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La estampida de los centros de datos pone en jaque a la red eléctrica de Estados Unidos y nadie sabe cómo frenarla

La inteligencia artificial pasó de promesa tecnológica a amenaza concreta para la infraestructura energética estadounidense: ya consume el 4,4% de la electricidad del país, podría trepar al 12% en apenas tres años y choca con redes saturadas, comunidades que se plantan y proyectos por 156.000 millones de dólares frenados en lo que va de 2025.

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Darío GodoyAmbiente y río · 27 DE AGO DE 2026 · 3 min de lectura
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El río de energía que demandan los centros de datos en Estados Unidos empezó a desbordar la capacidad de un sistema eléctrico que fue pensado para otra época y para otro tipo de crecimiento, y lo hace con una velocidad que ni las operadoras ni los reguladores parecen en condiciones de acompañar, en una pulseada donde la inteligencia artificial funciona como motor pero también como cuello de botella. La altura del conflicto queda clara cuando se miran los números en conjunto: del 4,4% del consumo eléctrico nacional que estas instalaciones absorbieron en 2023, según el Lawrence Berkeley National Laboratory, se pasa a una proyección que para 2028 ubica la demanda entre el 6,7% y el 12% de toda la electricidad del país, un salto que ningún sector había experimentado en tan poco tiempo dentro del sistema energético estadounidense.

En términos concretos, los centros de datos consumieron alrededor de 176 teravatios hora en 2023, cuando cinco años antes apenas rondaban el 1,9% del total, y las estimaciones oficiales ubican la franja 2028 entre 325 y 580 teravatios hora, una incertidumbre que ya de por sí revela la falta de certezas con la que se maneja la transición energética en la era de la inteligencia artificial. La presión se explica, en buena parte, por el desfasaje entre dos velocidades: la de la inversión tecnológica, que construye una sala de servidores en meses, y la de la infraestructura eléctrica, que necesita años para levantar una línea de transmisión, una subestación o una central generadora, una asimetría que se convirtió en el límite real al ritmo de expansión de la propia industria.

¿Quiénes están detrás del boom que tensa la red?

El negocio que sostiene esa carrera tiene cifras que marean: NVIDIA cerró su segundo trimestre fiscal de 2027 con 96.221 millones de dólares en ingresos, un 106% más interanual, y su división de centros de datos aportó 89.000 millones, casi el 93% del total, con un crecimiento del 117% respecto del año anterior, en una señal de que la capacidad de cómputo dejó de ser un insumo para convertirse en un producto financiero en sí mismo, como reconoció el fundador y CEO de la compañía, Jensen Huang, durante la presentación de resultados.

¿Qué papel juegan las comunidades en la pulseada?

A la saturación de las redes se le suma una resistencia social que ya tiene peso propio, porque durante 2025 al menos 48 proyectos por unos 156.000 millones de dólares fueron bloqueados o demorados por oposición local, lo que muestra que el conflicto ya no se libra solo en despachos técnicos sino también en audiencias públicas, en concejos deliberantes y en calles de pueblos que no están dispuestos a recibir una megaobra sin discutirla.

  • Demanda en alza: el consumo eléctrico de los centros de datos pasó del 1,9% en 2018 al 4,4% en 2023 y podría ubicarse entre el 6,7% y el 12% en 2028.
  • Cifras oficiales: 176 teravatios hora consumidos en 2023, con proyecciones de 325 a 580 teravatios hora para 2028.
  • Asimetría de tiempos: una sala de servidores se levanta en meses; una línea de transmisión, una subestación o una central demandan años.
  • Negocio detrás del crecimiento: NVIDIA reportó 96.221 millones de dólares en ingresos en el segundo trimestre fiscal de 2027, con su división de centros de datos en 89.000 millones y un crecimiento interanual del 117%.
  • Resistencia social: 48 proyectos por 156.000 millones de dólares fueron bloqueados o demorados por oposición local solo en 2025.

Lo que está en juego en esta discusión no es menor ni se reduce a un problema técnico de cables y transformadores, porque atraviesa de lleno la pregunta sobre quién paga el costo de la transición hacia la inteligencia artificial, si las comunidades que conviven con estas instalaciones, los usuarios que ya sienten el impacto en sus tarifas o las propias empresas que descubren que su principal obstáculo ya no es el capital ni el software sino la disponibilidad concreta de megawatts para enchufar sus servidores en un sistema que, por ahora, corre más lento de lo que el negocio exige.

DG
Darío GodoyAmbiente y río

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