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Dos escapadas a menos de 100 kilómetros de Buenos Aires para meterse de lleno en el mundo del vino

Sobre la Ruta 9 y en Los Cardales, Finca Gamboa y Estancia Vigil proponen recorridos por la bodega, almuerzos entre vides y paseos por entornos naturales que conectan la provincia de Buenos Aires con la cultura vitivinícola.

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Darío GodoyAmbiente y río · 27 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

A la altura del kilómetro 65 de la Panamericana, en un tramo de la Ruta 9 que muchos argentinos cruzan a diario sin detenerse, se levanta Finca Gamboa, una bodega que invita a hacer una pausa y a recorrer, paso a paso, el camino que recorre una uva desde la vid hasta la copa. Fundada por Eduardo Tuite, la finca trabaja con uvas cultivadas en el propio establecimiento y también con uvas de otras procedencias, y abrió sus puertas con una idea concreta: que el público pueda conocer de cerca cómo se elabora el vino sin necesidad de viajar hasta Mendoza.

La propuesta combina la visita a la bodega con una experiencia gastronómica en Casa Gamboa, el restaurante del lugar, donde se sirve el Menú Terruño, una secuencia de platos maridados con vinos de la casa. Para quienes prefieran una jornada al aire libre, la finca ofrece caminatas entre las vides, picnics, degustaciones y visitas guiadas. El recorrido puede incluir también la cava subterránea, una glorieta rodeada de plantaciones y un salón dedicado al vino de 350 metros cuadrados. La bodega funciona con un sistema de elaboración por gravedad y tiene capacidad para almacenar más de 25.000 litros, un dato que da cuenta de la escala del proyecto.

¿Qué se puede hacer además de tomar vino?

  • Recorrer la bodega y conocer las etapas de elaboración, desde la recepción de la uva hasta el fraccionamiento.
  • Almorzar en Casa Gamboa con el Menú Terruño, que marida cada plato con un vino distinto de la finca.
  • Caminar entre las vides y participar de picnics al aire libre en un terreno con desniveles.
  • Visitar la cava subterránea, la glorieta y el salón del vino de 350 metros cuadrados.
  • Tomar cursos de viticultura y sumarse a experiencias de temporada como la vendimia y la recolección nocturna de uvas.

El paisaje que rodea a Finca Gamboa es parte sustancial de la experiencia. Las plantaciones se ubican en un terreno con ondulaciones, muy cerca de la Reserva Natural Otamendi y del Parque Nacional Ciervo de los Pantanos, dos áreas protegidas que suman al recorrido una cuota de biodiversidad pocas veces asociada al mundo del vino. Álamos, lagunas y vegetación nativa completan un entorno en el que la producción convive con la conservación, algo que el propio Tuite suele destacar como uno de los rasgos diferenciales del proyecto frente a la lógica extractiva que, en muchas zonas del país, se impone sobre los territorios rurales.

¿Y la otra opción, cómo se diferencia?

A pocos kilómetros, en Los Cardales, funciona Estancia Vigil, un complejo de gastronomía y enoturismo que el enólogo Alejandro Vigil trajo desde Chachingo, Mendoza, hasta la provincia de Buenos Aires. El predio recupera la estética de las antiguas construcciones de piedra levantadas por los inmigrantes europeos en la zona, con senderos, canales de agua, álamos y viñedos jóvenes que arman un paisaje pensado para combinar mesa y recorrido.

Lo que está en juego en ambas propuestas es algo que va más allá de una salida de fin de semana: se trata de saber si la provincia de Buenos Aires puede sostener una oferta vitivinícola seria, con identidad propia, frente a la hegemonía que Mendoza y otras provincias del oeste mantienen desde hace décadas. Por ahora, Finca Gamboa y Estancia Vigil ya mostraron que, a la sombra de la Panamericana y entre álamos y lagunas, también se puede hablar de terroir, de barrica y de copa.

DG
Darío GodoyAmbiente y río

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