Brad Pitt entre glaciares y plegarias: la película que China no quiso ver
A 28 años de su estreno, "Siete años en el Tíbet" sigue despertando polémicas. Repasamos la historia de Heinrich Harrer, la amistad con el Dalai Lama y las sanciones que cayeron sobre Sony, el director y el protagonista.

A veces me pasa que una imagen me queda dando vueltas en la cabeza mucho antes de escribir una sola línea. Esta vez fue la de Brad Pitt cruzando un paso montañoso con el pelo revuelto por el viento, la ropa rota y esa mirada que parece pedir permiso para seguir avanzando. Esa postal, que abre la película que hoy nos ocupa, condensa todo lo que "Siete años en el Tíbet" quiere contar: la aventura en estado puro, pero también el vértigo de un hombre que se está quedando sin excusas para volver a ser quien era.
Una expedición que arranca en 1939 y termina muy lejos de casa
El punto de partida es bien concreto: estamos en 1939 y Heinrich Harrer, un alpinista austríaco de elite, deja a su esposa embarazada para sumarse a una expedición al Himalaya. Lo que en el papel iba a ser un logro deportivo se cruza de lleno con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, y el protagonista termina pasando de la cima al cautiverio. Yo, que he visto unas cuantas películas de supervivencia, confieso que esa primera parte me atrapa por el contraste: del hielo a la alambrada, de la libertad al campo de prisioneros, todo en cuestión de minutos de metraje.
La fuga llega como un alivio y como una trampa a la vez. Cuando Harrer finalmente escapa y emprende la marcha, ya no hay expedición que lo espere: lo que encuentra en el camino es algo que ni él ni el espectador se habían imaginado. La historia deja de ser un film de aventura clásico para abrirse a otra cosa, más callada, más íntima, y ahí es donde a mí, como cronista de pasiones, me empieza a gustar de verdad esta película.
El encuentro con el Dalai Lama y el corazón del relato
El viaje lo lleva hasta el lugar donde vive el Dalai Lama, un chico muy joven con quien Harrer termina construyendo una amistad improbable. Yo lo describo así porque en la pantalla se ve claramente cómo ese vínculo se va cocinando a fuego lento: primero la desconfianza, después las clases, más tarde las conversaciones en las que el austríaco empieza a entender que su manera de mirar el mundo estaba agotada. Es la transformación personal que la promoción de la película promete, y que Annaud, un director francés con obsesión por los paisajes extremos, resuelve con paciencia y con una mirada muy respetuosa hacia la cultura tibetana.
La trastienda política: China, Sony y las prohibiciones
Lo que ocurre fuera de la pantalla también forma parte de la historia. En 1997, cuando se estreno la película, las autoridades chinas prohibieron todos los lanzamientos de Sony en su territorio durante ese año. Además, tanto Brad Pitt como Jean-Jacques Annaud recibieron prohibiciones de ingreso al país que en principio iban a ser de por vida. Yo siempre digo que estas decisiones le terminan agregando una capa inesperada a la película: la confirman como una obra que molesta, y eso, en buena parte de los casos, suele ser una buena señal.
Igual vale aclarar que las restricciones no fueron eternas. Annaud pudo volver a China en 2012 y hasta filmó allí "El último lobo", y Pitt recién consiguió entrar en 2014. Son datos que ayudan a dimensionar el peso geopolítico de un film que, en el fondo, cuenta una historia muy chica: la de un hombre que cambia mientras camina por una de las geografías más hermosas del planeta.
Mi recomendación, en confianza
Si todavía no la viste, te la recomiendo con una advertencia: no vayas esperando solo aventura, porque la aventura está, pero lo que termina pesando es la amistad entre Harrer y el Dalai Lama. Y si ya la viste, te invito a volver a ponerla un domingo a la tarde, dejarla correr hasta el final y prestar atención a esos planos del Himalaya que Annaud filma como si fueran personajes. A mí, cada tanto, me sigue regalando esa sensación de calma enorme que solo dan las películas que entienden que los viajes importantes son los de adentro.
- Una expedición al Himalaya en 1939 que se cruza con la Segunda Guerra Mundial.
- Cautiverio, fuga y un viaje hacia el Tíbet.
- La amistad entre Heinrich Harrer y el joven Dalai Lama como eje emocional.
- El contexto de la invasión china al Tíbet como telón de fondo.
- La sanción china a Sony en 1997 y las prohibiciones de ingreso a Pitt y Annaud.
- El regreso del director en 2012 y del actor en 2014 como cierre de la pulseada diplomática.
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