Cuando el cuerpo acumula lo que no puede vaciar: el vaso de la histamina que muchos llenan sin saberlo
El médico genetista Jorge Dotto explica por qué migrañas, hinchazón, mal sueño y ansiedad pueden tener un denominador común. Una sustancia que fabrica el propio organismo y que también llega con los alimentos sería la clave de un cuadro que suele estudiarse por separado.

Me pasó mil veces en la consulta médica, y seguramente le pasó a más de uno: salir de ahí con un diagnóstico para cada molestia, otro papelito para el dolor de cabeza, otro para la panza, otro para el insomnio, como si el cuerpo fuera una sumatoria de piezas sueltas que no se tocan. El médico genetista Jorge Dotto cree que, en buena parte de esos casos, hay un hilo invisible que lo une todo, y ese hilo se llama histamina. Una sustancia química que el propio organismo fabrica y que también ingresa con lo que se come, y que cuando se acumula más de lo que el cuerpo puede eliminar empieza a dar señales que parecen no tener relación entre sí.
Piensen en una familia tipo, de las que uno cruza cualquier domingo en la mesa de un restaurante de barrio. El padre arrastra migrañas desde los treinta, la madre vive con la panza hinchada y la culpa siempre se la achaca a la Edad Media, la hija mayor duerme mal desde la adolescencia y el más chico tuvo problemas respiratorios de chico que quedaron en el olvido. Cada uno con su historia clínica, cada uno con su especialista. Para Dotto, en varios de esos casos puede haber un mecanismo compartido que nadie se molestó en conectar.
Qué hace la histamina en el cuerpo
La histamina no es una enemiga, aclaremos. Cumple funciones variadas y hasta necesarias. Participa en el estado de vigilia, es decir, en eso que nos mantiene despiertos y atentos. Interviene en los mecanismos de apetito y de saciedad, en funciones cognitivas como la memoria y la concentración, en la producción de ácido en el estómago, en la contracción de los intestinos y hasta en la regulación de los latidos del corazón. También se activa cuando el sistema inmune identifica una amenaza, lo que explica su protagonismo en las reacciones alérgicas clásicas: la picazón, el sarpullido, los esternudos a repetición, la nariz que no para un segundo en primavera.
El quilombo, como diría cualquier porteño bien hablado, aparece cuando se acumula más de lo que el cuerpo puede sacar. Acá Dotto usa una imagen que vale la pena repetir porque se entiende rápido. Imagínense un vaso, dice, que se va llenando de a poco. Acumulo, acumulo, acumulo y exploto, porque no puedo sacar el tapón. Ese vaso se llena con lo que se come, con el estrés del día a día, con una rutina de ejercicio intenso o con las variaciones hormonales que muchas mujeres conocen bien. Mientras no rebalsa, nada pasa. Cuando rebalsa, aparecen las reacciones.
- Migrañas y dolores de cabeza frecuentes.
- Hinchazón abdominal y malestar digestivo.
- Problemas para dormir o sueño poco reparador.
- Ansiedad, sensación de agitación o palpitaciones.
- Síntomas que se confunden con alergias classiques: picor, congestión, sarpullido.
La lista de alimentos con más histamina, o que estimulan su liberación interna, la conoce cualquier persona que haya googleado alguna vez, porque se repite en todas las páginas de salud: quesos curados, embutidos, vino tinto, chocolate, tomate, palta y pescado, sobre todo el que pasa más tiempo guardado. Pero acá viene un dato que Dotto subraya siempre, y que muchos pasan por alto: la dosis importa tanto como el alimento. Hay gente que banca el tomate cherry en la ensalada y reacciona con cinco rodajas de tomate común. Hay gente que toma una copa de Malbec sin problema y termina la segunda con la nariz tapada y un dolor de cabeza que no se va. No todos reaccionamos de la misma manera a las mismas sustancias químicas, me dice Dotto, y la frase parece obvia pero cambia la manera de mirar la propia historia clínica.
“Que aparezcan intolerancias en una misma familia es lo esperable, no la excepción.”Jorge Dotto, médico genetista
El componente genético ayuda a entender por qué la intolerancia a la histamina puede saltar de un miembro a otro en una misma familia. Cada persona hereda información que define cómo procesa ciertas sustancias, aunque la forma en que eso se expresa varía según la alimentación y el entorno. Dotto suele contar el caso de dos hermanas gemelas atendidas por él, con síntomas completamente distintos a pesar de compartir casi todo el ADN: la diferencia estaba en lo que cada una comía y en factores del ambiente. Si en una casa las migrañas y la panza hinchada se heredan, no es maldición familiar, es información que se transmite y que se puede leer distinto.
En las mujeres, las hormonas suman otra variable que vuelve al cuadro más traicionero. La relación entre los estrógenos y la histamina puede hacer que ciertos síntomas cambien a partir de la pubertad, se intensifiquen en algunos momentos del ciclo menstrual, revienten en el embarazo o se den vuelta después de la menopausia. No es un capricho del cuerpo. Es química, literalmente, y tiene solución cuando se la busca con el profesional indicado. La propuesta de Dotto no es demonizar a la histamina ni armar una lista de alimentos prohibidos. Es entender cómo funciona para leer mejor las señales que el cuerpo viene dando hace tiempo, y que muchas veces se estudian por separado, con análisis y especialistas distintos, sin que nadie termine de unificar la foto completa.
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