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Domingo, 11 de octubre de 2026
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A contrapelo de la ciudad: la pareja que dejó los horarios corridos para volver a la tierra heredada

Silvana Aiello y Jorge Stelrrig se conocieron esperando a sus hijos en la puerta de un colegio y descubrieron que los dos habían crecido entre acequias y animales. Hoy sostienen a pulmón las tres hectáreas que ella heredó de su padre, en el límite entre Centenario y Vista Alegre, y proyectan dejarles a los chicos una chacra que aún no da ganancia pero ya les cambió la vida.

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Esteban ZapataSociedad y vida · · 5 min de lectura
A contrapelo de la ciudad: la pareja que dejó los horarios corridos para volver a la tierra heredada

La tranquera esta abierta de par en par y el pasto todavía esta humedo del riego de la madrugada. Son pasadas las siete de la manana y Silvana Aiello, de 47 anos, ya esta repartiendo alfalfa entre los conejos y revisando el agua de las gallinas ponedoras. A su lado, Jorge Stelrrig, de 53, carga una bolsa de alimento al hombro y mira de reojo un tractor viejo que hace meses no quiere arrancar. Detras de ellos, la casa familiar, sobre la calle 9, justo en el limite entre Centenario y Vista Alegre, en la provincia de Neuquen. Los dos llegaron ahi hace apenas tres anos, despues de casi dos decadas de juntar materiales de obra con lo que sobraba del sueldo, y todavia se sorprenden de haberse animado.

La historia empieza, como muchas historias de esta zona, en una puerta de colegio. Silvana y Jorge se conocieron hace diecinueve anos, mientras esperaban a sus hijos en la salida del turno tarde. Ella tenia tres nenes en edad escolar, el ya era padre de un chico mas grande. Empezaron a hablar de cosas de adultos y, casi sin querer, se encontraron en lo mismo: los dos habian crecido en casas donde se ordeñaba a la manana, donde la comida se sacaba del corral y donde las mesas eran largas porque siempre habia un peon mas sentado. Los dos venian de familias chacareras de Centenario y Vista Alegre, y los dos cargaban esa misma sensacion a la que cuesta ponerle nombre: la de haber quedado a medio camino entre el pueblo y la ciudad.

Una herencia que era tambien una decision

Cuando el padre de Silvana, Ricardo, fallecio, les dejo a los hijos tres hectareas que eran casi una postal del Alto Valle de otra epoca. Manzanos y perales viejos, un monte de olivillo que se fue armando solo durante el abandono y un humedal que la tierra armo cuando nadie podia trabajarla. La casa estaba parada pero necesitaba mucho amor. Durante anos, la pareja junto bolsas de cemento, hierros y ladrillos con lo que iba quedando libre de los sueldos. Compraban cuando podian. Esperaron. No querian hipotecarse para hacer las cosas bien, pero tampoco querian abandonar la idea de vivir como habian vivido sus viejos.

Hasta que hace tres anos se decidieron. Dejaron la casa del pueblo, se mudaron al campo y empezaron a armarlo como iban pudiendo. Hoy, en esas tres hectareas hay gallinas ponedoras, pollos parrilleros, conejos y una pequeña superficie sembrada con alfalfa. La diferencia con la generacion de sus padres es concreta y la dice Silvana con una mezcla de orgullo y cansancio: antes la chacra sostenia a la familia; ahora es la familia la que sostiene a la chacra. Los sueldos de ellos dos, ella como secretaria de una escuela tecnica desde hace casi veinte anos y el como empleado del area de educacion de la zona, son los que pagan el forraje, los animales y la poca mano de obra extra que necesitan para que el campo no se caiga.

“Vamos con los animales, juntamos el dinero para comprar alimento, gallinas ponedoras, pollos, y vamos buscandolle la vuelta. Antes no cumplian horario. Ahora uno tiene su trabajo, cumple, y a la tarde y los fines de semana atendemos los animales. Es otro tipo de estres.”Silvana Aiello
  • La pareja se conoce hace diecinueve anos, en la puerta de un colegio, mientras esperaban a sus hijos.
  • Viven en tres hectareas heredadas por Silvana, sobre la calle 9, entre Centenario y Vista Alegre.
  • Sostienen el campo con sus sueldos: ella es secretaria en una escuela tecnica y el trabaja en el area de educacion.
  • Crian gallinas ponedoras, pollos parrilleros y conejos, y siembran alfalfa para alimento.
  • Lucas, el hijo de 17 anos de Silvana, armo una incubadora artesanal y el ano pasado produjo 600 parrilleros.
  • El bisabuelo de Silvana llego desde Italia con 12 anos, cerca de 1920, y el abuelo fundo la chacra original.

Lucas, el hijo que ya eligio quedarse

Si hay alguien en esta historia que simboliza hacia donde va la chacra, es Lucas, el hijo menor de Silvana, que tiene 17 anos y estudia para tecnico mecanico. En el galpon de la casa, rodeado de herramientas, armo el año pasado una incubadora con sus propias manos. No la compro: la construyo. Ahi adentro nacieron los seiscientos pollos parrilleros que despues saco a faena y vendio en la zona, las gallinas ponedoras que hoy dan los huevos de la casa y los conejos que ya son casi un pequeno plantel. Lucas dice que cuando termine la secundaria quiere estudiar veterinaria. Quiere quedarse en la chacra. Para sus padres, esa frase es la mejor cosecha que dio la tierra en tres anos.

Jorge, mientras tanto, ya esta pensando en el paso siguiente. Tiene en mente plantar frutales y armar una vina para producir y vender en el mismo campo, sin intermediarios. Es la idea de volver a algo parecido a lo que vivio de chico, pero con otra logica: no para vivir de la tierra, sino para sumar una actividad que les permita sostenerla. Es la diferencia entre la generacion del bisabuelo, que vino de Italia con 12 anos cerca de 1920, y la de hoy: antes el campo era el unico horizonte; ahora es un proyecto que se hace a la tarde, despues del trabajo, y los fines de semana, con el reloj del empleo formal corriendo al fondo.

Vuelvo a mirar la escena con la que arranque la nota: Silvana y Jorge siguen repartiendo alfalfa a la sombra de los sauces que limitan con el canal de riego. Lucas esta del otro lado del galpon, limpiando el piso despues de sacar la ultima tanda de pollitos. La tranquera sigue abierta de par en par. No es una chacra que todavia de ganancia ni de sobra, y ellos lo dicen con todas las letras. Es, en todo caso, la decision de una pareja de 40, 50 y 60 anos de volver a vivir como los criaron, a costa de meter el cuerpo hasta en los dias de lluvia. Por ahora les alcanza con eso: con saber que, cuando Lucas termine la secundaria, va a haber tres hectareas esperandolo, con una incubadora artesanal y todo.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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