Tres clásicos para volver a la pantalla grande: Dreyer, Kubrick y Coppola esperan en la cartelera
La plataforma Filmin reúne un catálogo que cruza siglos y géneros: del silencio roto por un juicio en 1928 a la sátira más temible de la Guerra Fría y la crónica íntima de una familia que es también la radiografía del sueño americano.

Me imagino la pantalla encendiéndose en el living de casa, con el ruido de la calle filtrándose apenas por la ventana, y la sensación de que voy a pasar las próximas dos horas en otra época. Eso es lo que vuelve irresistible una selección de clásicos que la plataforma Filmin acaba de poner al alcance de la mano, con títulos que muchos vimos de chicos en el cable y que ganan otra dimensión cuando se los mira con tiempo y sin publicidades de por medio. Lo que me gusta de este recorte es que no se queda en un solo tono ni en una sola década: propone un viaje que va del expresionismo europeo al Hollywood de los años setenta, pasando por la sátira política más cáustica del siglo veinte. Y, sobre todo, deja entrar al espectador por tres puertas muy distintas, cada una con su temperatura.
Tres películas para entrar al catálogo por donde uno quiera
- La pasión de Juana de Arco (1928), de Carl Theodor Dreyer: un juicio narrado en silencio, donde las actrices y los actores dicen todo con el rostro. Maria Falconetti sostiene el plano más desgarrador del cine mudo, rodeada por Eugene Silvain, Maurice Schutz, Michel Simon y un joven Antonin Artaud. Es cine de primeros planos y de fe atormentada.
- Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964), de Stanley Kubrick: la Guerra Fría convertida en comedia negra. Peter Sellers, George C. Scott, Sterling Hayden, James Earl Jones y Keenan Wynn encabezan una sátira que todavía hoy incomoda, justamente porque su humor sobre el botón nuclear sigue pareciendo verosímil.
- El padrino (1972), de Francis Ford Coppola: el sueño americano visto desde una mesa larga y una copa de vino. Marlon Brando y Al Pacino comparten escena con Robert Duvall, James Caan y Diane Keaton, en una puesta que trabaja la luz como si cada cuadro fuera un Caravaggio y estiliza la violencia hasta volverla casi musical.
A esos tres títulos centrales, el catálogo les pega un lote de compañía que vale la pena no dejar pasar. Aparece Buster Keaton con una comedia que se anima a meter elementos fantásticos, y Fritz Lang con una pieza de ciencia ficción que respira expresionismo alemán puro. Para los que quieran tensión en formato breve, está Ida Lupino, con una película de apenas 71 minutos que concentra el suspenso adentro de un auto: poco espacio, mucho vértigo.
Lo que más celebro es que la selección se puede recorrer por género, por director o por elenco, según el hambre del momento. Una noche me da por buscar el rigor de Dreyer; otra, las situaciones imposibles de Keaton; otra, el pulso narrativo de Coppola. Y en las tres, la promesa es la misma: quedarse un rato largo sin celular en la mano, dejar que las imágenes respiren y reencontrarse con un cine que sigue enseñando cómo se cuenta una historia con cámara, cuerpo y luz.
Mi recomendación, si tuviera que armar una maratón, es empezar por Juana de Arco y dejar que el silencio haga lo suyo, seguir con Kubrick para distender la mandíbula con una risa amarga y cerrar con El padrino, cuando ya cae la noche, porque Coppola pide penumbra y pide vino. Y después, a discutir con quien tengas al lado: esos clásicos viven cuando se los cuenta y se los vuelve a ver.
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