Ni todo es agua ni todo es bebida deportiva: cómo hidratarse según el momento
El agua y una alimentación variada suelen alcanzar para el día a día. Las sales de rehidratación oral son las aliadas frente a la diarrea, y las bebidas con electrolitos encuentran su lugar en el esfuerzo físico prolongado. Un repaso por lo que dice la evidencia y lo que conviene tener claro para no pasarse ni quedarse corto.

A lo largo de los años aprendí que las consultas más frecuentes en la redacción suelen empezar con una pregunta simple: ¿tomo agua, tomo una bebida deportiva, o me compro unas sales de rehidratación que vi en la farmacia? Son tres productos distintos, con propósitos distintos, y mezclarlos puede ser tan inútil como problemático. Por eso me propongo ordenar el tema con la misma calma con la que uno sirve un vaso de agua fresca en una tarde de enero.
La diarrea tiene su propia fórmula
La primera vez que me tocó cubrir un brote gastrointestinal en un barrio del conurbano, volví con un cuaderno lleno de recomendaciones caseras que iban desde el mate cocido hasta el agua de arroz. Todas bienintencionadas, ninguna suficiente. La Organización Mundial de la Salud y Unicef recomiendan sales de rehidratación oral con proporciones definidas de glucosa y electrolitos para prevenir o tratar la deshidratación que acompaña a la diarrea. La glucosa cumple un papel clave: ayuda al intestino a absorber sodio y agua. A eso se suman cloruro, potasio y citrato, en una fórmula que no se reemplaza con una bebida deportiva ni con un preparado improvisado.
Si aparecen confusión, desmayos, vómitos persistentes, imposibilidad de beber o signos de deshidratación grave, la indicación es una sola: atención médica. Elegir una bebida por cuenta propia, en ese contexto, no sustituye esa evaluación. Y vale la pena recordarlo porque, insisto, en la calle todavía circula la idea de que un sobrecito de naranja con burbujas hace el mismo trabajo. No lo hace.
El día a día se sostiene con comida y agua
Para la hidratación habitual, la fuente más confiable sigue siendo el agua, acompañada de comidas regulares y de la propia sed. Los minerales que perdemos en pequeñas cantidades se reponen sin esfuerzo cuando la alimentación es variada. Pienso en la ensalada de tomate del mediodía, en el plátano de la merienda, en el queso del sándwich, en las lentejas del lunes, en las nueces del —perdón, en las nueces del sobremesa. Cada uno de esos alimentos devuelve potasio, calcio, magnesio u otros electrolitos que el cuerpo necesita.
El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte lo dice con claridad: durante ejercicios de menos de una hora, la evidencia de diferencias fisiológicas o de rendimiento entre el agua y las bebidas con carbohidratos y electrolitos es escasa. Para la mayoría de las rutinas cotidianas —caminar, ir a trabajar, hacer las compras, jugar un rato con los chicos— alcanza con agua y con la comida. Tomar suplementos sin pérdidas reales de líquidos puede alterar el equilibrio del organismo en lugar de mejorarlo.
El esfuerzo físico prolongado cambia la ecuación
Ahora bien, cuando el ejercicio se estira y pasa la hora, sobre todo con calor o humedad, la conversación cambia. Ahí sí pueden aumentar las necesidades de reposición de agua, sodio y otros electrolitos. El Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte señala que las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden ofrecer ventajas en esfuerzos prolongados. No existe, sin embargo, una cantidad idéntica para todos: la sudoración y las pérdidas de sales varían entre personas, y conviene ajustar la reposición al propio ritmo.
Vuelvo a donde empecé, a esa consulta que llegó por mail la semana pasada: una mujer me escribía preocupada porque su hijo tomaba bebidas deportivas después de cada entrenamiento de fútbol y ella sospechaba que se pasaba. Le contesté lo que le contestaría a cualquiera: si el chico entrena menos de una hora, agua y comida alcanzan; si entrena más, una bebida con electrolitos puede ser útil, pero siempre dentro de un esquema razonable. Beber más de lo necesario también puede modificar el sodio en sangre. Nada reemplaza la charla con el pediatra, sobre todo cuando hay chicos de por medio. Por eso, antes de elegir un producto, conviene preguntarse qué se está perdiendo y por qué.
- Sales de rehidratación oral: recomendadas ante diarrea por la OMS y Unicef, con glucosa, sodio, cloruro, potasio y citrato en proporciones definidas.
- Bebidas con electrolitos: útiles en ejercicio físico de más de una hora, con calor o humedad, según el Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte.
- Agua y alimentación variada: suficientes para la hidratación cotidiana en la mayoría de las personas adultas sanas.
- Suplementos sin indicación: no aportan beneficios demostrados si no hay pérdidas importantes de líquidos.
- Signos de alarma: confusión, desmayos, vómitos persistentes, imposibilidad de beber o deshidratación grave requieren atención médica inmediata.
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