Dos pueblos fantasma de Burgos se convierten en el corazón roto de 'La bola negra'
Calvo y Ambrossi eligieron Castil de Carrias y Loranquillo para rodar las escenas de la Guerra Civil: aldeas donde el tiempo se detuvo en 1994 y que hoy sobreviven entre botellas olvidadas, hierros oxidados y una iglesia con la herida a la vista.

Cuando el autobús del equipo de producción cruzó la última curva antes de Castil de Carrias y divisé entre la niebla del amanecer las primeras paredes sin techo, sentí algo que cualquier decorado de estudio me hubiera negado: la verdad cruda de un pueblo que la historia se llevó puesto y nunca volvió a acomodar. Esa mañana de finales de agosto entendí por qué Javier Calvo y Javier Ambrossi habían viajado hasta esa esquina olvidada de la provincia de Burgos para rodar las secuencias más delicadas de 'La bola negra', la película que vienen cocinando desde hace meses y que tiene a la Guerra Civil como uno de sus ejes narrativos.
Porque hay ruinas que se fabrican con yeso y pintura, y hay ruinas que te miran desde hace treinta años con los ojos húmedos de quienes alguna vez vivieron ahí. Castil de Carrias pertenece al segundo tipo, y eso fue exactamente lo que la responsable de localizaciones, Clara Salvador, salió a buscar cuando recorrió palmo a palmo la comarca para encontrar el escenario ideal.
Un pueblo que murió con su último vecino
La historia de Castil de Carrias es la radiografía perfecta del fenómeno que los sociólogos llaman la España vaciada. Documentado desde por lo menos el siglo XII, llegó a tener más de 240 habitantes a mediados del siglo XIX, cuando la vida rural todavía sostenía a casi todos los pueblos de la meseta. Pero el siglo XX le fue soltando la mano: en 1950 quedaban 178 vecinos, en 1970 apenas 59, y en 1994 murió Florentino González Sáez, considerado el último habitante. Desde entonces, el pueblo respira solo, con su vieja escuela, una taberna donde todavía se ven botellas alineadas en los estantes, utensilios domésticos dispersos por lo que alguna vez fueron cocinas, vehículos que el óxido se fue comiendo y la iglesia de Santa María mostrando las marcas del expolio y el abandono.
A pocos kilómetros, Loranquillo completa el cuadro: otro núcleo despoblado que fue absorbido por el municipio de Belorado durante los años setenta y que vio partir a sus últimos moradores en la década de 1990. Juntos, Castil de Carrias y Loranquillo, sumados a Quintanilla, forman parte de una ruta de senderismo de 22 kilómetros que, durante las jornadas de rodaje del 25 de agosto de 2025 en adelante, permaneció cerrada al público para que el equipo pudiera moverse con libertad por esas calles sin tiempo.
Por qué los directores eligieron lo que estaba roto de verdad
- Buscaban edificios parcialmente derruidos para recrear la Guerra Civil sin tener que construir decorados desde cero ni destruirlos al finalizar el rodaje.
- Necesitaban esa pátina que solo otorgan las décadas: muros descascarados, maderas vencidas, papeles viejos que el viento sigue moviendo.
- Querían objetos cotidianos abandonados en su lugar: botellas, herramientas, muebles que nadie recogió, porque esa es justamente la imagen de una vida interrumpida de golpe.
- Encontraron en esas ruinas una atmósfera que ningún decorado de estudio podría reproducir, según declararon ellos mismos.
Los directores confesaron que lo que les interesaba no era solamente la postal de las piedras rotas, sino algo más sutil y más doloroso: la sensación de que alguien se fue a hacer un mandado y nunca volvió, dejando la mesa puesta, la ropa tendida, la ventana abierta. Esa vida suspendida es la que da sentido a 'La bola negra', una película que, según adelantaron, gira en torno de la memoria, la violencia y todo aquello que el tiempo se encarga de borrar si nadie lo remedia.
Mi lectura, a pecho descubierto
A mí, que vengo del carnaval y de la fiesta, me cuesta horrores escribir sobre pueblos que murieron en silencio. Sin embargo, cuando uno camina por Castil de Carrias y escucha nada más que el viento entre las tejas caídas, entiende por qué Calvo y Ambrossi se empeñaron en rodar ahí. Hay un pacto de verdad entre la película y el lugar que solo se firma cuando los dos están dispuestos a mostrar lo que duele. Y acá, tanto el pueblo como la película, parecen haber firmado de muy buena gana.
Si pasan por la provincia de Burgos y les sobran un par de horas, anímense a caminar la ruta de los tres pueblos: van a entender mejor que con cualquier libro por qué el cine español contemporáneo necesita volver a mirar esos rincones que el progreso se dejó en el camino. Y cuando vean 'La bola negra' en la pantalla, recuerden que cada pared rota que aparece ahí estuvo treinta años esperando, paciente, a que alguien la encendiera con una cámara.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

Netflix revela una emocionante primera imagen y la mejor noticia sobre la temporada 2 del live-action de 'One Piece'

Las historias detrás de una tragedia ambiental llevadas a la pantalla

