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Martes, 13 de octubre de 2026
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Visión busca su propio destino en una serie que también parece perderse en el intento

La nueva apuesta de Disney+ pone a Paul Bettany y James Spader como dupla central de una historia que arranca con encanto en Edimburgo pero se ahoga en sus propios diálogos explicativos. Un repaso, en primera persona, por lo que funciona y lo que no de VisionQuest.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval · · 5 min de lectura
Visión busca su propio destino en una serie que también parece perderse en el intento

A veces uno se sienta frente al televisor con la expectativa de reencontrarse con un personaje que le fue marcando el camino de los últimos años, y eso fue exactamente lo que me pasó cuando vi el primer capítulo de VisionQuest, la nueva serie de Disney+ que recupera a Visión cinco años después de su última aparición. El arranque tiene algo de película europea: el sintezóide, ya sin el escudo del barrio de Westview ni los colores estridentes de su pasado, se gana la vida como empleado de un pub en Edimburgo, una ciudad gris, perfecta para alguien que está tratando de descubrir quién es cuando nadie lo mira. La postal es hermosa y la propuesta, en los primeros minutos, atrapa.

Pero lo que arranca como un cuento intimista va mutando hacia un laberinto de ideas que la serie no termina de ordenar. Terry Matalas, el director de Star Trek: Picard que toma las riendas de este relato, se nota cómodo con los dilemas filosóficos de la inteligencia artificial, pero también se nota que se enamora de cada uno de ellos y no quiere soltar ninguno. Aparecen los acuerdos de Sokovia como referencia permanente, se cruza el dilema del barco de Teseo, se habla de memoria, de identidad y de paternidad, todo en el mismo parlante y casi siempre en boca de personajes que parecen más docentes de filosofía que personas de carne y hueso.

Lo que funciona: la dupla Bettany-Spader y un villano con peso

Es imposible no destacar la química entre Paul Bettany y James Spader. La relación paternofilial que se construye entre Visión, Ultrón y Tommy, el joven carterista londinense que aparece arrastrando recuerdos de una vida que nunca vivió, sostiene el costado más humano de la serie. Hay escenas entre los tres que tienen una ternura genuina, casi de película de Stephen Frears, y ese es el VisionQuest que uno quisiera ver durante los ocho episodios. La aparición de Yocasta, interpretada por T'Nia Miller, aporta además una tensión poco habitual en el universo Marvel: es un personaje que incomoda, que mira de costado, y que deja la sensación de que la producción podría haber apostado todavía más por el thriller psicológico.

Ultrón, encerrado en ese espacio interior que Visión recorre cada vez que duerme, funciona como contrapunto irónico y como espejo oscuro. Spader le pone esa voz de terciopelo venenoso que ya le conocimos, y vuelve a demostrar por qué es uno de los actores más disfrutable del Hollywood de las últimas décadas. Cuando los dos están en pantalla, la serie respira.

Lo que no funciona: el exceso de explicaciones

El problema, y es un problema grande, es que VisionQuest es una serie muy expositiva. Los personajes no actúan, disertan. Antes de cada escena de acción hay un párrafo explicativo; después, otro. Y al final lo que queda es la sensación de estar leyendo un cómic con demasiado texto en los globos. La trama orbita alrededor de varias ideas interesantes, pero no desarrolla ninguna con la profundidad que merece. Se mencionan los acuerdos de Sokovia, se los invoca, pero no se los explica. Se cruza el barco de Teseo, se lo nombra, pero no se lo trabaja. La inteligencia artificial sueña, recuerda, se enamora, todo al pasar.

A eso se suma un villano menor, Paladin, un mercenario de élite contratado para capturar a Visión, que cumple su rol de amenaza física pero no llega a inquietar. Queda como un obstáculo funcional dentro de un esquema que, cuando quiere subir la apuesta, termina recurriendo al diálogo en lugar de a la imagen.

El lugar de la serie en la trilogía informal de Wanda Maximoff

Si uno mira la trilogía informal que forman WandaVision, Agatha, ¿quién si no? y esta entrega, VisionQuest ocupa, para mí, el último lugar. No es una mala serie: es entretenida, tiene momentos genuinamente emotivos, y la dupla Bettany-Spader justifica el visionado. Pero al igual que su protagonista, la producción parece buscar una razón de ser que no termina de encontrar. Visión quiere saber quién es sin los recuerdos de Wanda, y la serie quiere saber qué decir sobre la inteligencia artificial sin las muletas del MCU clásico. Ninguno de los dos lo consigue del todo.

Mi recomendación, en criollo

Si sos fan de Visión y te quedaste con ganas de más después de WandaVision, dale play. Vas a encontrar al personaje que querés ver, y la química con Spader es un regalo. Pero andá con la guardia baja: es una serie para mirar sin apuro, ideal para una noche de semana, y con la disposición de aceptar que no todas las preguntas van a tener respuesta. Como le pasa al propio Visión en su pub de Edimburgo, uno la ve, la disfruta, y se queda pensando en qué podría haber sido.

  • VisionQuest ya está disponible en Disney+, con Paul Bettany como Visión y James Spader como Ultrón en estado puro.
  • La historia se ubica cinco años después de la última aparición de Visión en el Universo Cinematográfico de Marvel.
  • La dirección corre por cuenta de Terry Matalas, responsable de Star Trek: Picard, lo que se nota en el tono filosófico.
  • La dupla Bettany-Spader y la relación paternofilial con Tommy son, para esta cronista, lo mejor de la serie.
  • El mayor tropiezo es el exceso de diálogos explicativos y la acumulación de ideas que no llegan a cerrarse.

Yo, mientras tanto, me quedo con la imagen del pub de Edimburgo, con la luz baja, con Visión secando un vaso de cerveza mientras piensa en quién fue. Esa postal, sola, ya valía la espera. Lo que vino después fue un poco de ruido, algo de trova, y un final abierto que, como siempre en Marvel, nos deja con la pregunta del millón: ¿creés que esta productora logra cerrar bien las historias de sus personajes secundarios, o siempre queda algo dando vueltas en el aire?

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval

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