Una sala alquilada, seis espectadores y un misterio enterrado en el desierto: la historia insólita de «Zyzzyx Road»
Antes de que Katherine Heigl fuera la doctora Izzie Stevens y Tom Sizemore se consagrara como secundario de lujo, los tres coincidieron en un thriller de bajo presupuesto que debutó en un cine de Dallas y recaudó 30 dólares. Igual, terminó dando ganancias.

Me imagino la escena y todavía me cuesta creerla: una sala vacía, una pantalla enorme y un solo proyector funcionando para seis personas que pagaron cinco dólares cada una. Eso fue todo. La función del mediodía en el Highland Park Village Theater de Dallas, un 25 de febrero de 2006, se vendió como un estreno clásico, pero terminó pareciéndose más a una proyección privada para amigos despistados. El resultado final, treinta dólares en la caja, se convirtió con los años en una de las anécdotas más recordadas de la industria cinematográfica, aunque la película en cuestión, «Zyzzyx Road», haya quedado en el olvido para la mayoría.
La historia que cuenta es bien simple y, al mismo tiempo, bastante retorcida. Una pareja formada por Leo Grillo y Katherine Heigl mata al ex novio de ella y decide esconder el cuerpo en la carretera que le da título a la película, una vía desértica con un nombre impronunciable que parece inventado pero existe en el mapa. Cuando vuelven a buscar el cadáver, ya no está. Y ahí empieza el problema. Escrita, producida y dirigida por John Penney, la película se rodó en apenas veinte días del verano de 2005 en el desierto de Mojave, con un presupuesto ajustado de 1,2 millones de dólares, el clásico número que en Hollywood equivale a una producción pequeña pero no insignificante.
Los nombres que nadie esperaba ver juntos
Lo más llamativo del reparto es, sin dudas, la coincidencia de tres carreras en un mismo punto. Katherine Heigl aceptó el papel después de que Thora Birch lo rechazara, en una época en que Heigl todavía no había filmado el piloto de «Anatomía de Grey», la serie que la transformaría en estrella mundial. Tom Sizemore, en tanto, llegaba con un currículum que ya incluía «Rescatando al soldado Ryan» y «Heat», dos títulos que lo habían puesto en la primera línea de los character actors de Hollywood. Y Leo Grillo, el protagonista masculino, no era un actor cualquiera: era un empresario y defensor de los derechos de los animales, acostumbrado a producir contenido ligado a la fauna, que además había puesto parte de su propio dinero para que el proyecto existiera.
La estrategia que nadie entendió
- Grillo alquiló la sala del Highland Park Village Theater por mil dólares para una semana completa de funciones al mediodía.
- Las entradas se vendían a cinco dólares, lo que daba un tope teórico de recaudación muy bajo.
- El objetivo no era el público estadounidense sino generar el certificado de estreno en Estados Unidos, requisito para vender la película en el mercado internacional.
- En una semana, pasaron por la sala seis personas en total, lo que dejó una recaudación bruta de 30 dólares.
- Grillo les reintegró el dinero a dos de ellas, entre quienes estaba la maquilladora Sheila Moore con una amiga, por lo que la caja final fue de 20 dólares.
- Los derechos internacionales de DVD terminaron sumando unos 368.000 dólares en 23 países, varias veces lo invertido en el estreno local.
Cuando uno repasa los números, la operación termina siendo menos absurda de lo que parece a primera vista. La exhibición en Dallas no estaba pensada para ganar dinero con las entradas, sino para obtener la calificación necesaria y poder vender la película afuera. Funcionó: los 368.000 dólares que llegaron después desde 23 países distintos convirtieron a la fallida premiere en una anécdota rentable, aunque con una escala muy distinta a la que el cine mainstream maneja todos los días.
Me gusta pensar en esa sala casi vacía como una postal de un Hollywood que ya casi no existe, aquel en el que un guion modesto podía juntarse con actores de peso por poco dinero y terminar encontrando público en algún rincón del planeta. Hoy, con las plataformas globales y los algoritmos marcando la agenda, una historia así parece imposible de repetir. Si te cruzás con «Zyzzyx Road» en algún catálogo de streaming o en una tienda de DVDs usados, te diría que le des una oportunidad por pura curiosidad cinéfila: pocas veces se ve en una misma película un misterio de pareja, un desierto cinematográfico y una lección de cómo se cocina un estreno en los márgenes de la industria.
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