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Una película que cruza el mostrador: lo que se ve de Malvinas cuando se filma desde el otro lado

El cineasta Pablo Aparo convivió cinco meses con los kelpers, ganó dos premios en el BAFICI con "Los vencedores" y todavía puede verse en salas de Buenos Aires, La Plata, Rosario y Córdoba. Crónica de un viaje a un lugar donde la guerra sigue viva en la mirada de cada vecino.

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Esteban ZapataSociedad y vida · 10 DE SEPT DE 2026 · 4 min de lectura

Me toca contarles algo que me tuvo varios días dándole vueltas a la cabeza, porque la pregunta es más incómoda de lo que parece y la respuesta que ofrece el cine es todavía más incómoda. Hace un rato, en una sala del centro porteño donde todavía se proyecta un documental argentino que ya ganó premios en un festival internacional, un puñado de espectadores vio en pantalla algo que en la Argentina casi nunca vemos: la vida cotidiana de los kelpers, narrada por ellos mismos, sin la cámara escondida detrás de un montaje patriotero. El documental se llama "Los vencedores" y lo firman Pablo Aparo y un equipo pequeño que, antes de empezar a rodar, tuvo que decidir si era posible hacer este viaje sin traicionarse a sí mismo.

Aparo tiene cuarenta años y una curiosidad que, por lo que se advierte en la película, le viene de lejos. Se la hizo una y otra vez antes de subirse al primer avión: con apenas tres mil quinientos habitantes civiles viviendo en las islas Malvinas, cifra comparable a la cantidad de efectivos militares que los británicos tienen estacionados de forma permanente en la base aérea de Mount Pleasant, ¿cómo se organiza esa vida ordinaria? ¿Cómo se desayuna, cómo se va a la escuela, cómo se festeja un casamiento cuando hay una instalación bélica de ese tamaño a pocos kilómetros de la cocina de uno? Para responderla no le alcanzó con una visita. Viajó tres veces. La primera, en 2020, duró diez días. Las siguientes, en 2023 y 2024, le demandaron cinco meses en total de convivencia real, con permisos gestionados ante la Administración de Malvinas y con la expectativa de que mucha gente le dijera que no.

Matt, el terrateniente que abrió la puerta

La escena que abre el documental lo muestra casi en tiempo real. Aparo arriba a la isla, golpea puertas, se topa con un recibimiento desparejo: algunos isleños colaboran, otros le piden que apague la cámara, otros directamente le bloquean el acceso a ciertos lugares. Hasta que llega a una granja perdida en medio de las montañas, propiedad de Matt, un terrateniente conocido en las islas por expresar sin filtro su rechazo hacia la Argentina. Matt fue el único que aceptó la solicitud de filmación. Esa misma tarde, según reconstruye el propio realizador, ya estaba durmiendo en la casa del isleño. Lo que sigue es lo que vuelve a "Los vencedores" una película en singular: la cámara se queda ahí, días y días, registrando cómo se ordeñan las ovejas, cómo se habla del clima, cómo se mira al extranjero que llegó desde el continente con el que Matt no quiere tener nada que ver.

“Yo estaba parado al lado de un hombre que había sido encerrado por soldados argentinos, en su propia isla, y tenía que preguntarle si me dejaba filmarlo. La distancia entre las dos cosas es la película.”Pablo Aparo, director de "Los vencedores"

El momento más áspero del documental llega cuando ambos, Aparo y Matt, visitan juntos el Salón de la Pradera del Ganso, el sitio donde en mayo de 1982 el Ejército argentino mantuvo encerrados a los isleños, varias familias enteras, durante semanas. La sola presencia de un argentino en el lugar provocó que varios asistentes se levantaran y se fueran. La cámara queda registrando el silencio incómodo que dejó esa retirada, y ese silencio, a mi entender, es lo más honesto que tiene la película: no embellece la tensión, no la resuelve con un planooppy ni con una música que empuje al espectador a emocionarse del lado que tenga que emocionarse. La deja working.

Datos que circulan poco en la Argentina

"Los vencedores" recogió además cartas que soldados argentinos escribieron a los propios kelpers, redactadas en inglés elemental, pidiendo comida o abrigo. Son papeles que rara vez aparecen en los archivos a los que tenemos acceso desde Buenos Aires, y que el documental muestra sin subrayado dramático, como si fueran pruebas dentro de un expediente. A mí, que llevo años leyendo sobre Malvinas desde la orilla rioplatense, me obligaron a cambiarle el marco a varias ideas que tenía medio armadas.

Antes de cerrar, una recomendación práctica: la película ganó dos premios en el BAFICI, tuvo funciones en el Malba y esta semana todavía puede verse en salas de la Ciudad de Buenos Aires, La Plata, Rosario y Córdoba; conviene chequear la cartelera de cada sala porque la programación suele cambiar semana a semana. Y dejo flotando la pregunta con la que arranca la nota, la misma que la película no pretende responder pero que a mí, después de verla, me costó sacarme de encima: ¿cambiaría algo en la imagen que tenemos de las islas verla, aunque más no sea una vez, desde la perspectiva de quienes viven ahí?

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Esteban ZapataSociedad y vida

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