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La huerta que se cuela en el jardín: cómo combinar aromáticas, flores y verduras en un mismo cantero

Septiembre abre la puerta a sembrar y, de paso, a repensar el espacio verde: claves para integrar plantas ornamentales y cultivos de temporada sin resignar ni la cosecha ni la vista desde la ventana.

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Esteban ZapataSociedad y vida · 18 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Lo primero que hago cada septiembre, antes de pasar por el vivero, es sentarme frente a la ventana y mirar el jardín con los ojos de quien va a convivir con lo que plante. Esa imagen mental, esa composición que uno quisiera ver desde la mesa del desayuno, es la que ordena todo lo demás: porque en esta época del año no se trata solo de decidir qué se va a sembrar, sino de entender que la huerta puede dejar de ser un rincón apartado del patio y empezar a mezclarse, con naturalidad, con el resto de la vegetación. Esa es, a mi entender, la gran diferencia que propone la primavera: ya no hace falta elegir entre plantas que dan flores y plantas que dan comida, porque se puede pensar un solo espacio que convoque a ambas.

Pensar el espacio antes de elegir la semilla

Antes de comprar el primer plantín de tomate, conviene hacerse una pregunta muy concreta: para qué quiero ese pedazo de tierra. Si la respuesta es solamente producir alimentos, el diseño se simplifica. Pero si la idea es que la huerta forme parte de la vista, entonces hay que empezar a pensar como quien arma un cantero: cuánto crecerá cada especie, qué sector recibe más sol, dónde va a quedar libre un espacio para conectar el resto del jardín. Esa mirada integral es la que evita terminar con un romero enorme tapando una hilera de lechugas o con un cerco de laurel comestible que termina robándole luz a los tomates.

Una estrategia que funciona muy bien es mezclar vegetación que permanece varios años con cultivos que se renuevan estación tras estación. Romero, tomillo, orégano y laurel comestible pueden darle continuidad al conjunto y, de paso, llenar la cocina durante todo el año. Entre las opciones de siembra de septiembre aparecen el tomate, la albahaca, la berenjena, la lechuga y el pepino, que admiten tanto semillas como plantines ya desarrollados. Tener las dos alternativas sobre la mesa permite ir preparando el espacio con paciencia y reemplazar, de a poco, lo que no haya prosperado.

El sol, el agua y la orientación

La ubicación manda, y mucho. Las plantas de huerta necesitan, como mínimo, medio día de exposición solar directa para producir de verdad. En la Argentina, identificar el norte ayuda a reconocer el sector del jardín con mayor asoleamiento, que es donde conviene concentrar los cultivos más exigentes. A la par, conviene tener una canilla o una manguera cerca: durante la primavera y el verano se dispara la evaporación y la transpiración de las plantas, y facilitar el riego no es un detalle menor sino parte central de la planificación, sobre todo cuando uno vuelve del trabajo y tiene que resolver todo a la tardecita.

Con esas dos variables resueltas, recién entonces entran en juego las alturas, las formas y los colores. Un laurel comestible bien podado permite armar un cerco verde y perfumado que oculta, por ejemplo, el tacho de la ropa o un sector de servicios que no queremos a la vista. Sobre un alambrado o una reja, el taco de reina se sostiene con sus zarcillos y suma flores amarillas, anaranjadas o rojizas que alegran el conjunto. La elección final depende de las condiciones de cultivo y del lugar que cada planta va a ocupar cuando crezca, algo que muchas veces se subestima y que termina definiendo si el diseño funciona o se vuelve una maraña.

Frutos protegidos y plantas que conviven

También hay que anticipar qué cultivos van a necesitar protección. Las frutillas, por caso, suelen atraer a los pájaros apenas los frutos toman color, y ahí una red se vuelve imprescindible. Ubicar ese sector un poco más atrás del primer plano permite integrar la cobertura al diseño sin que la red tape la mejor postal del jardín. En el suelo o en macetas, el compost y el humus de lombriz ayudan a mejorar la estructura y aportan nutrientes, algo que en los patios urbanos, donde la tierra viene castigada, marca una diferencia enorme.

Un solo criterio para todo el sector

El punto que a veces se pasa por alto es el mantenimiento, y ahí aparece un cuidado que es mejor tener claro desde el arranque. Como en el espacio van a convivir alimentos con plantas ornamentales, los productos fitosanitarios que se usen en cualquier parte del sector deben estar aprobados para cultivos comestibles, incluso cuando se apliquen sobre las flores o los arbustos que están al lado. Esa única regla, respetada de manera estricta, es la que permite cosechar lechugas y, al mismo tiempo, mirar el jardín por la ventana con la tranquilidad de que nadie está respirando algo que no debería.

Yo suelo cerrar la recorrida mental volviendo a esa ventana del principio, la misma desde donde imaginé todo. Cuando uno imagina primero cómo quiere ver el jardín, y después decide qué sembrar, la huerta deja de ser un apéndice y se vuelve parte del paisaje. En septiembre, con la tierra tibia y los días estirándose, esa combinación entre aromáticas, flores y verduras no solo es posible: es, probablemente, la manera más linda de volver a habitar el patio.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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