Manzana, manteca y media hora: la tarta que se anima a sumar la fruta en la masa
Una preparación simple, con molde redondo y batidora de mano, que lleva la mitad de la manzana procesada y el resto en láminas. Se cocina en 30 minutos y se puede terminar con un glaseado de damasco.

Hay algo reconfortante en abrir el horno y que llegue ese aroma a manteca y manzana dorada. Y si encima la receta no exige más de media hora de cocción, mejor todavía: la tentación de ponerse el delantal crece sola, sobre todo en una tarde fresca en la que el tiempo parece pedir un mate al lado y una porción generosa de tarta recién salida del horno.
La preparación que meocupó estas líneas es de esas que tientan por su sencillez. Apenas un molde redondo de unos 24 centímetros, una batidora de mano y el horno. Nada más. La manzana entra en dos formatos: media fruta se procesa junto con el resto de los ingredientes de la masa, y el resto se corta en láminas para terminar de darle cuerpo y sabor.
Los pasos, uno por uno
- Enmantecar o aceitar el molde y encender el horno para que tome temperatura mientras se arma la mezcla.
- En un bol, juntar leche, azúcar, huevo, harina, levadura y manteca blanda (sin derretir). Sumar media manzana y procesar con la batidora hasta integrar.
- Pelar el resto de las manzanas, cortarlas en láminas finas y agregarlas a la mezcla con una espátula, revolviendo con cuidado.
- Volcar en el molde y llevar al horno a 180 grados durante 30 minutos.
- Si se quiere el glaseado, calentar en una cacerola chica cinco cucharadas de mermelada de damasco con un poco de agua y azúcar, y volcar sobre la tarta apenas sale del horno, bien caliente, para que la absorba.
Una aclaración honesta antes de lanzarse: el material que consulté detalla los ingredientes de la masa —leche, azúcar, huevo, manteca, harina, levadura y manzanas— pero no precisa las cantidades exactas de cada uno. Así que conviene manejarse con las medidas que uno usa habitualmente en una receta de bizcochuelo o tarta rápida y ajustar la cantidad de manzanas a ojo, según el molde y el gusto de cada uno. El glaseado, en cambio, sí lleva una referencia concreta: cinco cucharadas de mermelada de damasco.
Para el momento de servir, me inclino por algo bien clásico: una bocha de crema batida bien fría al costado de la porción tibia. Si la idea es alargar la sobremesa, un café con leche servido en taza grande y un plato playo con la tarta cortada en triángulos generosos. Y si andás por Buenos Aires y querés probar algo similar sin prender el horno, te sugiero pasar por Las Violetas, en la esquina de Rivadavia y Medrano: su repostería tiene una larga historia y suele incluir opciones con manzana que bien valen la sobremesa.
El precio de la entrada, en este caso, no aplica: es una receta para hacer en casa, con lo que ya hay en la heladera. Lo que sí recomiendo es sumar a alguien en la cocina, porque amasar —o más bien mezclar— se disfruta más en compañía. Y después, a compartir la tarta en la mesa, todavía tibia, con el damasco brillando arriba. ¿Te animás a probar esta versión con la fruta dentro de la masa?
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Los lugares bonitos y baratos para pasar el día a menos de 100 kilómetros de Neuquén

Verano en la cordillera: dónde acampar y cuánto sale en la ruta de los Siete Lagos

Semana Santa: Bariloche y San Martín de los Andes, Destinos Favoritos
