Diez años, una familia y un cumpleaños que lo cambia todo: así late This Is Us
La serie de Dan Fogelman celebra una década desde su estreno con un puñado de recuerdos que todavía pesan en la pantalla: Sterling K. Brown, Milo Ventimiglia, Mandy Moore y una saga de 106 capítulos que alterna risas y lágrimas a fuerza de saltos en el tiempo.

Me acuerdo perfectamente de esa noche en la que, sin saberlo, entré a This Is Us por recomendación de una amiga que me dijo "ponete esto, te va a hacer llorar". Y lloré. Pero antes me reí. Y antes todavía me quedé pegada al sillón con la mandíbula floja, porque el primer capítulo de This Is Us tiene esa cosa rara y hermosa de los buenos relatos: arranca como si te mostrara cuatro vidas sueltas y, hacia el final, te las ata con un nudo que ya no podés desatar. Este 20 de septiembre se cumplen diez años de ese debut, y la serie creada por Dan Fogelman sigue siendo una de esas ficciones que se miden por el aire que te dejan cuando termina.
Un cumpleaños compartido, dos líneas de tiempo
La puerta de entrada es tan simple como efectiva: cuatro personas cumplen años el mismo día. A primera vista parecen no tener nada en común. El primer episodio, de unos cuarenta minutos, va mostrando sus rutinas, sus pequeñas alegrías y sus penurias. Cuando llega el tramo final, la serie corre el telón y deja al descubierto que esas cuatro historias pertenecen a una misma familia y que, además, la cámara está saltando entre dos momentos muy distintos de sus vidas. Esa estructura, que parece un truco de magia, se vuelve la marca registrada de la serie: de ahí en adelante, los Pearson van a aparecer siempre en más de una época al mismo tiempo.
- Sterling K. Brown, en el papel que le valió el reconocimiento masivo de la crítica y un Emmy, como uno de los hijos adultos que lidia con la herencia emocional de sus padres.
- Milo Ventimiglia como el padre que, probablemente, sea uno de los personajes más llorados de la televisión reciente.
- Mandy Moore en la piel de la madre que sostiene la arquitectura sentimental de toda la familia.
- Chrissy Metz, Justin Hartley y Ron Cephas Jones como las otras patas de un elenco pensado en conjunto, no en estrellas individuales.
Esa decisión de Fogelman de armar un elenco coral no es menor. La serie podría haber apostado por una cara única y, en cambio, eligió repartir el peso entre varios. Cuando uno la mira hoy, a diez años vista, lo que más se celebra es justamente eso: la sensación de que nadie le roba cámara al otro, de que cada Pearson ocupa el lugar exacto que le toca en una máquina de contar historias que necesita de todos para funcionar.
La fórmula: reírse y quebrarse en el mismo capítulo
Fogelman lo dijo en más de una oportunidad mientras la serie estaba al aire: la idea era escribir una historia donde la risa y la emoción intensa convivan en la misma página. No como contrapuntos, sino como capas de la misma cosa. Esa búsqueda atraviesa los diálogos, las situaciones más domésticas y los giros más inesperados. El melodrama está ahí, en el centro, sin pedir permiso; y el humor aparece como un modo de respirar entre escenas que, de otro modo, serían imposibles de bancar. Esa combinación es la que vuelve a This Is Us una serie que se puede ver en familia sin que nadie se sienta excluido del clima emocional.
A la distancia, lo que más me sigue conmoviendo es la decisión de contar a los padres y a los hijos en paralelo. Ver a un personaje siendo padre en una línea temporal y, al mismo capítulo, verlo como hijo en otra, cambia la manera en que uno se para frente a la pantalla. Empezás a mirar a los padres como personas y a los hijos como adultos en formación, y ahí aparece una verdad que la serie nunca te dice en voz alta pero que te clava en el sillón: todos estamos siendo hijos de alguien y, al mismo tiempo, muchos estamos siendo padres de otros.
Por todo eso, si nunca la viste, mi recomendación es simple: poné el primer episodio un martes a la noche, con un café o un vaso de algo, y dejá que ese cumpleaños compartido te lleve hasta el último de los 106 capítulos. Si ya la viste, te propongo volver a entrar por el piloto: diez años después, sigue teniendo la misma capacidad de desordenarte el pecho que la primera vez.
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