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Viernes, 9 de octubre de 2026
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A las seis en casa, con mate y silencio: cómo Luli Fernández rearmó su vida después de los cuarenta

La modelo y conductora dejó atrás una agenda saturada tras separarse después de catorce años de pareja. Hoy entrena, hace terapia, trabaja en un ciclo de entrevistas nominado al Martín Fierro y aprendió a elegir las tardes quietas por sobre el calendario sin huecos.

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Esteban ZapataSociedad y vida · · 3 min de lectura
A las seis en casa, con mate y silencio: cómo Luli Fernández rearmó su vida después de los cuarenta

Son las seis de la mañana en el departamento de Recoleta y Luli Fernández ya está en la cocina. No porque el reloj la apure, sino porque a esa hora empieza el ritual que ordena su vida desde hace un tiempo: el desayuno con Indalecio, su hijo de siete años, el armado del lunch escolar y la conversación con música de fondo que comparten hasta llegar al colegio, en Vicente López. Cuando el chico entra a la puerta del establecimiento, ella se queda sola con su propio día, y ahí empieza otra rutina, mucho más pensada que la que tenía antes.

A los 38 años, después de separarse tras catorce años de pareja, esta modelo y conductora tomó una decisión que descree de la época: no llenar cada hueco del calendario. La agenda profesional sigue siendo densa —conduce un ciclo de entrevistas para una plataforma digital que arrancó con mujeres y este año sumó una edición dedicada a varones, producción que le valió una nominación a los premios Martín Fierro—, pero el tiempo que queda alrededor lo administra con una precisión que antes no existía. Lo que cambió no fue la cantidad de horas dedicadas al trabajo, sino la negativa a tapar los silencios con actividades.

Entrenamiento, nutrición y varias clases de terapia

Tres veces por semana Fernández trabaja con un profesor de musculación y mantiene un seguimiento nutricional estable. A esa columna vertebral del cuerpo le suma, a lo largo de la semana, varias modalidades terapéuticas: terapia tradicional, terapia neural, constelaciones familiares, biodecodificación y registros akáshicos. Para decisiones personales y laborales, consulta con frecuencia a una astróloga y a una numeróloga. La lista parece larga, y lo es, pero la conductora la presenta como un circuito ordenado, no como una acumulación: cada disciplina ocupa un lugar distinto y no compite con las demás.

En el medio de ese esquema aparece el otro eje del día: su hijo. Desde que se separó y vive sola con él, Fernández dice que el vínculo se profundizó, porque las decisiones cotidianas ya no se comparten con nadie más y eso obliga a conversar de otro modo. Los miércoles y sábados, cuando Indalecio pasa la tarde con su padre, ella sale con amigas. Es uno de los pocos momentos en los que la jornada se abre a lo social fuera de cámara.

“Hoy me doy cuenta de que necesito mucho menos para ser feliz.”Luli Fernández

La frase resume el movimiento íntimo que la conductora describe cuando repasa esos años. Durante mucho tiempo, cuenta, el trabajo funcionó como un refugio y la agenda no tenía pausas; el ritmo era una manera de no quedarse a solas con el proceso de separación. Lo que empezó a modificarse, según relata, fue la decisión de quedarse quieta en los huecos en lugar de taparlos. Las tardes que Indalecio pasa con su padre son el ejemplo más concreto: antes esas horas se llenaban con compromisos, hoy se llenan con mate, una serie en la pantalla y los tres perros que la acompañan en el departamento.

El nuevo orden todavía convive con lo viejo. Las cámaras, las notas, las nominaciones y los rodados siguen ocupando buena parte de la semana, pero alrededor de ese trabajo hay una arquitectura doméstica que la propia Fernández define como indispensable. No es un retiro ni una pausa definitiva: es la decisión de que el tiempo sin ruido también cuente en el calendario. A los 38, dice, esa elección es lo que le permite seguir adelante sin la sensación de estar escapando permanentemente de algo.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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