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El puré de calabaza que mi abuela habría aprobado: suave, con puerro y listo en media hora

Una preparación simple, con cebolla, puerro y un toque de manteca, que se sirve como entrada o se lleva en un tupper al trabajo. Te cuento cómo lo hago en casa y las variantes que probé.

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Micaela AlmadaTurismo y termas · 28 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Les cuento la verdad: llegué a este puré de calabaza después de varias pruebas fallidas, esas en las que la calabaza queda acartonada o, peor todavía, con gusto a poco. Hasta que di con la fórmula que ahora repito cada semana, sobre todo cuando arranca el frío y el cuerpo pide algo calentito. La clave está en una base de cebolla y puerro bien rehogada —sin que tome color, eh, sin que se queme— y en una cocción tapada que deja la pulpa tierna como para deshacerla con una cuchara.

Los ingredientes que siempre tengo a mano

  • Pulpa de calabaza cortada en cubos
  • Cebolla y puerro en juliana
  • Manteca y un chorrito de aceite suave
  • Sal, pimienta y, si me acuerdo, cebollín fresco para terminar
  • Agua o caldo de verduras, apenas lo justo para cubrir

El primer paso es bien sencillo pero lleva su tiempo: cortar la cebolla y el puerro en juliana fina y rehogarlos a fuego suave con la manteca y el aceite durante 20 minutos. Acá viene el secreto que aprendí a fuerza derones: la llama tiene que estar baja, paciente, y hay que revolver de vez en cuando para que no se doren. Si se queman, amarga todo el puré y no hay vuelta atrás. Cuando la cebolla queda transparente y el puerro se ablandó, recién ahí sumo los cubos de calabaza y los revuelvo tres minutos más, lo justo para que se impregnen de la grasa.

Después llega el momento de la verdad: cubrir con agua o caldo de verduras —yo uso caldo casero cuando tengo, pero con agua sale igual de rico— y tapar la olla. Dejo que se cocine entre 20 y 25 minutos sin destaparla, y el punto de la calabaza me dice cuándo está lista: tiene que estar tan tierna que se deshaga sola al pincharla con un tenedor. El paso final es pasar todo por la batidora de mano o, si quiero una textura más rústica, por el pasapurés de la vieja. Sal, pimienta, un toque de cebollín picado por encima y listo.

Cómo lo sirvo y las variantes que probé

Este puré me resuelve la cena de cualquier día lunes: lo pongo como entrada y después sigo con un pescado a la plancha o al horno, que le va de maravillas. Pero también es mi compañía de oficina: lo guardo en un recipiente de vidrio con tapa y al mediodía me lo caliento en el microondas sin dramas. Las variantes que probé y quedaron aprobadas: sumar una papa para que quede más espeso, o directamente usar calabaza asada del día anterior —ese dulzor cambia todo, se los juro—. Y la base de cebolla y puerro sirve también para purés de zanahoria, de puerro solo o de zucchini, así que una vez que le agarrás la mano no parás más.

Si buscan un sitio concreto para sumarle a la receta, les recomiendo pasar por la verdulería del barrio y pedir la calabaza que esté más pesada —eso significa que tiene más pulpa y menos agua—. El precio de la entrada a este plato es el que ustedes quieran ponerle: un puré casero no cuesta más que unos pocos pesos por porción y rinde para toda la familia. Ahora me despido invitándolos a probar esta preparación en casa y a contarme después con qué verdura se animan a la próxima versión —yo ya estoy pensando en una con batata y un toquecito de nuez moscada, pero eso será otro capítulo.

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Micaela AlmadaTurismo y termas

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