Tres millones de dólares y un mercado que se triplicó: cómo Quilmes se mete de lleno en las cervezas sin alcohol
La cervecera amplió su planta de Zárate con tecnología importada para producir variedades 0.0, sin gluten y saborizadas. El segmento pasó de representar el 1% al 3% del consumo total en apenas dos años y ya rivaliza en góndola con las etiquetas premium.

Tres millones de dólares fue la cifra que Cervecería y Maltería Quilmes volcó sobre su planta de Zárate, ubicada a menos de cien kilómetros de Buenos Aires, con el objetivo de robustecer una línea de productos que venía creciendo en silencio dentro del mercado argentino de cervezas. La inversión se destinó íntegramente a incorporar una dealcoholizadora de última generación y a readecuar las instalaciones para elaborar, además de las variantes sin alcohol, cervezas sin gluten y nuevas propuestas con sabores frutales que la compañía comenzó a desplegar en las góndolas del país durante las últimas semanas.
El movimiento responde a una reconfiguración del consumo que los propios reportes internos de la empresa lograron dimensionar con claridad. De acuerdo con datos difundidos por Quilmes, el segmento de cervezas sin alcohol pasó de representar poco más del 1% del mercado cervecero argentino en 2024 a ocupar hoy el 3% del total de unidades vendidas en el país, lo que equivale a triplicar su participación en apenas dos años. La magnitud del fenómeno se aprecia con un indicador concreto: una de cada diez unidades de Corona que se comercializan en Argentina ya corresponde a su versión sin alcohol, dentro de un portafolio que la firma describe como mayoritariamente compuesto por consumidores que alternan con la cerveza tradicional.
Tecnología importada para un proceso de bajo punto de ebullición
La nueva línea de Zárate, basada en una tecnología de origen europeo, emplea un sistema de destilación al vacío que permite retirar el etanol de la cerveza a temperaturas inferiores a las habituales, con el propósito de preservar intactos los compuestos aromáticos del mosto original. Sobre ese equipamiento, la planta elaboró Quilmes 0.0, Corona Cero y Stella Artois 0.0, las tres etiquetas con las que el grupo busca consolidar su presencia en un nicho que, según el reporte de la compañía, representa el 68% del total de bebidas con algún grado alcohólico que se venden bajo el rótulo de sin alcohol.
El perfil del consumidor típico de 0.0, según el mismo relevamiento, es el de alguien que mantiene el hábito de tomar cerveza y opta por la versión sin alcohol en situaciones puntuales: el 85% de quienes la eligen declara consumir también cerveza con graduación alcohólica tradicional, lo que para los analistas del sector configura una categoría complementaria antes que sustituta.
Precios en góndola: el segmento se posiciona cerca de las premium clásicas
- Quilmes 0.0 lata de 473 mililitros: alrededor de 2.400 pesos.
- Stella Artois 0.0 botella de 330 mililitros: aproximadamente 2.100 pesos.
- Corona Cero pack de seis porrones de 330 mililitros: cerca de 16.900 pesos, lo que equivale a unos 2.800 pesos por unidad.
- Michelob Ultra lata de 473 mililitros, primera cerveza sin gluten producida localmente: 2.600 pesos.
- Brahma FT lata de 473 mililitros, variedad dulce con notas de limón y pomelo: 2.129 pesos.
- Flying Fish lata de 473 mililitros, marca de origen sudafricano con agregado de jugo de limón: 2.900 pesos.
Los valores de lista ubican a todas estas especialidades en un rango comparable al de las cervezas premium convencionales, lo que para los equipos comerciales de la firma constituye una señal de consolidación del segmento. En el frente sin gluten, el grupo destaca que Michelob Ultra fue el primer producto elaborado localmente, inicialmente en la planta de Tucumán y luego también en Zárate, y que Stella Artois Pure Gold se sumó como la segunda opción libre de gluten del portafolio.
El capítulo más reciente lo protagonizan las cervezas dulces. Hace pocas semanas desembarcó en el mercado local Brahma FT, con notas de limón y pomelo, y comenzó a fabricarse en el país Flying Fish, una etiqueta de origen sudafricano pensada como mezcla de cerveza y jugo de limón, en una apuesta que la compañía justifica como una manera de diversificar la oferta frente a la creciente competencia de bebidas saborizadas.
Las primeras reacciones de los equipos técnicos de Quilmes sugieren que la operación en Zárate podría ampliarse en función de cómo evolucione la respuesta del público durante la temporada estival, aunque la firma todavía no difundió metas de volumen ni plazos concretos para una nueva etapa de inversiones. Resta confirmar, además, cómo impactará la nueva oferta en los márgenes del negocio tradicional, donde la presión tributaria y los costos logísticos continúan siendo las variables que la propia compañía monitorea con mayor atención en cada campaña.
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