Santiago Segura se plantó con la edición física de Torrente y el público ya toma nota
El director español confirmó en redes que la quinta entrega de su saga más emblemática verá la luz en DVD, Blu-ray o UHD, aunque la espera podría alargarse si prospera el ambicioso plan de restaurar toda la serie en 4K.

Me imagino la escena con la nitidez de un lunes a la noche: un fan cualquiera abre la cuenta de Santiago Segura, escribe su pregunta con la dosis justa de resignación —algo así como "¿algún día veremos Torrente presidente en formato físico o ya nos olvidamos?"— y se queda esperando, como tantas veces pasa, que el silencio sea la respuesta. Pero no. El director madrileño salió a la cancha con una de esas frases que ya forman parte de su propia marca registrada: "Aunque sea lo último que haga". Y esa manera de plantarse, de prometer algo con el pecho inflado y al mismo tiempo con una sonrisa cómplice, es exactamente la que uno espera de quien lleva más de dos décadas dándole vida al personaje más pintoresco —y más querido— del cine español de los últimos tiempos.
Una saga con historia propia
Porque a Torrente, el ex policía ultrasuperficial que destila mala leche y bazofia moral pero al que uno termina abrazando como si fuera un tío insoportable de navidad, lo conozco desde 1998, cuando Segura lo sacó de un cortometraje y lo plantó en la pantalla grande con una desfachatez que parecía insostenible. Lo sostuvo contra viento y marea durante cinco entregas, soportó el escarnio de la crítica más encumbrada, construyó un imperio de humor costumbrista en torno a esa España de bar, botellón y trincheras ideológicas, y ahora, cuando la quinta entrega parecía destinada a quedar flotando en el catálogo digital de Netflix, el propio padre de la criatura sale a decir presente. Y lo dice como lo dice todo: con un compromiso a la española, a pecho descubierto, casi como si fuera una promesa de camaradería más que un anuncio de mercado.
“Aunque sea lo último que haga.”Santiago Segura, en respuesta a un fan en redes sociales
La confirmación no es un detalle menor. La película había tenido un recorrido comercial razonablemente exitoso: arrancó en cines, pasó después por Netflix, donde también hizo ruido, y sin embargo un sector del público —el de los coleccionistas, el de los que todavía tienen un reproductor de Blu-ray conectado al televisor y desempolvan ediciones especiales con la devoción de un bibliófilo— venía reclamando el disco con insistencia. Y la pregunta que sobrevuela la conversación es casi inevitable: ¿por qué tanta demora si los anteriores filmes de Torrente sí tuvieron su edición en DVD y hasta en Blu-ray?
El propio Segura había dado pistas en declaraciones anteriores sobre el verdadero motivo de la tardanza, y la explicación tiene más miga de la que parece. Al director le gustaría lanzar un pack integral de toda la saga restaurada en 4K, un proyecto que, según sus propias palabras, choca con un obstáculo conocido por cualquiera que haya tenido que ver con archivo fílmico: "la restauración es una pasta y los materiales son difíciles de encontrar". Y acá me permito una reflexión en primera persona, porque creo que vale la pena: restaurar cine de los noventa y los dos mil, rodado en formatos que hoy son reliquias, implica rastrear negativos, cintas y masters desperdigados por laboratorios que a veces ya no existen, y pagarle a equipos técnicos especializados que cobran como lo que son, escasos. Es una operación costosa y, sobre todo, una operación romántica: alguien decidió que esas cinco películas merecían volver a existir en la mejor calidad posible antes que aceitar el negocio de lanzar un disco tras otro.
El fantasma de Netflix y un paquete con demasiadas condimentos
Y hay un dato de contexto que no es menor y que ayuda a entender por qué estos dos filmes en particular, Torrente presidente y Padre no hay más que uno 5: Nido repleto, comparten el mismo limbo. En ambos casos Netflix figura como productora asociada, y la plataforma de streaming tiene, desde hace años, una política conocida por todos los que seguimos de cerca la industria: no le gusta el formato físico. Lo entiende como un competidor de su modelo de negocio, y por eso sistemáticamente traba o directamente impide que los títulos que produce o co-produce lleguen a las góndolas. Es una postura que, como espectador, me genera una discusión interna: entiendo el negocio, pero también me cuesta hacerme el sordo cuando un filme quiere existir en más de un soporte y una de las partes se lo impide. Lo más vivo que me pasa, en definitiva, es esa tensión entre la lógica de las plataformas y el derecho del público a elegir cómo quiere ver una película, en qué momento, y en qué formato archivarla.
Mientras tanto, los coleccionistas que quieran tener en la biblioteca las cuatro ediciones anteriores de Torrente no tienen más remedio que recurrir al mercado de segunda mano, donde las copias se cotizan a precio de reliquia. Esas cajas con el ex policía hecho un lío, con sus muecas legendarias y sus frases que ya son parte del habla coloquial de varias generaciones de españoles, sobreviven en tiendas de usados y plataformas de venta entre particulares. Verlas ahí, pidiendo dueño, tiene algo de melancólico, como encontrar en una feria de pueblo un disco que uno creía perdido. Pero también tiene algo de esperanzador: significa que alguien las cuidó, que alguien las atesoró, y que en algún rincón del país siguen funcionando, siguen siendo objeto de culto.
Y acá va mi cierre, la recomendación de siempre, la que les debo como lectora y como fanática: si todavía no tienen las ediciones anteriores de Torrente y les interesa el personaje, dense una vuelta por el mercado de usados ahora, antes de que los precios se sigan disparando, y aprovechen para empaparse del humor ácido y el costumbrismo desquiciado de una saga que, guste o no, es una de las piezas más autorales del cine popular español de las últimas décadas. Si, en cambio, prefieren esperar el pack 4K que promete Segura, armense de paciencia y tengan por seguro que, según las palabras del propio director, va a salir. Aunque sea lo último que haga. Y eso, en la voz de Santiago Segura, suena casi a declaración de principios.
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