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Asma con curvas: por qué la adultez complica el cuadro en las mujeres

Después de la pubertad la balanza se inclina hacia ellas: más episodios graves, más guardias y más internaciones. El estrógeno y la progesterona asoman como sospechosas, pero la genética, el peso y el aire que se respira también tienen algo para decir.

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Esteban ZapataSociedad y vida · 5 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Me lo cruzo en el consultorio una vez por semana, y la escena se repite: una mujer de entre cuarenta y pico y cincuenta y tantos llega con la queja de que el asma, que de chica parecía un trámite, se le volvió una pelea diaria. A mí, que vengo siguiendo estos casos hace años, la historia me suena conocida, pero verla en carne viva siempre me sacude. Porque lo que durante la infancia fue un problema más frecuente en los varones se transforma, después de la pubertad, en una mochila que cargan sobre todo ellas. Y los números empiezan a decirlo con claridad.

Un análisis reciente, publicado en 2025 en BMC Pulmonary Medicine y basado en los datos del estudio Global Burden of Disease 2021, calculó que alrededor de 260 millones de personas conviven con asma en el mundo. Pero el promedio mundial esconde una asimetría que se vuelve evidente en la adultez: las mujeres consultan más en guardias, requieren más hospitalizaciones y les cuesta más mantener la enfermedad a raya. La diferencia entre sexos no tiene un único culpable, y conviene repasar las piezas del rompecabezas antes de buscar respuestas simples.

Hormonas en la mira

El grupo de Dawn C. Newcomb, de la Universidad Vanderbilt, publicó en The Journal of Allergy and Clinical Immunology un trabajo que pone el foco en células inmunitarias de pacientes con asma grave. Lo que encontraron merece ser contado con cuidado: el estradiol y la progesterona pueden aumentar la producción de IL-17A, una proteína asociada a procesos inflamatorios. Además, detectaron mayor actividad de células llamadas TH17 en mujeres con asma grave respecto de varones con el mismo diagnóstico. Los propios autores aclaran que el hallazgo no prueba causalidad directa ni se aplica a todos los casos, porque el grupo fue reducido y parte del análisis se hizo en modelos animales. Es una pista, no una sentencia.

Patricia Silveyra, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana, aporta una mirada que me parece clave para no caer en esencialismos: no se trata de genes completamente distintos entre mujeres y varones. Un mismo gen puede comportarse de manera diferente según el sexo, en diálogo con las hormonas y con el ambiente. Esa idea, la de la interacción permanente entre biología y contexto, me parece la más honesta para pensar un problema de esta complejidad.

El ciclo menstrual y el embarazo: dos pruebas de fuego

  • Cambios premenstruales: una revisión sobre asma premenstrual estimó que hasta el 40% de las pacientes nota variaciones ligadas al ciclo, aunque la cifra no es definitiva. La hipótesis más trabajada apunta a las oscilaciones de estrógeno y progesterona en los días previos a la menstruación, que podrían aumentar la inflamación bronquial y la sensibilidad de las vías aéreas.
  • Embarazo impredecible: un patrón clínico clásico describe que alrededor de un tercio de las embarazadas con asma empeora, otro tercio se estabiliza y el resto mejora, aunque el material de base quedó trunco y no se pudo completar esta variable con la fuente original.
  • Menopausia como punto de inflexión: la caída hormonal agrega otra variable al seguimiento, y suele coincidir con cambios en el peso corporal y en la exposición ambiental, dos factores que también pesan.
  • Genética y peso: la predisposición hereditaria y el índice de masa corporal se cruzan con lo hormonal y modifican el pronóstico, sin que ninguno de estos elementos alcance para explicar el cuadro por sí solo.

Cuando la paciente que me contaba su historia se va del consultorio, me queda una sensación que quiero compartir: el asma en las mujeres adultas no es una variante menor del asma en los varones, es una enfermedad con su propia lógica, hecha de hormonas que suben y bajan, de cuerpos que cambian, de ambientes que irritan. Y si algo me queda claro, después de años de seguir estos casos, es que atender esa complejidad requiere tiempo, escucha y, sobre todo, no conformarse con respuestas demasiado simples.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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