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El sueño de comprar alta costura mientras mirás el desfile: Adot presentó en Puerto Madero una colección que salió a la venta esa misma noche

Cincuenta salidas con bordados a mano, gasa de seda y chiffon conformaron "Raíces del corazón", el nuevo trabajo de Laurencio Adot que se vio en la gala benéfica de Fundación Paolini. La particularidad: al bajar de la pasarela, los vestidos ya estaban habilitados para comprar.

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Esteban ZapataSociedad y vida · 3 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Lo confieso de entrada: pocas veces vi algo así. Estaba sentado en uno de los sillones del salón principal del Alvear Icon Hotel, en Puerto Madero, con la vista clavada en la pasarela que habían montado para la ocasión, cuando entendí que lo que tenía enfrente no era un desfile más de los que se cuentan por decenas en cada temporada. Laurencio Adot, uno de los nombres propios de la alta costura argentina, estaba por presentar "Raíces del corazón", su colección primavera-verano 2026/27, y lo hacía dentro de un marco muy particular: la Gala Anual Benéfica de Fundación Paolini, que cumplió siete años de tarea solidaria y que tuvo al propio Adot y a Thiago Pinheiro como Embajadores de la noche. La causa le daba al encuentro una gravedad adicional, como si la moda, por una vez, se pusiera al servicio de algo que la excedía.

Antes de contarles los detalles del desfile, me parece justo arrancar por las personas que lo hicieron posible. Fundación Paolini es una de esas instituciones que trabaja en silencio, sin estridencias, y que cada año reúne a figuras del mundo del espectáculo, la moda y la cultura para sostener sus programas. Que Adot haya elegido ese escenario para mostrar su nueva colección dice mucho de su manera de entender la ropa: no como un objeto para encerrar en una vitrina, sino como una pieza viva que circula, se usa y, en este caso, también se compra.

Cincuenta salidas que avanzan del naranja al dorado

La propuesta incluyó cincuenta salidas que fueron apareciendo de manera progresiva, tanto en color como en intensidad. Los primeros vestidos asomaron en tonos vibrantes, como el naranja y el turquesa, que le dieron a la pasarela una energía casi eléctrica. A medida que el desfile avanzó, la paleta fue girando hacia los plateados y los dorados, en una transición que se sintió pensada al milímetro. El cierre estuvo especialmente cargado de trabajo artesanal: bordados y aplicaciones realizados a mano en cada pieza, algunos con una delicadeza que pedía silencio en la sala para poder apreciar bien el detalle.

  • Los vestidos largos fueron el núcleo absoluto de la colección, con siluetas estilizadas y faldas rectas.
  • Los escotes variaron a lo largo de la pasarela: strapless, asimétricos y halter convivieron sin pelearse.
  • Las telas protagonistas fueron gasa de seda, chiffon, seda natural y shantung, elegidas por su movimiento y liviandad.
  • Toda la colección fue producida en Argentina, de punta a punta.

Lo que más me llamó la atención, y se lo consulté a varias invitadas después, fue el dato comercial: al terminar el desfile, las prendas quedaron habilitadas para la venta. No fue un evento cerrado, de esos donde uno aplaude, se saca fotos y se retira a casa con la sensación de haber visto algo lindo pero lejano. Fue una presentación con posibilidad de compra inmediata, lo que acerca el universo de la alta costura a un público que muchas veces siente que ese mundo no le pertenece. Varias de esas ventas, me confiaron desde la organización, se concretaron esa misma noche, antes incluso de que se apagaran las luces del salón.

En la pasarela desfilaron nombres conocidos y otros que recién se asoman. Allegra Cubero abrió la presentación, en lo que fue su debut formal en una pasarela, y lo hizo con una frescura que se notó en cada paso. Barbie Simons tuvo una participación sostenida a lo largo de la noche, mientras que Elina Costantini tuvo a su cargo el cierre, una salida final que estuvo pensada como homenaje a Arlete Pinheiro de Azevedo, hermana de Thiago Pinheiro, fallecida recientemente. Ese último momento le puso al desfile un tono emotivo que trascendió la moda y dejó a varios invitados con un nudo en la garganta.

"Raíces del corazón" retoma los códigos clásicos de la alta costura, esos que a veces uno da por sentados y que sin embargo son los que sostienen el oficio: el trabajo manual, los materiales nobles, las siluetas trabajadas con paciencia. Pero los articula con una lógica contemporánea, casi terrenal: una colección de autor disponible para adquirir, producida localmente y presentada en un evento con fin solidario. La fórmula no es nueva, pero tampoco es frecuente, y cuando se da como se dio esta noche, vale la pena contarla.

Me fui del Alvear Icon con la imagen de Allegra Cubero dando su primer paso en la pasarela y con la de Elina Costantini cerrando la noche en homenaje a una mujer ausente. Entre una y otra, cincuenta vestidos que ya no estaban en la pasarela sino camino a un perchario, comprados por alguien que los vio desfilar y decidió llevárselos puestos. La moda, cuando se cruza con la solidaridad y con la posibilidad concreta de acceder a una prenda de autor, deja de ser un espectáculo para volver a ser, en el mejor sentido de la palabra, una experiencia compartida.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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