Amazon ya tiene un millón de robots en sus depósitos: trabajan más, pero se accidentan más
La empresa más robotizada del planeta convive con una paradoja incómoda: donde más automatizó, más subieron los accidentes laborales. Un repaso por los modelos, las fábricas nuevas y el debate que no cierra.

Piensen esto un segundo: en algún depósito de Amazon, en este preciso instante, más de un millón de robots están moviendo estanterías, separando paquetes y apilando cajas al ritmo que sólo tolera el comercio electrónico. Es la flota robótica más grande que cualquier empresa haya reunido jamás, y crece sin pausa. La propia compañía acaba de confirmar que ese parque de máquinas se va a más que duplicar a lo largo de este año, con nuevas fábricas en Austin, Texas, y en Greenwood, Indiana, ya en obra. Mientras tanto, la plantilla humana se mantiene por encima de 1,5 millones de empleados entre tiempo completo y parcial. La pregunta que sobrevuela todo esto es casi incómoda: ¿trabajan mejor las personas en los depósitos más robotizados? Y la respuesta que arrojan los propios papeles de la empresa, por ahora, no es la que a Amazon le gustaría contar.
De Kiva a Vulcan: cómo se construyó el ejército de metal
La historia empieza en 2012, cuando Amazon le puso las manos encima a Kiva Systems, un fabricante de robots con ruedas que acercó las estanterías a los empleados en lugar de obligarlos a caminar kilómetros por pasillos. De ahí nació Amazon Robotics y una línea que hoy incluye a Hércules y Titán, capaces de deslizar estructuras del tamaño de un piano de cola. Proteo fue el primer modelo que se animó a circular entre personas, guiado por sensores. Más tarde llegaron Robin, con ocho ventosas para desarmar pilas desordenadas de paquetes; Cardinal, que acomoda bultos de hasta 22 kilos en carros; y Sparrow, que reconoce cientos de millones de productos distintos para reponer cajones. El último de la familia es Vulcan, el primer brazo con sensores de fuerza, algo así como un rudimento de tacto, que ya funciona desde 2025 en plantas de Spokane, Washington, y Hamburgo, Alemania, y se expandiría en 2027. Para que no se pisen entre ellos, Amazon desarrolló DeepFleet, una inteligencia artificial que coordina los desplazamientos internos y, según sus propias mediciones, recortó un 10% el tiempo de traslado de la flota.
“El objetivo es que las máquinas asuman las tareas de mayor riesgo físico para los empleados.”Scott Dresser, vicepresidente de Amazon Robotics
La cifra que incomoda: más robots, más accidentes
Esa declaración de intenciones suena razonable y casi humana: que el robot cargue lo pesado para que la espalda del operario sufra menos. El problema es que los números cuentan otra cosa. Una investigación de dieciocho meses que llevó adelante la Comisión de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado de Estados Unidos, y que cerró en diciembre de 2024, concluyó que los depósitos de Amazon registran un 30% más de accidentes que el promedio de la industria en 2023. Y al mirar solamente dentro de la propia empresa, los registros internos a los que accedieron los senadores muestran algo todavía más filoso: los centros con robots tienen una tasa de accidentes 28% mayor que los que todavía trabajan sin esa tecnología. O sea, donde más automatizaron, más se golpeó la gente.
- Más de 1.000.000 de robots operando en simultáneo en depósitos de todo el mundo.
- Más de 1.500.000 empleados entre tiempo completo y parcial en la plantilla global.
- 28% más de accidentes en depósitos robotizados frente a los que no lo están, según registros internos.
- 30% más de accidentes que el promedio del sector logístico en 2023, según el Senado estadounidense.
- Plantas nuevas en construcción en Austin (Texas) y Greenwood (Indiana) para ampliar la flota.
Por qué la paradoja no se resuelve tan fácil
Una lectura posible es que la automatización todavía no terminó de madurar y que la convivencia entre personas y máquinas, sobre todo en espacios estrechos, genera riesgos nuevos: más velocidad, más bultos en movimiento, más decisiones por minuto. Otra lectura, más crítica, señala que la empresa creció tan rápido y contrató tanta gente que la capacitación y los ritmos de trabajo quedaron corriendo de atrás. Lo cierto es que Amazon lleva años defendiendo que la robótica libera al empleado de los movimientos más duros y, al mismo tiempo, sus propios papeles dicen que la accidentología subió en los lugares más automatizados. El debate sobre el impacto real de la automatización en las condiciones de trabajo sigue abierto, y lo más probable es que la flota robótica siga creciendo al mismo ritmo que las preguntas.
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