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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cortisol, la hormona que las redes convirtieron en villano y que la ciencia no reconoce como enemigo

Cada vez más publicaciones en plataformas digitales prometen cócteles, detox y diagnósticos exprés alrededor del cortisol. Endocrinólogos consultados insisten en que se trata de una sustancia clave para el organismo y en que el verdadero cuadro clínico tiene nombres y criterios muy precisos.

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Esteban ZapataSociedad y vida · · 4 min de lectura
Cortisol, la hormona que las redes convirtieron en villano y que la ciencia no reconoce como enemigo

Son las siete de la mañana y una mujer de cuarenta y tantos se para en la cocina, se sirve un vaso con un líquido turbio que mezcla jugo de naranja, sal y un sobre de magnesio en polvo, y lo sube a una historia de Instagram con la leyenda «bajando el cortisol antes de que explote». Lo hace convencida de que está cuidando su salud, aunque no haya pisado un consultorio endocrinológico en su vida y aunque nadie le haya explicado, en realidad, qué es el cortisol ni para qué sirve. Esa escena, multiplicada por miles a lo largo y ancho del país, es la postal que preocupa a los especialistas que se dedican a estudiar las hormonas y que, cada vez con más frecuencia, tienen que salir a desmentir lo que circula en redes.

Porque el cortisol, lejos de ser ese enemigo que los influencers venden como responsable de la grasa abdominal, el insomnio y el cansancio crónico, es una hormona producida por las glándulas suprarrenales —esas estructuras pequeñas que se apoyan sobre los riñones— y cumple funciones tan centrales como regular el metabolismo de los hidratos de carbono, las grasas y las proteínas; colaborar en el mantenimiento de la presión arterial; modular la inflamación y la respuesta inmunitaria; y participar del ciclo de sueño y vigilia. Entender eso, me dicen los expertos, es el primer paso para dejar de demonizarla.

Un reloj interno que no falla, salvo cuando falla de verdad

Lo que yo aprendí mientras preparaba esta nota es que el cortisol tiene un ritmo circadiano bastante predecible: alcanza su pico más alto entre la madrugada y la primera hora de la mañana, y va bajando a medida que avanza el día, hasta llegar a sus valores mínimos por la noche, cuando el cuerpo se prepara para dormir. María Susana Mallea Gil, presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo, me lo resumió con un ejemplo que me pareció la mejor forma de explicarles a ustedes lo mismo que me explicó a mí: si alguien se hace un análisis de cortisol justo antes de rendir un examen, es muy probable que el resultado le dé más alto que de costumbre, y eso no es ninguna enfermedad, es la adaptación fisiológica del cuerpo a una situación de estrés puntual.

El verdadero problema clínico, el que sí preocupa a los endocrinólogos, tiene nombre propio y se llama síndrome de Cushing: aparece cuando el organismo soporta, de manera prolongada, niveles excesivos de cortisol. En esos casos, el ritmo circadiano se rompe y la hormona puede estar tan alta a la tarde o a la noche como a la mañana. Pero insisto, como me lo subrayaron las especialistas: no tiene nada que ver con las variaciones normales ni con el estrés cotidiano que cualquiera pueda atravesar en una semana agitada.

Lo que dicen los endocrinólogos sobre lo que se ve en redes

“Mucho de lo que se dice sobre el cortisol en las redes no tiene sustento desde el punto de vista endocrinológico.”María Susana Mallea Gil, presidenta de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo

En esa línea, uno de los productos estrella del último tiempo es el llamado cortisol cocktail, una preparación a base de jugos naturales, sales y, en algunas versiones, suplementos. Ciertos ingredientes pueden consumirse sin riesgo, sí, pero no existe evidencia científica que respalde que esa mezcla haga algo sobre las glándulas suprarrenales ni sobre los niveles reales de la hormona. La endocrinóloga Jodi Nagelberg, de la Universidad de California, fue muy clara al calificarlo como una exageración, en el mejor de los casos. Lo mismo ocurre con el llamado cortisol detox: el cuerpo, cuando funciona bien, ya se encarga de regular sus propios niveles sin necesidad de jugos mágicos.

Volví a esa cocina, y me fui con más preguntas que certezas

Cuando terminé de leer los papers y de conversar con las especialistas, volví mentalmente a esa cocina de las siete de la mañana, a esa mujer convencida de que su vaso con sal y jugo de naranja la estaba protegiendo. Y me quedé pensando que el problema no es ella, ni su rutina, ni su buena predisposición: el problema es la cantidad de información sin filtro que circula en las plataformas y que convierte una hormona indispensable en un villino de calendario. Mientras tanto, los endocrinólogos insisten en algo que, me parece, vale la pena repetir antes de cerrar esta nota: si alguien sospecha que su cortisol está alterado, la única forma razonable de averiguarlo es consultar a un profesional, hacerse los análisis que correspondan y, sobre todo, no automedicarse ni confiar en cócteles virales. La ciencia, en este caso, no está del lado del milagro: está del lado de los estudios, de los médicos y de los tiempos del cuerpo.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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