Saltar al contenido
Jueves, 15 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Entre Ríos Informa

Entre Ríos Informa

Portada — Turismo —

Sesenta y siete metros de historia sobre la Plaza de la República: el arco triunfal que se reinventó en plena Ciudad de México

Nació como un palacio legislativo inconcluso, sobrevivió a la Revolución y hoy es el arco triunfal más alto del mundo. Te cuento qué encontrar al visitarlo, cuánto cuesta y dónde almorzar cerca.

MA
Micaela AlmadaTurismo y termas · · 3 min de lectura
Sesenta y siete metros de historia sobre la Plaza de la República: el arco triunfal que se reinventó en plena Ciudad de México

A veces uno camina por el centro de una ciudad enorme y levanta la vista justo a tiempo para encontrarse con un gigante. Eso me pasó a mí en mi primera mañana en Ciudad de México: entre tanto edificio vidriado y tanto ruido de avenida, apareció de golpe una mole de 67 metros con forma de arco, coronada por una cúpula que parece flotar. Es el Monumento a la Revolución, en la Plaza de la República, y ostenta un récord que a mí me cuesta creer cada vez que lo repito: es el arco triunfal más alto del mundo.

Lo más interesante de este lugar no es la cifra, sino su historia. La estructura metálica que hoy se ve terminada pertenece a un Palacio Legislativo Federal que se empezó a construir en septiembre de 1910 y nunca se terminó. Las obras se frenaron en 1912, cuando el país entró en la Revolución Mexicana y los fondos se redirigieron a otras urgencias. Durante más de veinte años, lo que había quedado en pie fue un esqueleto de cuatro pilares y una cúpula a la espera de un destino.

De palacio inconcluso a ícono Art Déco

La transformación ocurrió entre 1933 y 1938, de la mano del arquitecto Carlos Obregón Santacilia. Decidió respetar la osamenta original y vestirla con un lenguaje Art Déco que envejece muy bien. A los cuatro pilares les sumó grupos escultóricos del artista Oliverio Martínez, cada uno dedicado a un capítulo de la historia nacional: la Independencia, las Leyes de Reforma, las Leyes Agrarias y las Leyes Obreras. Así, lo que iba a ser una sede parlamentaria se convirtió en un monumento abierto a la calle, con sentido y con nombre propio.

El edificio también cumple un rol que a mí me resulta conmovedor cada vez que lo cuento: funciona como mausoleo. En sus criptas descansan los restos de cinco figuras centrales del siglo XX mexicano: Venustiano Carranza, Francisco I. Madero, Plutarco Elías Calles, Francisco Pancho Villa y Lázaro Cárdenas. Transitar por la planta baja y saber que debajo de los pies hay historia de esa envergadura le cambia a uno la forma de mirar el piso.

Qué hacer adentro y cuánto sale entrar

  • Visitar el Museo Nacional de la Revolución, inaugurado en 1986, con ocho salas permanentes y una temporal que recorren el período 1857-1920 a través de documentos, fotografías, banderas e insignias.
  • Bajar a los sectores de cimentación del antiguo palacio, donde todavía se ven los cimientos que sostienen toda la estructura.
  • Subir en el elevador panorámico hasta el mirador, a 65,7 metros de altura, con vista de 360 grados sobre la ciudad.
  • Recorrer la explanada de la Plaza de la República, que es el mejor ángulo para entender la escala del monumento.
  • La entrada general ronda los 80 pesos mexicanos por persona; hay tarifas reducidas para estudiantes, docentes y adultos mayores, y la explanada exterior es libre y gratuita.

Para llegar no hace falta más que una línea de Metro: la estación Revolución de la Línea 2 deja prácticamente en la puerta, sobre la Plaza de la República s/n, en la alcaldía Cuauhtémoc. El monumento está a pocos metros del Paseo de la Reforma, así que conviene combinar la visita con un paseo por esa avenida, que en sí misma es un museo al aire libre de la capital.

Si después de subir al mirador te queda el hambre de un mediodía mexicano en toda regla, mi recomendación concreta es el restaurante El Bajío, a unas cinco cuadras, sobre la avenida Reforma: comida tradicional, porciones generosas y un ambiente cálido para procesar todo lo que acabás de ver. Como me dijo una vez una guía local mientras señábamos la cúpula, lo bueno de este monumento es que siempre te deja con ganas de seguir mirando hacia arriba.

Si ya lo conocés o si lo tenés anotado en la lista pendiente, me encantaría leer tu experiencia: qué mirador te sorprendió más, si te animaste a bajar hasta la cimentación y dónde elegiste comer cerca. Esos datos compartidos valen oro para el próximo viajero que esté armando su paso por la capital mexicana.

MA
Micaela AlmadaTurismo y termas

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo