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Domingo, 18 de octubre de 2026
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Cuando una pierna se hincha sin aviso: la otra cara de los coágulos que muchas veces se subestima

El cardiólogo Francesco Lo Monaco identifica cuatro señales en el cuerpo que conviene no pasar por alto y repasó en qué momentos de la vida el riesgo se dispara: anticonceptivos, embarazo, menopausia y mucho tiempo sentados son algunas de las llaves que pueden destapar una trombosis.

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Esteban ZapataSociedad y vida · · 4 min de lectura
Cuando una pierna se hincha sin aviso: la otra cara de los coágulos que muchas veces se subestima

A Adriana le empezó un domingo a la tarde, mientras miraba una película con las piernas cruzadas sobre la mesa ratona. Primero fue una molestia en la pantorrilla derecha, como si tuviera un calambre que no se iba. Después notó la pierna más grande que la otra, caliente al tacto y con un color raro, tirando a rojizo. Pensó en un golpe, en la postura, en el calor de marzo. Pero el dolor no aflojó en toda la noche y a la mañana siguiente, cuando intentó levantarse, entendió que algo andaba muy mal: el caminito al baño fue una tortura y la pierna estaba casi morada. Ahí nomás fue a la guardia. Le dijeron que había tenido una trombosis venosa profunda, un coágulo formado en una vena de la pierna que, si se hubiese desprendido y hubiera viajado hasta los pulmones, le podía haber costado la vida. La atendieron a tiempo. Adriana tiene hoy 58 años, toma anticoagulantes y cada vez que cuenta lo que le pasó repite la misma frase: no tenía idea de que eso podía pasarme.

La historia que reconstruyo a partir de lo que me contaron los especialistas pinta de cuerpo presente por qué la trombosis es una de esas enfermedades que avanzan en silencio, pero que avisa. Se llama tromboembolia venosa y se produce cuando se forma un coágulo en una vena profunda, por lo general en las piernas. El problema no termina ahí: si ese coágulo se desprende y viaja hasta los pulmones, puede provocar una embolia pulmonar, una complicación potencialmente mortal que exige atención de emergencia, según me explicó el cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco.

Las cuatro señales que el cuerpo enciende como una lucecita roja

  • Dolor o sensibilidad en una pierna, sobre todo en la pantorrilla o en el muslo, que aparece sin causa clara y no mejora con el reposo.
  • Hinchazón en una sola pierna, que puede notarse al comparar con la otra o al sentir la ropa más ajustada de lo normal.
  • Cambios en el color de la piel: una zona que se pone roja, azulada o más oscura que el resto.
  • Sensación de calor localizada en la zona afectada, como si estuviera inflamada desde adentro.

Lo Monaco me aclaró que ninguno de estos síntomas confirma por sí solo que haya un coágulo, pero todos justifican una consulta médica para descartarlo. Y acá va un dato que no es menor: cuando aparecen señales de embolia pulmonar, como dificultad para respirar de golpe, dolor en el pecho que se hace más fuerte al inhalar, tos con sangre o pérdida de conocimiento, no hay que esperar a que amanezca ni consultar al día siguiente. Llamar a emergencias es la decisión correcta.

Quiénes están más expuestos y por qué el riesgo cambia con los años

No todos corremos la misma suerte frente a un coágulo. El especialista repasó los factores que más pesan: haber tenido un coágulo antes, tener antecedentes familiares o condiciones hereditarias como la trombofilia, fumar, pasar largas horas sin moverse y convivir con enfermedades como diabetes, insuficiencia cardíaca o cáncer. Lo que quiero remarcar es que el riesgo no es fijo a lo largo de la vida, y eso es algo que muchas personas todavía no terminaron de procesar. El embarazo, los tratamientos hormonales y los cambios en la movilidad pueden mover la aguja de un momento para otro, por eso el consejo más razonable varía según la historia clínica de cada uno.

Las tres etapas que las mujeres no deberían pasar por alto

En la vida de las mujeres hay tres momentos donde la balanza se inclina. El primero es el uso de anticonceptivos hormonales con estrógeno: el riesgo crece, aunque para la mayoría sigue siendo bajo. El segundo es el embarazo y el posparto, porque el cuerpo activa mecanismos para evitar hemorragias durante el parto, y esa misma preparación favorece la coagulación. El tercero es la terapia hormonal que se usa para aliviar los síntomas de la menopausia, en particular cuando incluye estrógeno. Saber que estas etapas existen es la diferencia entre prevenir un coágulo o descubrirlo en una guardia, como le terminó pasando a Adriana.

“La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien”Francesco Lo Monaco, cardiólogo preventivo

Vuelvo a Adriana para cerrar esta nota, porque su caso me parece que resume lo que quiero que se quede flotando después de leer. Una tarde cualquiera, un dolor que parece un calambre, una pierna que cambia de color sin aviso. La trombosis no avisa con un cartel luminoso, avisa con el cuerpo. Y la mejor herramienta que tenemos no es el miedo ni la consulta desesperada en el último momento, sino entender qué nos toca según la edad, los hábitos y la historia familiar. Quienes tienen antecedentes personales o familiares de problemas de coagulación son quienes más deben conversar el tema con su médico de cabecera, sin esperar a que el cuerpo les mande una señal que ya sea demasiado tarde.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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