fue la salida y no la quimioterapia. Para entenderlo recurrí a lo que explica el neurólogo Conrado Estol, que hace años se ocupa de divulgar medicina con una claridad que a mí, como periodista, me ahorra muchas horas de lectura.

El tumor más común en quienes nunca encendieron un cigarrillo

El adenocarcinoma es, según me contó Estol, el subtipo de cáncer de pulmón más frecuente en personas no fumadoras. Representa entre el 55 y el 80 por ciento de los casos en ese grupo, una cifra que sorprende porque solemos asociar el cáncer de pulmón con el cigarrillo y nada más. Lo característico de este tumor es que se localiza en la periferia del pulmón, lejos de los bronquios principales, y por eso tarda tanto en dar síntomas: al no obstruir una vía aérea gruesa, puede crecer durante meses sin que aparezca una tos persistente, sin que se repita una neumonía, sin que nada llame la atención. Cuando aparece el primer signo, a veces ya pasó tiempo valioso, aunque en este caso la detección parece haber sido temprana.

Por qué extirpar un lóbulo entero y no solo el nódulo

La decisión de hacer una lobectomía, es decir, sacar el lóbulo completo y no únicamente el nódulo sospechoso, responde a una lógica oncológica precisa. La cirugía busca garantizar márgenes libres de células tumorales, esos centímetros de tejido sano alrededor del tumor que le dicen al patólogo que la resección fue completa. Además, al retirar el lóbulo, el equipo obtiene material suficiente para analizar en detalle los ganglios linfáticos cercanos y la pleura, que es la membrana que envuelve el pulmón. Durante la operación, un patólogo puede examinar muestras en tiempo real para distinguir si lo que ve es cáncer, una fibrosis o una cicatriz vieja, aunque el diagnóstico definitivo siempre llega después, con el estudio microscópico.

El pronóstico: qué se mira y qué se espera

Acá viene lo que más me interesa como lector y, supongo, como ciudadano: ¿cómo se sabe si la operación alcanzó? Estol lo resumió con un criterio que vale la pena copiar textual en la cabeza. El pronóstico depende de tres datos fundamentales que el Vaticano todavía no hizo públicos:

  • el tamaño exacto del nódulo, que se mide en centímetros y se expresa en una escala que va de T1 a T4 según el compromiso del tejido.
  • el estado de los ganglios linfáticos cercanos, que pueden estar libres de tumor (N0) o comprometidos en distinto grado (N1, N2, N3).
  • si la pleura presentó compromiso, un dato que cambia de manera significativa las estadísticas de sobrevida.

Estol planteó un escenario hipotético que sirve para entender la lógica: si el nódulo mide dos centímetros, los ganglios están libres y no hay compromiso pleural, la sobrevida a cinco años puede acercarse al noventa y nueve por ciento. No es un pronóstico para este caso puntual, aclaremos, porque no se conocen esos tres datos, sino un ejemplo para mostrar que cuando el tumor es chico y localizado, las chances son muy altas. Esa precisión es la que los médicos llaman estadio temprano, y es, en buena medida, la mejor noticia posible dentro de un diagnóstico de cáncer.

“Cuando el nódulo mide dos centímetros, los ganglios están libres y no hay compromiso pleural, la sobrevida a cinco años puede acercarse al noventa y nueve por ciento.”Conrado Estol, neurólogo

La genética del tumor y las terapias que pueden venir después

En paralelo a la recuperación, hay un laboratorio trabajando. Especialistas en biología molecular analizan el tejido extraído para detectar mutaciones específicas: EGFR, KRAS, BRAF, HER, MET, una lista de siglas que hace diez años era impensado mencionar en una conversación de café y que hoy define tratamientos. Si aparecen alteraciones en esos genes, se pueden indicar terapias dirigidas, que se toman por vía oral y atacan al tumor de manera selectiva. La inmunoterapia es otra alternativa, en este caso intravenosa, que entrena al sistema inmune para reconocer y destruir células cancerosas.

Ambas opciones funcionan, aunque suelen perder efectividad con el tiempo: el tumor encuentra la manera de evadir el control y el seguimiento oncológico continuo se vuelve parte del tratamiento, no un trámite posterior. Por eso, más allá del parte oficial del Vaticano, lo que viene es un calendario de controles, imágenes y, eventualmente, decisiones terapéuticas tomadas en función de la biología del tumor de un hombre en particular.

Volviendo a esa habitación en Roma

Vuelvo a la imagen del principio. Lo imagino al Papa sentado al borde de la cama, con el camisón del sanatorio y la vía del suero en el dorso de la mano, mirando por la ventana los techos de Roma mientras respira hondo, una y otra vez, como le enseñó la kinesióloga. Pienso que detrás del comunicado del Vaticano hay una historia clínica común, de esas que se repiten en miles de hospitales del mundo: un nódulo periférico, un patólogo que confirma el tipo de tumor, un cirujano que decide qué cantidad de pulmón alcanza, un oncólogo que espera los estudios genéticos para definir el próximo paso. La diferencia, claro, es que este paciente es el líder de la Iglesia católica y cada movimiento se conoce en tiempo real. Pero la medicina es la misma para todos, y eso, lejos de minimizar la noticia, la humaniza. Por eso me quedo pensando en esa escena, la del hombre que camina despacio por un pasillo blanco y aprende a respirar de nuevo: hoy la pelea parece empezarla con ventaja, y eso, para quien sea, es mucho.

EZ
Esteban ZapataSociedad y vida

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo