"Gracias, equipo": cuando un retiro corporativo se transforma en ring de boxeo laboral
La nueva comedia española de Netflix, dirigida por Diego Núñez Irigoyen y con Alexandra Jiménez como protagonista, indaga con humor sobre la fragilidad del compañerismo cuando aparecen los despidos.

Me acuerdo de la primera vez que escuché la palabra "team building" en una oficina de Buenos Aires. Era un viernes a las cuatro de la tarde, el calor aplastaba los escritorios, y una consultora de recursos humanos con carpeta celeste nos pedía que nos subiéramos a una soga y nos subiéramos unos a otros como si fuera un circo. Aquello terminó con dos compañeros con contractura cervical y un presupuesto de pizza que nadie quiso pagar. Cada vez que me acuerdo, pienso que el universo corporativo tiene una capacidad infinita para disfrazar de recreación algo que, en el fondo, es una pulseada por la supervivencia. Eso mismo, con algo más de producción y bastante menos improvisación, es lo que cuenta la película "Gracias, equipo", que llega este viernes al catálogo de Netflix.
La historia arranca como una comedia de situación bien clásica: un grupo de empleados de una empresa española es convocado a un retiro en la montaña. La promesa oficial es fortalecer la cohesión del equipo, conocerse mejor y volver a la rutina con el ánimo renovado. La promesa real, que el espectador descubre antes que los propios protagonistas, es que la gerencia está puliendo los detalles de un plan de despidos masivos que se va a anunciar en cuestión de días. A partir de ahí, la convivencia idílica del fin de semana se empieza a resquebrajar y las alianzas de pasillo se reconfiguran a la velocidad de un mensaje de WhatsApp corporativo.
Un guion con oficio y un elenco que sostiene el tono
El libreto lleva la firma de Cristóbal Garrido y Adolfo Valor, dos guionistas con recorrido en la televisión española, conocidos sobre todo por su trabajo en series como "Fariña". Acá se corrieron del registro del drama y apostaron por una comedia con estructura clásica: presentación, escalada, clímax y resolución. No hay aquí una sátira afilada al estilo de "El método" ni un retrato descarnado del mundo corporativo como el que proponía "El despido". La intención del film es entretener, y en esa meta cumple con bastante solidez. La galería de personajes funciona como una pequeña enciclopedia de arquetipos laborales: está la que lleva quince años en la empresa y cree que eso le asegura la permanencia, el trepa que se pasa el retiro grabando videos para LinkedIn, el líder informal del grupo que se adjudica el rol de mediador sin que nadie se lo haya pedido, y la jefa intermedia que sospecha algo y no sabe si callar o alertar.
En el centro del relato aparece el personaje de Jiménez, una mujer que administra al grupo con una mezcla de profesionalismo y desgaste. La actriz catalana Alexandra Jiménez, a quien el público argentino puede ubicar por sus papeles en films como "Toni Erdmann" o "La llamada", maneja con naturalidad el difícil equilibrio entre la comedia de enredos y el registro dramático. Su personaje es el que más crece a lo largo del metraje, y esa evolución es uno de los puntos más logrados de la película.
El director Diego Núñez Irigoyen, que había codirigido la primera temporada de la serie argentina "División Palermo", repite en cierto modo la operación: un equipo de personajes con personalidades fuertes encerrados en un espacio reducido, donde la convivencia termina poniendo a prueba cualquier discurso institucional. El manejo del conjunto es prolijo, no abusa de los planos generales para disfrazar improvisación y deja respirar los tiempos de la comedia sin que se sienta estirada.
- La premisa: un retiro empresarial donde el compañerismo se rompe al circular la noticia de despidos.
- El elenco: Alexandra Jiménez lidera un reparto coral que encarna arquetipos reconocibles de cualquier oficina.
- El tono: comedia liviana con estructura sólida, pensada para pasar un buen rato y dejar pensando un rato después.
- La lectura posible: sin proponerse un manifiesto sobre la toxicidad laboral, la película deja una mirada crítica moderada sobre cómo reacciona la gente cuando siente amenazada su estabilidad.
Una recomendación con un pie en la oficina
¿Termina la película de manera sorpresiva? No, y a esta altura ya es casi un alivio que alguien lo admita. El desenlace es bastante previsible, pero el recorrido hasta llegar ahí es lo suficientemente ameno como para que uno no le pase factura al guion. Hay un par de escenas donde el slapstick está bien dosificado y un monólogo final que, sin ser memorable, cierra el tono general con dignidad.
"Gracias, equipo" no es la película que va a cambiar la conversación sobre el mundo del trabajo. Tampoco es la que va a ganar premios en San Sebastián. Pero es una comedia cumplidora, con personajes a los que uno termina queriendo aunque sea un poco, y con una Alexandra Jiménez que sigue demostrando por qué es de las actrices más sólidas del género en el habla hispana. Si trabajaste alguna vez en relación de dependencia, te vas a reconocer en más de una situación: en esa reunión donde todos sonrien mientras se reparten las últimas migajas del presupuesto, en ese compañero que se hace el loco cuando hay que tomar una decisión difícil, en esa frase hecha tipo "somos un equipo" que repetimos como un mantra hasta que un ERE de por medio la borra de la pizarra.
Mi recomendación, entonces, es simple: prepará un café con leche bien fuerte, sentate en el sillón de la pieza y dejá que la película cumpla su palabra. No te va a volar la cabeza, pero te va a arrancar un par de sonrisas cómplices y, con un poco de suerte, te va a hacer mirar de reojo a tu propio grupo de WhatsApp laboral. Y ojo: a veces alcanza con eso para que una comedia de viernes valga la pena.
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