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Coyote vs. Acme: el correcaminos nunca llega, pero la historia se queda

La película que pone al Coyote en el centro de un juicio contra la fábrica de trampas lo reúne con Will Forte en una historia que mezcla animación, carne y hueso y el humor físico de toda la vida. Una aventura larga, querible y hecha para quienes se criaron viendo cortos en la televisión.

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Ludmila PintosCultura y carnaval · 22 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Me acuerdo perfecto de la primera vez que vi al Coyote en la tele: era un dibujito que se caía por un barranco, quedaba aplastado como un sello de goma y al segundo ya estaba armando otro plan con una rampa y un cañón. Me parecía un milagro de la insistencia. Por eso, cuando me enteré de que existe una película entera, de más de noventa minutos, donde ese personaje deja de perseguir al Correcaminos y se mete en un juicio contra la fábrica que le vende los inventos, sentí que alguien por fin le estaba dando una biografía a ese animalito. La película se llama Coyote vs. Acme, y la dirige un equipo que tomó la decisión más interesante de todas: en vez de hacer otro corto con persecuciones infinitas, contó la historia de lo que pasa cuando el Coyote decide quejarse formalmente.

El centro del relato es la dupla que forman el Coyote animado y un personaje humano interpretado por Will Forte, un actor al que muchos recordamos por sus papeles cómicos en series y películas, y que acá se banca el costado más dramático sin perder el timing para el gag. Forte es el abogado despistado, de esos que parecen que van a perder hasta que empieza el juicio de verdad, y su química con el dibujo es lo que sostiene las casi dos horas de metraje. A veces uno se olvida que está mirando a un personaje pintado cuadro por cuadro, y eso, en una mezcla de animación y actores reales, es el mayor elogio que se le puede hacer al equipo técnico.

Un juicio con olor a carretera

La historia toma elementos del cine de juicios al estilo de los dramas legales que se ven por cable, pero los pasa por el tamiz del universo Looney Tunes. Hay declaraciones, hay pruebas, hay un juez que mira al Coyote como mirando a un expediente complicado, y hay, sobre todo, una pregunta que atraviesa toda la película: cuántas veces puede caerse alguien por un precipicio antes de que la culpa sea de quien fabricó la rampa. Es una idea muy seria envuelta en papel de dibujos animados, y funciona porque nunca se burla de la injusticia sino que la usa para hacer reír mientras se la cuenta.

Para mí, lo más bonito que tiene la película es algo que uno no esperaba: la perseverancia como tema de los dos protagonistas. El Coyote insiste porque ese es su motor desde hace décadas, y el personaje de Forte insiste porque no tiene más remedio. Los dos se chocan contra la pared una y otra vez, y los dos vuelven a levantarse. Eso, contado con humor físico clásico y con momentos donde el dibujo se anima a hacer chistes que ya no se ven en el cine mainstream, le da al conjunto una calidez que no muchas películas de juicios tienen.

  • Animación y actores reales en una dupla que se banca las casi dos horas de metraje.
  • Will Forte compone a un abogado querible, despistado y con momentos de genuino drama.
  • La fórmula clásica de los cortos se expande a un formato largo sin perder el humor físico.
  • El cine de juicios se cruza con el universo Looney Tunes sin traicionar a ninguno de los dos.
  • El tema de fondo es la insistencia, contada desde dos personajes que se niegan a bajar los brazos.

La troupe animada, los precedentes y la pregunta de cierre

No es la primera vez que los Looney Tunes se mezclan con personas de carne y hueso. Hubo una película muy recordada donde se cruzaron con una leyenda del básquet, y otra donde directamente se metieron en una trama con estrellas de Hollywood. En todos esos casos, los humanos eran el centro del conflicto y los dibujos aportaban el caos. Acá se invierte la fórmula: el centro es el Coyote, y el personaje de Forte aparece para acompañarlo, para discutirle y, sobre todo, para aprender de él. Es un cambio sutil pero importante, y le da al personaje animado un peso que muchas veces no se le permite tener en pantalla.

Si tengo que hacer una recomendación, va de corazón: véanla en el cine, en una sala grande, con pochoclo y con alguien al lado que se ría con las mismas cosas que uno se ríe. Es una película para los que crecieron con el Coyote cayendo por el cañón, pero también para los que nunca entendieron por qué ese animalito nos hacía tanta compañía los domingos a la mañana. Y antes de que apaguen la pantalla, miren al costado y díganle a quien tengan al lado qué personaje de los Looney Tunes les gustaría ver en otra película con esta misma idea, porque la pregunta queda dando vueltas y la verdad es que uno se la pasa wanting more.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval

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