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Martes, 13 de octubre de 2026
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Boiúna, la serpiente del Amazonas que se anima a dar miedo en serio

La película brasileña rompe el guiño cómplice habitual del subgénero de monstruos gigantes y apuesta por una tensión seria, con paciencia narrativa y una criatura mitológica que aparece en los momentos justos

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval · · 3 min de lectura
Boiúna, la serpiente del Amazonas que se anima a dar miedo en serio

Imaginate la luz del proyector encendiéndose en una sala oscura, el murmullo de los pochoclos acomodándose y, en la pantalla, la imagen de una selva brasileña que respira, con nenúfares, garúas y sonidos de cigarras que parecen más densos que el aire. Ahí arranca Boiúna: La leyenda del Amazonas, una película que, antes de mostrar a la serpiente que da título, se toma su tiempo para contar de dónde viene el mito y quiénes son los personajes que van a cruzarse con ella. Y eso, créanme, ya marca una diferencia enorme.

Como espectadora de películas de monstruos gigantes, me acostumbré al pacto irónico: el público sabe que lo que ve es ridículo, los personajes también lo saben, y todo transcurre con un guiño cómplice a la sala. Boiúna rompe ese acuerdo desde el primer minuto. No hay ironía en los diálogos, no hay golpes de humor en las escenas de acción, no hay nadie que actúe como si estuviera adentro de una broma compartida. La decisión es poco frecuente en el subgénero y, justamente por eso, la distingue.

La tensión se construye con paciencia y con selva

La película no apura el viaje a la jungla. Primero presenta la mitología de la criatura, después desarrolla a los protagonistas y recién después los manda al río, a los esteros, a la vegetación cerrada donde cualquier rama puede ser una serpiente. Para quien busca vértigo desde el arranque, esa calma puede resultar incómoda. Para los demás, es un capital narrativo que rinde cuando la acción llega: las secuencias de acecho son sucias, físicas y con tensión de verdad, donde la Boiúna comparte amenaza con yacarés, arenas movedizas y una selva que no perdona errores.

La dirección es imperfecta pero coherente con lo que se propone. La criatura aparece en dosis medidas, una estrategia que disimula las limitaciones de producción y, al mismo tiempo, mantiene el misterio. Los conflictos entre personajes son funcionales aunque no memorables, las actuaciones sostienen el tono sin salirse del registro de la serie B, y las muertes cumplen su función sin pretender convertirse en escenas de culto.

  • Se toma en serio a sí misma y a su criatura, sin recurrir al guiño cómplice de costumbre.
  • La mitología amazónica está integrada a la historia, no usada como decorado.
  • La tensión se construye con paciencia y paga cuando llega la acción.
  • La Boiúna aparece en los momentos justos: el misterio trabaja a favor.
  • Es una serie B honesta, que cumple lo que promete y supera lo que el papel hacía prever.

Boiúna no disimula lo que es: una película de bajo presupuesto dentro de un género acotado. Su mérito es haber trabajado con honestidad dentro de esas coordenadas. La moraleja es previsible y su estructura no sorprende, pero la ejecución supera lo que el material parecía prometer en papel. Es un estreno pensado para la temporada de Halloween, ideal para quien quiera pasar miedo sin renunciar a cierta solidez narrativa.

A la pregunta que dejó flotando el material, respondo desde la butaca: le suma, y mucho. Cuando una película de terror decide evitar el humor y tomarse en serio, deja de competir con el streaming del sillón y vuelve a pedirle al cuerpo que se tense, que se agarre el apoyabrazos, que mire la puerta del baño por las dudas. Boiúna consigue ese efecto con recursos modestos y, para una noche de sustos, eso es un triunfo.

Mi recomendación es simple: si están buscando una propuesta para la noche de Halloween que no se ría de sí misma, dense el gusto. Vayan con pochoclo, con la luz apagada y con ganas de creer, por un rato, que en el Amazonas hay una serpiente que sale a cazar. Yo salí de la sala con esa sensación, y hacía mucho que una serie B no me la regalaba.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval

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