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Miércoles, 7 de octubre de 2026
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Digger llega al mundo con Tom Cruise en la piel de un magnate que intenta apagar el fuego que él mismo encendió

La nueva película de Alejandro González Iñárritu mezcla comedia negra, desastre ambiental y un protagonista acostumbrado a salvar al mundo, esta vez con corbata de petrolero y una imagen pública que cuidar. Recaudó unos 20 millones de dólares en su primer fin de semana y ya se proyecta en IMAX.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval · · 4 min de lectura
Digger llega al mundo con Tom Cruise en la piel de un magnate que intenta apagar el fuego que él mismo encendió

Me imagino la sala en penumbras, con ese zumbido previo de los parlantes que ya prometen algo grande, y en la pantalla a Tom Cruise convertido en Digger Rockwell, un magnate petrolero con gesto de CEO y traje a medida, parado frente a un mapa donde una mole de hielo se desprende de Groenlandia y se viene encima del norte de Europa como una amenaza con fecha de vencimiento. Esa imagen, mitad sátira empresarial y mitadthriller ecológico, abre la nueva apuesta de Alejandro González Iñárritu, un director que ya nos tiene acostumbrados a meter la cámara donde más duele, pero que acá se permite, por primera vez en mucho tiempo, reírse en voz alta de lo que cuenta.

Digger Rockwell es, según la sinopsis oficial, el hombre más poderoso del mundo, y su particularidad es que el desastre que tiene que desactivar es, en buena medida, consecuencia de sus propias operaciones. A esa urgencia planetaria se le suma una preocupación bien terrenal: cuidar su imagen. Esa doble vía, la del magnate que quiere redimirse y la del CEO que no quiere perder contratos, es la que le da combustible a una comedia negra que cruza la explotación de recursos naturales, la ambición empresaria y la responsabilidad de quienes toman decisiones que afectan a millones.

Un elenco a la altura del disparate

Cruise no está solo en esta cruzada, y la verdad es que el reparto se luce. Riz Ahmed se pone en la piel del doctor Nirav Ganesh, un especialista en seguridad ambiental que funciona como la conciencia científica del relato, mientras que John Goodman encarna al presidente de los Estados Unidos, Compton, en uno de esos papeles de autoridad desbordada que el actor de Missouri sabe hacer como pocos. Completan la troupe Sandra Hüller, Michael Stuhlbarg y Jesse Plemons, todos ellos convertidos en piezas clave de un mecanismo narrativo que prefiere el absurdo y la situación exagerada antes que el sermón ecologista fácil.

Lo que más me llamó la atención, mientras imaginaba la película, es ver a Cruise trabajar sobre la caracterización física de un magnate caricaturesco, un registro muy distinto al del agente Ethan Hunt de Misión: Imposible o al del piloto de Top Gun. Acá no hay piruetas imposibles colgadas de un avión, sino un cuerpo de ejecutivo que camina por pasillos corporativos, habla con accionistas y, aun así, tiene que vérselas con un iceberg del tamaño de un país avanzando hacia la costa. Cruise también figura como productor, junto con Iñárritu y Mary Parent, lo que habla de un compromiso personal con el proyecto que va bastante más allá del contrato de actor.

Números fríos para una apuesta caliente

  • El presupuesto de producción se estimó entre 160 y 180 millones de dólares, sin contar la promoción.
  • En su primer fin de semana, la película sumó unos 8 millones de dólares en Estados Unidos y Canadá.
  • En 73 mercados internacionales, la recaudación alcanzó los 12 millones de dólares.
  • El total global del debut ronda los 20 millones de dólares.
  • El lanzamiento internacional comenzó el 30 de septiembre de 2026 y el 2 de octubre llegó a los cines de Norteamérica, con funciones en IMAX.

Esos números, leídos en frío, no son los de un blockbuster de Cruise en su mejor momento, pero tampoco hay que perder de vista que arrancó su recorrido afuera y que el balance definitivo de la taquilla todavía está en construcción. La película fue rodada íntegramente en VistaVision, ese formato de gran formato que ya es una declaración de amor al cine analógico, con fotografía de Emmanuel Lubezki, un nombre que para los que seguimos de cerca al cine de autor mexicano significa casi una garantía de imágenes para detenerse y mirar fijo.

El guion lleva la firma de Iñárritu junto a Alexander Dinelaris, Nicolás Giacobone y Sabina Berman, un equipo de cuatro manos y cuatro cabezas que se nota en los diálogos filosos y en la decisión de no ahorrarle al espectador ningún lado incómodo de la cuestión. Iñárritu vuelve a meter el dedo en la llaga de las responsabilidades de las grandes corporaciones, pero ahora lo hace con humor, algo que en su filmografía no es moneda corriente y que a mí, particularmente, me genera expectativa.

La palabra de Cruise

“Siento que vamos a cre”Tom Cruise, en entrevista con Kevin McCarthy publicada el día del estreno, antes del balance completo de taquilla

Lo que dijo Cruise en esa charla, en la previa al estreno y antes de que se conocieran los números globales, habla de un actor que sigue pensando en el largo plazo. En lugar de prometer récords de boletería, el artista puso el acento en el vínculo con el público a lo largo del tiempo, una idea que suena casi artesanal en una industria acostumbrada a medir todo en fines de semana. Para mí, esa frase resume bastante bien el espíritu de Digger: una película que no pretende ganar todas las batallas del primer fin de semana, sino instalarse en la conversación con la misma paciencia con la que un glaciar se derrite, aunque acá, claro, el que se derrite es otro.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval

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