Sábado, 26 de septiembre de 2026
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La memoria como campo de batalla: Graham Yost abre las puertas del Silo y cuenta por qué la tercera temporada se animó a romperlo todo

El showrunner de la distopía de Apple TV+ revela los oficios creativos que hubo detrás del arco de Juliette, la redención de los antagonistas y el espaldarazo de Hugh Howey para tomar distancia de los libros originales.

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Ludmila PintosCultura y carnaval · 3 DE SEPT DE 2026 · 5 min de lectura

Me acuerdo como si fuera ayer de la primera vez que vi la silueta del Silo recortada contra un cielo gris, esa imagen enorme y opresiva que ya se siente como una postal del futuro y, a la vez, como un eco de cualquier pueblo chico donde todos saben todo de todos. Por eso, cuando me senté a leer las declaraciones de Graham Yost, el showrunner de la serie de Apple TV+, entendí que lo que se viene en la tercera temporada no es solo una vuelta de tuerca más: es un viaje al corazón del control, del olvido y de lo que somos capaces de hacer cuando alguien decide borrarnos el mapa de la propia vida. La tercera entrega de Silo puso a la memoria en el centro de la pasarela, y la decisión, según cuenta Yost, no fue un capricho de autor ni un guiño cool: fue un trabajo fino de relojería narrativa que arranca en una de las novelas de Hugh Howey y termina sacudiendo la historia entera de Juliette Nichols, el personaje que Rebecca Ferguson viene sosteniendo con las dos manos desde el primer capítulo.

Daniel, Troy y el arte de reinventar un personaje

Yost lo explica con la simpleza del que sabe que la mejor idea no necesita adornos: el detonante creativo fue un personaje de los libros de Howey, Daniel, que en la ficción despierta de la criosuspensión convencido de llamarse Troy. A partir de ese punto, el equipo se preguntó qué pasaría si la misma lógica se aplicaba a Juliette cuando intentara volver al Silo 18. Y ahí aparece el nudo dramático más potente de la temporada: las autoridades del subsuelo necesitan neutralizarla, pero matarla no es una opción porque es demasiado popular entre los vecinos. ¿Qué hacer entonces? Borrarle la memoria. De esa pregunta, según Yost, nació la columna vertebral de los nuevos capítulos. "El control de la memoria es una parte fundamental de este proyecto", dice el showrunner, y agrega: "Sabemos que en el Silo 18 prácticamente borraron los recuerdos de todos hace 140 años". Esa idea, que parece salida de una clase de historia reciente, es la que los guionistas estiraron hasta convertirla en el gran dilema moral de la temporada.

Un libro sin Juliette, una Juliette sin libro

Acá viene uno de los movimientos más audaces y, a la vez, más riesgosos que encaró el equipo creativo. La temporada 3 cubre el segundo volumen de la trilogía original, justamente el libro en el que Juliette casi no aparece hasta el final. En vez de esperar pacientes a que la historia prevista les devolviera al personaje, los guionistas se sentaron a construirle un recorrido propio, paralelo, hecho a medida para la pantalla. Y como si eso fuera poco, Yost sumó a la partida una pieza nueva: la hermana de Daniel, una aviadora naval que regresa de una misión sin poder recordar nada de lo que vivió. Esa decisión duplica el vértigo y abre una puerta enorme para que la serie explore los pliegues del trauma, del deber y de lo que se pierde cuando se pierde la cabeza.

“Las personas pueden redimirse. Incluso las personas que han hecho cosas malas, en muchos casos, no sabían que eran los malos.”Graham Yost

Bernard, Sims y el fin de los villanos de utilería

Otro de los ejes que Yost defiende con uñas y dientes tiene que ver con los antagonistas. La serie, dice, no se interesa por los villanos de cartón pintado. Bernard y Sims, que aparecían como figuras francamente amenazantes en las primeras temporadas, en realidad actuaban convencidos de que estaban cuidando al silo del peor modo posible. Cuando en la tercera entrega se enteran de que el Silo Uno tiene la llave para destruirlos en cualquier momento, se ven obligados a tomar una decisión enorme: qué hacer con esa verdad, cómo reaccionar, a quién creerle. La frase que Yost eligió como síntesis es de las que quedan rebotando en la cabeza: "Las personas pueden redimirse. Incluso las personas que han hecho cosas malas, en muchos casos, no sabían que eran los malos". Esa mirada, más compasiva que condenatoria, es la que recorre toda la serie como un río subterráneo.

Howey, el fanfic y el permiso para reversionar

Para los lectores más celosos de la letra impresa, todo esto puede sonar a herejía. Yost lo sabe y por eso se ocupa de aclarar que cuenta con el espaldarazo del propio Hugh Howey, el autor de la trilogía. Howey publicó su primera historia en Amazon y se crio en la cultura del fanfic, un mundo donde reinterpretar los materiales de origen es parte del juego y casi una marca de fábrica. "Para él, todo esto consiste en formar parte de una comunidad de personas que trabajan dentro de esta historia", resume Yost, como quien le baja el volumen a los puristas y, de paso, les guiña un ojo.

Mi recomendación, después de leer todo esto

Si todavía no se sentaron a ver la tercera temporada de Silo, mi consejo es que lo hagan esta misma semana, con tiempo y sin el celular al lado. La serie se disfruta mucho más cuando uno se deja llevar por la densidad de sus imágenes, por esos pasillos metálicos que parecen respirar, por las luces bajas que parecen tragarse la esperanza. Y si ya la vieron, les propongo volver a los primeros capítulos con esta nota al lado: se van a sorprender de cuántas pistas sobre la memoria y el control ya estaban sembradas ahí, casi en silencio, esperando a que alguien se animara a desenterrarlas. La verdad es que, mientras leía a Yost, sentí que estaba conversando con un constructor de catedrales que, en lugar de poner vitrales, decidió poner preguntas. Y eso, para mí, vale mucho más que cualquier respuesta.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval

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