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La Sinfónica de Neuquén abre sus puertas con una clase concierto guiada por Nelson Castro

El periodista y director invitado se sube al escenario del Cine Teatro Español para una velada que cruza el Boléro de Ravel, a Rossini y a Gershwin con un recorrido por los instrumentos. Una propuesta para quienes nunca se sentaron en una sala sinfónica y, también, para los que ya van de memoria.

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Esteban ZapataSociedad y vida · 14 DE SEPT DE 2026 · 2 min de lectura

Llego temprano al Cine Teatro Español de Neuquén y todavía está casi vacío. Las butacas de terciopelo rojo esperan la función del viernes 2 de octubre a las 21, pero lo que más me llama la atención es la disposición del escenario: hay atriles agrupados por secciones y, al frente, dos sillas de director. Una es para Andrés Tolcachir, el titular de la Orquesta Sinfónica de Neuquén. La otra, para un invitado al que la mayoría del público conoce por otra cosa: Nelson Castro, el periodista que un día decidió formarse como director de orquesta y que en septiembre de 2025 debutó nada menos que frente a unos setecientos músicos en el Patio Cívico del Monumento a la Bandera de Rosario, donde arrancó con la Marcha de San Lorenzo y se llevó una ovación de pie.

Ahora le toca en Neuquén, y lo que preparan juntos no es un concierto clásico y corriente. Le pusieron Lección de Orquesta, un formato que mezcla música y didáctica: mientras la orquesta toca, Castro va contando qué suena, qué instrumento entra y por qué. La idea, me cuentan en la Fundación BPN —que organiza la velada con apoyo del Gobierno provincial—, es abrirle la puerta a gente que nunca pisó una sala sinfónica y, al mismo tiempo, darle a los habitués un pretexto para volver.

Cuatro obras para un manual de orquesta

El programa funciona como un pequeño mapa del repertorio. Lo abren con la obertura de Guillermo Tell, de Gioachino Rossini, esa pieza que muchos reconocieron alguna vez como cortina de largometrajes del Oeste. Después viene el Boléro de Maurice Ravel, esa repetición obsesiva de un tema que va creciendo y creciendo hasta estallar en un final que a mí, cada vez que lo escucho en vivo, me deja con los pelos de punta. Más tarde suena Finlandia, Op. 26, de Jean Sibelius, un himno nacional finlandés de pura fibra. Y cierran con Un americano en París, de George Gershwin, con esos claxon de taxi y ese walking bass que huelen a Manhattan.

Mientras suena cada obra, Castro irá pasando por las secciones: cuerdas, maderas, bronces, percusión. Cuenta, explica, muestra. Esa es la parte que más me interesa, porque un concierto así, bien llevado, sirve para que alguien que escucha un Boléro por primera vez entienda por qué un flautin piccolo puede erizar la piel o por qué un fagot le pone peso a una frase.

Entradas, horarios y cómo seguirlo desde casa

Antes de irme del teatro me quedo mirando los atriles vacíos y pienso en Castro parado ahí, delante de los músicos neuquinos, con la misma calma con que se sienta frente a un micrófono de radio. Me lo imagino señalando a un violonchelo, explicando cómo suena, y después dejándolo sonar. Si nunca se animó a la música clásica, este formato puede ser el empujón que estaba esperando: una velada para entrar, entender y, sobre todo, quedarse escuchando.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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