La segunda embestida del invierno: cuando la guardia pediátrica se llena y los padres corren contra el reloj
En apenas cinco semanas las atenciones por virus respiratorio en chicos pasaron de 561 a 1.612 por semana. El Virus Sincicial Respiratorio explica el repunte y los bebés menores de un año siguen siendo los más expuestos. Hay una vacuna gratuita para embarazadas que puede cambiar la historia antes del primer suspiro del recién nacido.

Son las siete de la tarde de un jueves frío y la sala de espera de la guardia pediátrica del hospital público ya está desbordada. Veo a Carolina, mamá de Benja, de nueve meses, mecerlo mientras él tose con esa tos corta y repetida que a cualquier padre le acelera el pulso. Llegó a las cuatro de la tarde, dice, y todavía no la llamaron por nombre. Me cuenta que la fiebre no cede, que el pecho del bebé parece un fuelle y que la pediatra de cabecera le dijo por teléfono que no esperara más. La escena se repite en cada silla: abuelos con niños en brazos, mamás que llegan del trabajo todavía con el guardapolvo industrial puesto, padres solos que intentan entretener a criaturas irritables en una sala donde el aire se vuelve pesado. Carolina resume lo que siento a mi alrededor sin necesidad de preguntarle: "uno viene pensando que es un catarro más y termina acá, rogando que le den un turno". A su lado, Benja vuelve a toser.
Lo que vive Carolina no es un caso aislado ni una mala tarde. Es la foto exacta de un fenómeno que los propios registros oficiales vienen midiendo con números que cuesta procesar: entre finales de julio y principios de septiembre, las consultas semanales por enfermedades respiratorias en guardias pediátricas pasaron de 561 a 1.612. Es decir, casi se triplicaron en apenas cinco semanas, con un salto del 187 por ciento. Si se mira el conjunto de las atenciones respiratorias, sumando chicos y grandes, el movimiento es parecido: de 1.620 a 3.339 consultas semanales, también en el mismo período.
Una temporada con dos oleadas y un protagonista que cambió
Los especialistas consultados lo describen como un comportamiento en dos picos, una especie de montaña rusa epidemiológica que este año se está haciendo esperar más de la cuenta. El primer pico había ocurrido mucho antes, en la semana 21 del calendario, hacia fines de mayo, cuando las guardias llegaron a registrar 4.431 consultas totales en una sola semana. En esa primera embestida el protagonismo fue de la influenza, el virus de la gripe clásico. Ahora, en cambio, el que toma la delantera es el Virus Sincicial Respiratorio, conocido por su sigla VSR, que suele ensañarse con los más chicos del hogar.
Para dimensionar de qué se habla cuando se nombra al VSR, alcanza con mirar lo que ocurre en los pasillos de cualquier guardia pediátrica estas semanas. En niños más grandes y en adultos, este virus suele disfrazarse de resfrío común: congestión, tos, algo de fiebre y malestar general, nada que justifique una visita a la urgencia. El problema aparece cuando el invitado es un bebé, sobre todo si tiene menos de un año o si es recién nacido. Entonces la enfermedad puede bajar a los pulmones y transformarse en bronquiolitis, una inflamación de las vías respiratorias más chicas que dificulta la entrada de aire, o derivar en neumonía. Los especialistas remarcan, además, que las infecciones por VSR en la primera infancia se asocian después con mayor probabilidad de episodios repetidos de sibilancias, esa respiración con silbido, y con asma a lo largo de la vida.
Quiénes están en riesgo y por qué
- Bebés menores de un año: es el grupo más vulnerable a desarrollar cuadros graves por VSR.
- Recién nacidos y prematuros: presentan mayor riesgo de complicaciones y de requerir internación.
- Niños con enfermedades cardíacas, pulmonares crónicas o defensas bajas: pueden cursar la infección de forma más severa.
- Embarazadas entre las 32 y las 36 semanas y media de gestación: pueden recibir gratis la vacuna que protege al bebé durante sus primeros seis meses.
Mientras escribo estas líneas pienso otra vez en Carolina, en su Benja, y en las miles de familias que están pasando por lo mismo en algún pueblo o ciudad de la provincia. Para ellas, el dato más importante quizá no sea el porcentaje, sino una herramienta concreta que existe y que muchas veces no llega a los consultorios. El ministerio de Salud provincial viene recordándolo en cada comunicación oficial: las personas gestantes de entre 32 y 36 semanas y media de embarazo pueden vacunarse gratis contra el VSR. La dosis no protege a la madre en forma directa contra la bronquiolitis, sino que le transfiere anticuerpos al bebé a través de la placenta antes del nacimiento. Así, el recién nacido queda cubierto durante los primeros seis meses de vida, que es el tramo donde el riesgo de enfermarse grave es más alto.
El fenómeno, además, no es nuevo ni caprichoso. Los propios registros del año pasado muestran que en 2024 la temporada también tuvo ese comportamiento en dos picos, con un primer momento de mucha circulación de gripe y un segundo momento donde el VSR pasó al frente. Lo que cambia este año es la magnitud del rebrote y el hecho de que haya llegado más tarde, cuando muchos ya guardaron los abrigos pesados y creen que lo peor del invierno quedó atrás. Todavía no, parece decir la realidad, y todavía no, confirman las guardias. Por eso, si en casa hay un bebé chiquito, vale la pena tener presentes tres cosas que repiten los infectólogos: lavarse las manos con frecuencia, evitar el contacto con personas resfriadas y consultar rápido ante los primeros signos de dificultad para respirar, pausas largas al comer o fiebre persistente. Son recomendaciones simples que, en un invierno que ya lleva dos rounds, pueden marcar la diferencia entre pasar la noche en casa o terminar como Carolina, esperando el turno en una guardia que no para.
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