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Jueves, 15 de octubre de 2026
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Tapar el agujero no alcanza: la conversación que puede evitar una infestación de roedores en la casa

Un responsable técnico de una empresa de control de plagas explica qué selladores sirven, cuáles son los errores más comunes en los hogares y por qué los remedios caseros no resuelven el problema. También el paso a paso para limpiar excrementos sin levantar polvo contaminado, un riesgo que casi nadie conoce.

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Esteban ZapataSociedad y vida · · 4 min de lectura
Tapar el agujero no alcanza: la conversación que puede evitar una infestación de roedores en la casa

Acomodo el teléfono, me sirve un café y empiezo la entrevista con la misma sensación que tengo cada vez que hablo de plagas: la de que vamos a demoler un montón de mandatos domésticos. Del otro lado, un responsable técnico de una empresa de control de plagas, tranquilo, didáctico, me dice lo que ya intuyo: que cuando aparece un ratón o una rata en una casa, lo primero que falla no es la suerte sino algo tan simple como un burletes viejo o una caja de cartón arrumbada en el depósito. La escena es esa, una oficina técnica, y la charla, apenas arranca, se pone seria.

Porque el error más extendido, me explica, es creer que con tapar un agujero alcanza. La espuma de poliuretano, esa que se vende en cualquier ferretería y que todos tenemos incorporada como solución definitiva, sirve para rellenar pero tiene una limitación concreta: los roedores pueden roerla. Así, sin más. Por eso la indicación técnica es combinarla con una barrera física, malla metálica o lana de acero, y recién después aplicar la masilla. Sin esa primera capa, el trabajo queda a medias y el ratón vuelve a entrar como si nada.

Los puntos de ingreso que casi nunca se miran

  • Los burletes deteriorados debajo de las puertas, una vía mucho más frecuente de lo que parece.
  • La vegetación pegada a la fachada, que oficia de puente y de escondite.
  • Las cajas de cartón apiladas en depósitos, lavaderos o garages, que les sirven de nido.
  • Las pequeñas fugas de agua, que les garantizan un punto de hidratación permanente.
  • El alimento de mascotas que queda al alcance durante la noche, un atractivo difícil de resistir.
  • Una vivienda ordenada y limpia puede tener una infestación si alguno de esos accesos queda abierto. La limpieza no es garantía si la entrada sigue abierta.

Ahí, en medio de la charla, aparece lo que más me interesa como periodista y como vecino: los famosos remedios caseros que circulan por redes y grupos de WhatsApp. Le pregunto por la menta, el vinagre, los aparatos de ultrasonido que se enchufan y hacen un ruido agudo que no se escucha pero se supone que espanta. La respuesta llega con una sinceridad que agradezco: ninguno de esos métodos ofrece resultados duraderos. La menta y el vinagre no repelen de forma sostenida. Los ultrasonidos no atraviesan paredes ni muebles, y los roedores pueden acostumbrarse al estímulo sonoro con el paso de las semanas. Las trampitas de resorte, esas que se ven en las películas, sirven para capturar un ejemplar aislado, pero no controlan una infestación. Y las trampas adhesivas, las de pegamento, le generan un sufrimiento innecesario al animal sin resolver el foco del problema. Nada de eso reemplaza, según su mirada, a la tarea básica de localizar y cerrar los puntos de entrada.

Cómo limpiar excrementos sin levantar polvo contaminado

Y acá viene el tramo de la conversación que me dejó pensando, porque tiene que ver con algo que la mayoría hacemos mal sin saberlo. Cuando ya hay rastros, la limpieza exige un procedimiento específico que va mucho más allá de agarrar un trapo de piso. El primer paso es ventilar el ambiente durante al menos treinta minutos antes de ingresar al lugar afectado. Luego hay que colocarse guantes y protección para las vías respiratorias, humedecer los excrementos con un desinfectante apropiado, esperar que el producto actúe y retirarlos con papel, sin contacto directo. Lo que jamás debe hacerse, y esto lo recalca con énfasis, es barrer en seco ni usar aspiradora. Las dos acciones levantan polvo con partículas potencialmente infecciosas que se inhalan sin que uno lo note. Esa es la parte que más me llamó la atención y que creo vale repetir: la advertencia sobre el polvo que se respira sin darse cuenta.

Antes de cortar, le pido que me deje un mensaje claro para los lectores que están lidiando con esto en su casa. Habla con la misma calma de toda la entrevista y recuerda que los roedores pueden transmitir enfermedades a través de la orina, los excrementos y las mordeduras, y que además introducen parásitos como pulgas, garrapatas y ácaros. Si los rastros se repiten o se sospecha que el foco está en la red de alcantarillado, lo recomendable, insiste, es recurrir a un servicio profesional de control de plagas. Vuelvo a mi café con la sensación de que la nota sirvió para algo: para dejar de tratar a las ratas como un problema de mala suerte y empezar a pensarlas como lo que son, un problema de sellado, de orden y, sobre todo, de información que muchas veces nos falta.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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