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Una patrulla que sigue marchando: a 25 años del debut de "Hermanos de sangre", la serie que todavía no tiene quien le tosa

La miniserie de HBO que produjo Steven Spielberg y narró la odisea de la Easy Company en la Segunda Guerra se estrenó dos días antes del 11-S, quedó atravesada por el horror de aquel septiembre y, aun así, se convirtió en un clásico que el género bélico todavía no pudo igualar.

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Ludmila PintosCultura y carnaval · 8 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Lo confieso de entrada: arranqué a ver "Hermanos de sangre" sin demasiadas expectativas, hace ya varios veranos, una tarde cualquiera en la que el calor no aflojaba y la televisión parecía repetida hasta el hartazgo. Recuerdo que la pantalla se llenó de un cielo gris sobre un campo de entrenamiento en Georgia, con un grupo de jóvenes bastante perdidos tratando de ponerse firmes ante un oficial que parecía tallado en piedra. Me acomodé en el sillón pensando que iba a mirar un capítulo y al día siguiente seguía ahí, enganchado hasta el último minuto del décimo episodio. Esa es, tal vez, la mejor definición que puedo darle a una serie que este 2026 cumple veinticinco años y sigue sin tener un rival digno en la pantalla chica cuando se trata de contar una guerra.

Una compañía que se volvió leyenda

La historia sigue los pasos de la Easy Company, una unidad de paracaidistas del 506.º Regimiento que pasó por el entrenamiento infernal en el campamento Toccoa, saltó sobre Normandía en la noche más larga de junio del 44, se metió en los bosques de Holanda durante la fallida operación Market Garden, resistió el asedio de Bastogne en las Ardenas y terminó entrando en los campos de concentración en Baviera. Todo eso está contado con una intimidad que a mí, personalmente, me resultó muy difícil de soltar. La serie se basa en el libro que Stephen Ambrose publicó en 1992 y, a diferencia de otras adaptaciones, no se obsesiona con el mapa ni con la estrategia: el foco está puesto en los lazos entre los soldados, en cómo se bancan mutuamente, en cómo se traicionan, en cómo aprenden a quererse en medio del barro.

Lo que vuelve a la serie única dentro del género es una decisión que se tomó en la producción y que, con el paso del tiempo, se volvió su marca registrada: antes de cada episodio, los veteranos reales de la Easy Company aparecen en cámara y cuentan en primera persona lo que les tocó vivir. Esas pequeñas introducciones, grabadas cuando los hombres ya eran abuelos, le dan a la ficción una capa de autenticidad que ninguna reconstrucción por más costosa que sea puede fabricar en un laboratorio.

Un elenco que después sería enorme

  • Damian Lewis como el Teniente Dick Winters, el oficial sereno y querido por sus hombres, en uno de los papeles que le cambiaron la carrera.
  • Ron Livingston, Donnie Wahlberg, Kirk Acevedo y Michael Cudlitz como el núcleo de soldados que sostienen la tropa en cada escenario.
  • Michael Fassbender, James McAvoy, Simon Pegg y Tom Hardy en sus primeras apariciones en Hollywood, varios de ellos todavía prácticamente desconocidos para el gran público.
  • David Schwimmer, la cara más reconocible del elenco en aquel momento, en el papel incómodo del Capitán Herbert Sobel, el oficial al que todos detestan y al que, al mismo tiempo, todos terminaron debiéndole algo.

Un estreno atravesado por la historia

La serie se emitió por primera vez el 9 de septiembre de 2001. Dos días después, el mundo se derrumbó con los atentados a las Torres Gemelas. HBO había preparado una campaña de publicidad enorme, con avisos en diarios, en colectivos y en marquesinas; la apagó de un día para el otro porque, como se cualquiera, ningún canal podía sostener un lanzamiento de esa magnitud en medio de una tragedia de ese tamaño. Sin embargo, la audiencia se mantuvo: alrededor de diez millones de personas vieron el primer episodio y fueron llegando a los siguientes, en una época en la que todavía no existían las plataformas de streaming y el boca a boca era el único motor que sostenía una serie. Ese contexto, mirado en perspectiva, le terminó dando al programa una especie de aureola: una historia sobre soldados que se bancan lo peor, que arrancó a emitirse justo cuando una nueva generación de soldados iba a ser enviada del otro lado del mundo.

Detrás de cámara, la apuesta técnica fue enorme: ciento veinticinco millones de dólares de presupuesto, una cifra inédita para una producción de televisión en aquel entonces, que se notaba en la fotografía, en el diseño de producción y, sobre todo, en la manera de filmar los combates, con una crudeza y un respeto por los cuerpos que uno asocia más con el cine bélico clásico que con una serie. La violencia no es gratuita, no se regodea en la sangre: cada balazo, cada explosión, cada soldado caído parece estar puesto ahí para recordarnos lo que se pierde, no para impresionarnos con un efecto especial. La dirección se repartió entre varios realizadores, entre ellos Phil Alden Robinson y David Nutter, y aun así la serie mantiene un tono parejo, algo muy difícil de conseguir cuando hay tantas manos involucradas.

A mí lo que más me sigue conmoviendo, cada vez que vuelvo a verla, es la decisión de repartir el peso de la historia entre todo el batallón y no en dos o tres protagonistas. Otros proyectos del mismo equipo, como "The Pacific" que llegó en 2010, optaron por ese camino más individual y, para mi gusto, perdieron algo en el intento. "Hermanos de sangre" entendió algo que después muchos intentaron copiar y pocos lograron: la guerra no la ganan los generales ni los héroes solitarios, la bancan los grupos, las compañias, los hombres que se cuidan entre ellos porque saben que, si uno cae, los demás se quedan solos frente a la noche.

Mi recomendación, si todavía no la viste

Si tenés entre cuarenta y sesenta años, seguro escuchaste hablar de esta serie alguna vez, tal vez la viste entera, tal vez la empezaste y la dejaste, tal vez nunca le diste una oportunidad porque pensaste que era una producción más sobre la Segunda Guerra. Te la recomiendo sin dudarlo: dedicale un fin de semana largo, poné los diez episodios uno detrás del otro, dejá que te lleve desde Georgia hasta Baviera y, cuando termine el último, vas a entender por qué, veinticinco años después, todavía no hay otra serie bélica que se le anime a hacerle sombra.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval

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