Saltar al contenido
Domingo, 11 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Entre Ríos Informa

Entre Ríos Informa

Portada — Turismo —

Más lejos de Punta Cana: la otra República Dominicana que empieza a seducir al turista argentino

En 2025 llegaron más de 440 mil visitantes de nuestro país al Caribe y la proyección oficial es superar el medio millón este año. Con nueve noches de estadía promedio y la intención firme de regresar, los argentinos ya son el tercer mercado del mundo para ese destino. Playas del Atlántico, pueblos coloniales y una capital que sigue restaurándose abren un mapa alternativo al clásico todo incluido del este.

DG
Darío GodoyAmbiente y río · · 6 min de lectura
Más lejos de Punta Cana: la otra República Dominicana que empieza a seducir al turista argentino

Argentina se consolida como el tercer mercado emisor de turismo hacia República Dominicana, un país que comparte la isla de La Española con Haití y que recibió en 2025 a 440.212 visitantes argentinos, según los datos que expuso David Collado, ministro de Turismo dominicano, durante la última edición de la Feria de Turismo de Buenos Aires, donde esa nación caribeña ofició de invitada principal. La proyección oficial para este año es superar los 500 mil viajeros, una cifra que ubica al país lejos del océano pero en una posición de privilegio dentro del calendario de vacaciones de los argentinos, que según el funcionario eligen quedarse un promedio de nueve noches y, en su enorme mayoría, manifiestan abiertamente su voluntad de regresar. Esa combinación de estadía larga y fidelidad explica por qué la cartera turística dominicana puso el foco en el público local en su paso por la capital argentina, en un momento en que la competencia regional por el turismo emisivo sudamericano es cada vez más feroz y en que la tradición de sol y playa empieza a convivir con un interés creciente por otro tipo de experiencias, desde la historia colonial hasta la gastronomía criolla y los recorridos por plantaciones y fábricas de ron.

¿Hay vida más allá de Punta Cana?

La respuesta oficial y también la que se observa en el creciente menú de operadores locales es que sí, aunque Punta Cana siga siendo el destino ineludible y concentre la mayor cantidad de habitaciones hoteleras del país, además de uno de los aeropuertos con mayor tráfico del Caribe, por el que pasa casi la totalidad del turismo de sol y playa. Por eso la estrategia dominicana apunta a diversificar la oferta y mostrar que el territorio tiene costas, climas y patrimonios distintos al de los grandes resorts del extremo oriental. Puerto Plata, sobre la costa atlántica norte, aparece como la alternativa más cercana al clásico de sol y arena, con playas organizadas, una infraestructura turística consolidada desde hace décadas y un perfil de viaje algo más familiar y de menor escala, donde los paseos por el histórico malecón, los teleféricos que suben hacia la Loma Isabel de Torres y las excursiones a cascadas y plantaciones de cacao completan una experiencia menos masificada y más cercana a la naturaleza de la isla.

En el otro extremo, Juan Dolio, a apenas una hora por carretera desde Santo Domingo sobre el mar Caribe, ofrece aguas calmas, playas de arena oscura y un ritmo aún más relajado, con pequeños hoteles y condominios pensados para estadías largas, ideal para quienes quieren combinar descanso con escapadas cotidianas a la capital, cuyo centro histórico bien vale al menos un par de jornadas completas. La clave de ese circuito es la combinación: playa tranquila al sur, patrimonio colonial declarado por la Unesco en el centro, y naturaleza tropical en el norte, todo en un país del tamaño de la provincia de Buenos Aires y con vuelos directos desde Buenos Aires que no superan las nueve horas.

¿Qué tiene Santo Domingo que no tenga otra capital del Caribe?

El casco viejo de Santo Domingo es uno de los mejor preservados de América y fue declarado Patrimonio Mundial de la Unesco en 1990. En pocas cuadras conviven siglos de historia del continente: la Catedral Primada de América, la más antigua del continente, terminada hacia 1540, y la calle Las Damas, considerada la primera vía pavimentada del Nuevo Mundo, baut así porque por allí paseaban cada tarde las damas de la corte de María de Toledo, esposa del virrey Diego Colón, hijo del almirante. La arteria conduce al Alcázar de Colón, residencia gótico-mudéjar del descendiente de Cristóbal, hoy convertido en museo, y a la Fortaleza Ozama, una mole de piedra del siglo XVI que es la construcción defensiva europea más antigua de América y desde cuyas murallas se ve el río Ozama desembocar en el Caribe. A pocos metros, el Panteón de la Patria guarda los restos de los héroes nacionales dominicanos en un edificio que originalmente fue un templo jesuita levantado en el siglo XVII.

Toda la Zona Colonial está atravesando un proceso de restauración que abarca desde fachadas de iglesias y museos hasta viviendas enteras en barrios tradicionales como San Antón y Santa Bárbara, donde varias edificaciones se encuentran todavía cubiertas por andamiajes a la espera de su reapertura como museos, espacios culturales o alojamientos boutique. Esa transformación permanente del centro histórico es uno de los atractivos para los visitantes que repiten, porque permite redescubrir manzanas que en visitas anteriores permanecían cerradas y que poco a poco se suman al circuito turístico abierto.

¿Qué se come y se toma en el circuito?

La oferta gastronómica funciona como contrapeso de las playas y como excusa cultural. El merengue suena en cada plaza, colmado y bar del país: es ritmo nacional, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, y suele terminar en bailes improvisados entre desconocidos. En la mesa dominan el mofongo, una pasta de plátanos verdes fritos y majados con ajo y chicharrón, y el sancocho, un guiso de siete carnes con yuca y plátano que se sirve los domingos y en las festividades familiares. Existen además recorridos por fábricas de ron, donde se producen las marcas locales, y bares especializados en mamajuana, un trago a base de hierbas, cortezas, miel y ron que se sirve en una botella hecha a partir de un palo hueco y que los dominicanos acostumbran recargar y dejar macerar durante semanas.

Lo que está en juego

Lo que está en juego en esta pulseada por el turismo argentino no es menor: República Dominicana competirá en la región con destinos consolidados como Brasil, Colombia y México, y necesita mostrar que la oferta va mucho más allá del todo incluido de Punta Cana para fidelizar a un viajero que gasta en promedio más noches en territorio dominicano que la media de visitantes internacionales y que regresa con frecuencia. En el otro extremo, las autoridades dominicanas saben que esa diversidad de experiencias -playas, naturaleza, patrimonio colonial, música y gastronomía criolla- es justamente lo que diferencia al país de un Caribe más uniforme, y por eso la apuesta oficial combina vuelos, conectividad y una narrativa que pone a Santo Domingo, Puerto Plata y Juan Dolio a la altura del balneario estrella, en una pulseada donde la diversidad, y no la masificación, parece ser la moneda de cambio más fuerte.

  • Puerto Plata, sobre el Atlántico norte, con playas organizadas, téléphérico a la Loma Isabel de Torres y excursiones a cascadas y plantaciones de cacao.
  • Juan Dolio, en el mar Caribe y a una hora de Santo Domingo, con aguas calmas y un ritmo pensado para estadías largas.
  • Santo Domingo capital y su Zona Colonial, declarada Patrimonio Mundial, con la Catedral Primada, la calle Las Damas, el Alcázar de Colón y la Fortaleza Ozama en pleno proceso de restauración.
  • Merengue, mofongo, sancocho y mamajuana como pilares de una gastronomía que funciona como recorrido cultural autónomo.
DG
Darío GodoyAmbiente y río

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo