Una taza que puede robar el sueño: lo que la cafeína les hace a los adolescentes y por qué conviene mirar más allá del café
Especialistas de Yale sostienen que un exceso de cafeína en menores puede traducirse en insomnio, temblores, palpitaciones y un rendimiento escolar que se cae. Recomendaron revisar no solo el café, sino también bebidas energéticas, chicles y sobres saborizados, y prestar atención a los horarios de consumo y al uso de pantallas antes de dormir.

Me toca verlo seguido en la consulta, en la casa de un amigo o en la mesa familiar de un domingo: un adolescente que no puede pegar el ojo a la noche, que llega a la escuela con la cara lavada por el cansancio o que se sirve otro vaso de algo oscuro antes de sentarse a estudiar. A veces, detrás de esa imagen que parece rutina, hay un detalle que pasa desapercibido: la cantidad de cafeína que consume a lo largo del día, que no siempre llega en una taza de café.
Lo advierten desde la Universidad de Yale, donde un equipo de especialistas viene poniendo el foco en un consumo que, según sostienen, suele subestimarse. Para la neumonóloga y especialista en sueño Sabhyata Agrawal, cuando un chico o una chica tiene dificultades para dormir, está nervioso, presenta temblores o empieza a mostrar un desempeño escolar que cae, vale la pena detenerse y revisar qué está tomando, más allá del café de la abuela o del cortado de la esquina.
Señales que conviene no pasar por alto
- Dificultades para conciliar el sueño o despertares nocturnos.
- Nerviosismo, temblores o una inquietud que no se explica.
- Palpitaciones y molestias digestivas después de ciertas bebidas.
- Ansiedad creciente y bajón en el rendimiento escolar.
Agrawal también señala que un exceso puede provocar palpitaciones, malestares digestivos, inquietud y ansiedad, un combo que, cuando se cronifica, termina alimentando el propio cansancio que se quiso combatir. No se trata, aclaran las especialistas, de satanizar a la cafeína ni de convertir cada merienda en una escena de policía, sino de entender que en los adolescentes los efectos pueden aparecer con cantidades menores que en los adultos.
Dónde se esconde la cafeína que los chicos toman sin darse cuenta
Porque la cafeína no vive solo en el café. También se cuela en bebidas energéticas, gaseosas, chocolate, chicles y, sobre todo, en esos sobres saborizados que crecieron como espuma en las últimas temporadas. Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría de Yale, explica que los sabores dulces y frutales disimulan el amargor y pueden tentar a los más jóvenes a probar de nuevo. Según el producto, un solo sobre puede aportar entre 50 y 200 miligramos de cafeína, una cifra que se suma rápido cuando el consumo se repite.
“Los sabores dulces y frutales disimulan el amargor y pueden favorecer que los jóvenes los prueben.”Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría de Yale
Ahí aparece otra de las recomendaciones que me parece clave: revisar las etiquetas con los chicos, no para asustarlos, sino para construir juntos un mapa real de lo que entra al cuerpo. A veces el dato sorprende incluso a los propios padres.
La hora importa tanto como la cantidad
Agrawal describe un reloj interno que conviene conocer. La cafeína empieza a actuar entre 30 y 45 minutos después de ingerirla y, entre cinco y seis horas más tarde, todavía queda en el organismo cerca de la mitad de lo que se tomó. Por eso, la recomendación práctica es evitar su consumo después de las 13 o las 14, según el horario habitual de descanso. Un café a las cinco de la tarde puede seguir dando vueltas a las once de la noche, cuando el cuerpo debería empezar a apagarse.
Ese mecanismo se cruza, además, con un cambio propio de la adolescencia: el reloj biológico se va corriendo hacia horarios más tardíos y hace más difícil levantarse temprano. Si el cansancio empuja a buscar un nuevo estimulante, el alivio transitorio vuelve a retrasar el descanso y al día siguiente el agotamiento se paga doble. Es la rueda que muchos conocen y que, vista de cerca, cuesta romper.
Qué sugieren los especialistas para cada edad
- Evitar la cafeína antes de los 18 años, según recomienda Jennifer Jiyun Park, investigadora del Departamento de Psiquiatría de Yale.
- Excluir las bebidas energéticas de la alimentación de niños y adolescentes.
- Prestar atención al consumo durante sesiones de videojuegos, donde puede responder tanto al deseo de mantenerse despierto como a una costumbre compartida con otros jugadores.
- Cuidar las rutinas nocturnas y reducir la luz de pantallas, que disminuye la producción de melatonina.
- Revisar etiquetas de chicles, sobres saborizados, gaseosas y chocolates para dimensionar el consumo real.
Vuelvo a la mesa del domingo. Si en lugar de mirar para otro lado me tomo cinco minutos para preguntar qué tomó mi hijo durante el día, si jugaba con la consola hasta tarde, si después del colegio se abrió una gaseosa o se preparó un sobre de esos que parecen inofensivos, capaz empiezo a entender por qué le cuesta dormir. No se trata de prohibir por prohibir, sino de conversar, de revisar juntos las cantidades y los horarios y, sobre todo, de recordar que en la adolescencia la cafeína pega distinto, pega más fuerte y, muchas veces, pega donde menos se la espera.
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