Curazao, más allá del mar: playas, Willemstad y una travesía en buggy por la costa oeste
La isla caribeña prepara su llegada al mercado argentino con vuelos de Aerolíneas desde enero de 2027 y propone un abanico que va desde calas rodeadas de acantilados hasta una capital declarada Patrimonio de la Humanidad, con paseos en UTV, ferias callejeras y tradiciones musicales de raíz africana.

La isla de Curazao, ubicada en el sur del Caribe y a unos 65 kilómetros al norte de la costa venezolana, se prepara para recibir al turismo argentino con una propuesta que combina mar, arquitectura colonial neerlandesa y travesías por caminos agrestes, y que ya cuenta con un puente aéreo confirmado a partir del 2 de enero de 2027 a través de Aerolíneas Argentinas, con cuatro frecuencias semanales, dos de ellas de forma directa. Para ordenar la visita, las opciones se reparten entre el circuito de playas, los paseos urbanos por Willemstad —capital de la isla y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco— y las excursiones fuera del agua por la costa oeste, donde la aridez del paisaje contrasta con el azul intenso del mar Caribe y abre la puerta a actividades poco habituales en un destino de arena y sol.
¿Qué ofrece Willemstad más allá de los edificios coloniales?
La capital concentra un patrimonio arquitectónico de raíz holandesa que se expresa con orgullo en sus fachadas de colores, sus murales callejeros y una trama urbana que combina restaurantes, cafés al aire libre y mercados donde la presencia venezolana se hace visible, como ocurre en el Mercado Flotante, donde se venden frutas y verduras llegadas desde el país vecino. Para moverse entre ambas márgenes de la bahía de Santa Ana, los visitantes cuentan con un ferri gratuito que cruza el espejo de agua en pocos minutos y que constituye una alternativa ágil al puente Reina Juliana, por lo que resulta una de las piezas claves a la hora de diseñar cualquier recorrido a pie por la ciudad, sobre todo en jornadas en las que el calor húmedo de la zona invita a apurar los traslados.
La oferta gastronómica se completa con Plasa Bieu, una plaza de comida donde los puestos preparan platos típicos en el momento y donde es posible comer por unos pocos dólares, en un menú que va desde pescados y mariscos hasta carnes de res y cerdo, con un detalle que conviene tener presente: el picante aparece con frecuencia en las preparaciones, por lo que conviene preguntar antes de pedir si el plato elegido lleva ají o salsas que eleven en la piel.
¿Cómo son las playas y dónde se practica snorkel?
La isla reúne más de 35 playas distribuidas a lo largo de su territorio, muchas de ellas con forma de cala y rodeadas por acantilados de piedra que generan rincones protegidos del viento y aptos para el baño, y que se reparten entre sectores públicos y gratuitos y otros a hoteles —pertenecientes a hoteles—, donde el acceso suele estar condicionado al consumo en el establecimiento. En varias de esas costas la fauna marina se acerca hasta la orilla y permite observar cardúmenes de peces sin necesidad de embarcarse, lo que convierte al snorkel en una actividad accesible para quienes no quieren alejarse demasiado de la playa ni contratar salidas con proveedores especializados.
¿Qué incluye la excursión en buggy por la costa oeste?
- Duración de cuatro horas en vehículos UTV (vehículos todoterreno side-by-side) por rutas y senderos de la costa oeste, con un guía al frente de la caravana.
- Precio informado de 240 dólares por persona, con la posibilidad de conducir o viajar como acompañante, según el gusto de cada participante.
- Visita a la Cueva de las Brujas, donde se observan estalactitas, estagmitas, murciélagos y pequeños cangrejos protegidos que no deben pisarse.
- Parada en Kleine Knip, una playa elegida para descansar en reposeras bajo sombrillas y almorzar una barbacoa antes del regreso.
¿Qué tradiciones culturales se suman a la oferta de mar y aventura?
Fuera del circuito de agua y de las travesías en vehículos todoterreno, la isla sostiene una vida cultural atravesada por raíces africanas que se expresan con fuerza en géneros como el tambú, una tradición musical que combina percusión, canto, palmas y baile y que forma parte de los atractivos nocturnos más convocantes, por lo que conviene consultar la agenda local al llegar para recién entonces decidir si la velada se cierra con una salida a una de esas fiestas populares, que suelen funcionar como contrapeso cultural frente al perfil netamente turístico de playas y paseos urbanos. La pregunta que queda abierta es qué actividades sumar a un itinerario que, sobre la base del material disponible, ya cubre baño, snorkel, recorrido patrimonial, comida callejera y una salida en UTV por la costa oeste.
Lo que está en juego, en definitiva, es cómo aprovechar al máximo una isla que se promociona por sus playas pero que extiende su propuesta hacia Willemstad, su bahía, sus cuevas y su música, y que empezará a medirse con el bolsillo argentino a partir de enero de 2027, cuando aterricen los primeros vuelos directos de Aerolíneas Argentinas, y aquí es donde el periodista debe cerrar la nota: con la advertencia de que los precios informados en el material de base —los 240 dólares de la excursión, por ejemplo— pueden variar según la temporada y la disponibilidad, por lo que conviene confirmarlos antes de reservar.
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