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Vuelve la Feria del Libro a Neuquén con diez días para perderse entre páginas y conversaciones

La edición número trece se despliega desde este viernes en el Museo Nacional de Bellas Artes y el Parque Central, con autores patagónicos, figuras nacionales y un programa que combina literatura, teatro y formación docente.

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Esteban ZapataSociedad y vida · 10 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Lo primero que veo al llegar al Parque Central de Neuquén es un movimiento que todavía no parece feria: las globas blancas se estiran contra el cielo patagónico, los standeros acomodan cajas con la paciencia del que sabe que el viernes todo va a cambiar, y un grupo de chicos de una escuela técnica arrastra una escalera por el césped como si estuviera ensayando el momento exacto en que la ciudad se vuelve, de pronto, una gran sala de lectura. Yo vengo siguiendo esta feria desde hace varias ediciones y siempre me pasa lo mismo: antes de que se abra al público, cuando todavía no hay colas ni firmas ni apretujones, el lugar tiene esa intimidad de antesala que después se pierde. Es el momento que más disfruto, el del libro todavía envuelto en nylon, esperando.

La Feria del Libro Marcelo Martín Berbel arranca formalmente este viernes 11 de septiembre y se extiende hasta el sábado 20, con entrada libre y gratuita, en una movida que ya se instaló como uno de los encuentros culturales fuertes del calendario neuquino. Lo que más me gusta destacar, y se lo hago saber a quien me quiera escuchar, es que no se trata de un evento pensado únicamente para lectores solitarios: apunta a familias con chicos, a docentes que buscan capacitación y a ese público curioso que va a curiosear aunque no tenga un título específico en la cabeza.

Una apertura con historia, cuerpo y derechos

La programación del primer día tiene una densidad que a mí me parece elocuente: arranca con una novela histórica sobre la figura de Roca, sigue con un ensayo sobre educación emocional, suma un conversatorio sobre cuerpo e intimidad en la literatura, y se completa con una investigación en ciencias sociales vinculada a derechos humanos y con varias obras de autores patagónicos. Es, si se quiere, una declaración de intenciones: la feria abre pensando en pasado y presente a la vez, y poniendo el cuerpo como tema, algo que no todas las ferias se animan a hacer.

El sábado fuerte: Sietecase, Dolina y la encuadernación

El sábado la cosa sube de temperatura. A la tarde, Reynaldo Sietecase presenta su nueva novela, y más tarde Alejandro Dolina graba en vivo un episodio de su programa con músicos en escena, un clásico que convoca a fieles seguidores y a curiosos por igual. En paralelo, un taller de encuadernación básica para mayores de quince años, una charla sobre maternidad y discapacidad, y la presentación de una novela infantil completan una jornada que, como suele pasar en esta feria, obliga a elegir: uno quisiera estar en todos lados al mismo tiempo y termina resignándose a perderse algo.

Quiénes pasan por la edición completa

  • Guillermo Martínez, uno de los nombres fuertes de la narrativa argentina contemporánea.
  • Mauricio Kartun, referente ineludible del teatro y la dramaturgia nacional.
  • Martín Sivak, periodista y ensayista con mirada sobre la política y la cultura.
  • Pompeyo Audivert, actor y director que vuelve a vincularse con la palabra escrita.
  • Darío Sztajnszrajber, filósofo que acostumbra convocar a un público joven y masivo.
  • Soledad Barruti, periodista de investigación con dos décadas de trabajo en temas sensibles.
  • Viviana Rivero, autora de best sellers con un público consolidado.
  • Autores y editoriales de la región, que son el corazón de cada edición.

Para ir con chicos y para ir a formarse

A mí, como padre, lo que más me interesa destacar es que la feria tiene una programación específica para chicos en edad escolar, con propuestas de narrativa infantil distribuidas a lo largo de los diez días. Y hay algo que me parece justo resaltar y pocas veces se menciona: los docentes cuentan con espacios de formación dentro del propio predio, lo que convierte a la feria en un lugar donde no solo se venden libros sino que también se piensa la enseñanza. La combinación, en un mismo recorrido, de librerías para comprar, escenarios para escuchar y aulas para aprender es, a mi entender, lo que hace que esta feria tenga esa identidad propia que la distingue en la región.

Cuando me retire del Parque Central, después de charlar con algunos de los standeros y anotar mentalmente las actividades que no me quiero perder, voy a pasar por la globa donde se montan los talleres infantiles. Siempre me detengo un momento ahí, a observar a los chicos que llegan con sus mochilas y se cruzan con un libro abierto por primera vez. Esa escena, que se repite cada año, es para mí la mejor síntesis de lo que ofrece esta feria: la posibilidad de que un chico neuquino se encuentre con un libro y, sin saberlo, arranque a leerlo. Y eso, como nos pasa a los que andamos dando vueltas por este tipo de eventos, es algo que transforma.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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