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Jueves, 15 de octubre de 2026
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Argentina se anota en la carrera por los data centers: el río de dólares de la inteligencia artificial busca desembocar en el país

Disponibilidad de tierras, clima templado y megavatio barato colocan al país en el radar de los inversores globales, aunque la inestabilidad económica y jurídica sigue siendo la principal hipoteca a la hora de cerrar negocios de hasta mil millones de dólares.

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Darío GodoyAmbiente y río · · 3 min de lectura
Argentina se anota en la carrera por los data centers: el río de dólares de la inteligencia artificial busca desembocar en el país

Los centros de datos dejaron de ser ese engranaje técnico que solo interesaba a los ingenieros y pasaron a convertirse en una pieza central de la economía global, empujados por la expansión sin freno de la inteligencia artificial. En ese tablero, Argentina aparece cada vez con más frecuencia en los mapas de los inversores, con argumentos que van desde el precio del megavatio hasta la distancia geográfica respecto de las zonas calientes del conflicto internacional, aunque todavía con dudas estructurales que ningún discurso oficial alcanza a disipar.

La directora de secure power para Argentina, Paraguay y Uruguay de Schneider Electric, Noelia Miranda, reconoció que el país quedó bastante rezagado en el mercado de los centros de datos, pero aseguró que hoy existe la posibilidad de posicionarse como uno de los hubs más importantes del mundo. Entre los atributos que mencionó enumeró la disponibilidad de terrenos, las condiciones climáticas y la ubicación geográfica alejada de los focos bélicos. La ejecutiva definió al territorio nacional como tierra fértil para seguir creciendo en ese segmento, en línea con el creciente interés que, según la compañía, vienen relevando los equipos comerciales en la región.

¿Por qué Argentina y no otro mercado saturado?

El consultor Gerardo Manhard, director de energía e infraestructura de Dreicon, puso los números sobre la mesa y la comparación resulta elocuente: mientras el megavatio en Vaca Muerta se ubica en torno a los cincuenta dólares, en los mercados internacionales ronda los cien. La brecha se traduce, según sus propios cálculos, en una diferencia de aproximadamente quinientos millones de dólares al año para un centro de datos de gran porte, una cifra que reconfigura cualquier plan de negocio y que explica por qué cada vez más desarrolladores miran hacia el sur del continente en lugar de instalarse en Estados Unidos o Europa, donde los mercados están saturados y los permisos se tramitan durante años.

“Estamos hablando de 500 millones de dólares de diferencia en el año, poniendo un centro de datos.”Gerardo Manhard, director de consultoría en energía e infraestructura de Dreicon

¿Qué trabas aparecen cuando la inversión llega a la mesa?

Las ventajas relativas no alcanzan para cerrar un deal. Los proyectos de este tipo demandan inversiones de hasta mil millones de dólares y plazos largos de maduración, lo que obliga a los capitales a pedir garantías firmes de estabilidad jurídica y cambiaria. La propia Miranda advirtió que esa inestabilidad que en el pasado alejó inversiones es hoy, precisamente, el factor que de revertirse puede volver competitivo al país: una suerte de espejo donde se reflejan tanto las debilidades estructurales como la oportunidad abierta.

¿Qué pide la inteligencia artificial en términos de infraestructura?

El arquitecto de centros de datos de Schneider Electric, Julián Martín Gurgone, trazó un mapa de los próximos cinco años y dejó cifras que obligan a repensar la infraestructura: entre 2025 y 2030, el sesenta por ciento de los despliegues estarán orientados a inteligencia artificial y el setenta y cinco por ciento de esas cargas de trabajo requerirán refrigeración líquida. El dato no es menor: implica repensar desde el tendido eléctrico hasta los sistemas de agua y el diseño edilicio, una complejidad técnica que exige planificación anticipada y que en Argentina todavía choca con tiempos administrativos que largos.

El interés empieza a traducirse en proyectos concretos. El representante en Argentina de la empresa polaca Green Capital, Jorge Vilariño, confirmó que la baja densidad poblacional facilita los permisos de construcción y anunció un megacentro de datos en Chubut dedicado a inteligencia artificial, una apuesta que combina el recurso energético del sur con la demanda de cómputo que hoy concentra la inteligencia artificial en el mundo.

Lo que está en juego no es menor: si Argentina consigue encadenar su matriz energética, su recurso humano técnico y un marco regulatorio que brinde previsibilidad, puede quedarse con una porción significativa de un negocio que el propio sector ubica entre los más dinámicos de la próxima década. Si, en cambio, la inestabilidad se impone, el país seguirá observando desde la tribuna cómo otros mercados capturan inversiones que, por geografía y por precio, le pertenecen.

DG
Darío GodoyAmbiente y río

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