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Jueves, 15 de octubre de 2026
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Steven Seagal se calzó la placa en Texas: el día que el karateca de Hollywood se hizo custodio de la frontera

De los sets de filmación a los operativos del condado de Hudspeth, el actor desplegó su training japonés en tareas de vigilancia real, según contaron las autoridades locales.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval · · 4 min de lectura
Steven Seagal se calzó la placa en Texas: el día que el karateca de Hollywood se hizo custodio de la frontera

Lo, muchachos: el tipo que en los noventa nos vendía cintas como Hard to Kill o Under Siege, pegándole patadas imposibles con cara de piedra, ahora aparece en medio del desierto texano, chaleco puesto y ojo clínico, marcando presencia en un operativo de control fronterizo. Hablo de Steven Seagal, sí, el mismo al que muchos tenían archivado en el cajón de los recuerdos ochentosos. Lo que pocos sabían es que ese viaje desde los estudios de Hollywood hasta las arenas del condado de Hudspeth había empezado mucho antes de que la cámara lo encendiera como estrella.

Según contaron las autoridades de la zona, el actor se metió de lleno en tareas de seguridad, incluso con armas de precisión, siempre bajo el techo institucional y la supervisión directa de los oficiales del orden que encabezan los operativos. La movida no fue un cameo con prensa al lado ni una excusa para sacarse selfies: los propios agentes remarcaron que Seagal se ganó las jornadas a fuerza de currar, no de figurar.

Un compromiso que las fuerzas del condado defendieron en público

Desde la fuerza local dejaron bien claro el porqué de la incorporación, que nada tenía que ver con un golpe de marketing personal. En palabras de un efectivo que trabajó hombro a hombro con él: "Está aquí porque le importa el país y quiere contribuir como cualquier otro residente." Nada de showbusiness ni contratos rimbombantes: lo pintaban como un vecino más, con uniforme y todo, sumándose a la rutina con la misma naturalidad con la que antes se subía a un ring cinematográfico.

La comunidad, claro, reaccionó en tono dividido. Algunos vecinos se frotaban los ojos al cruzárselo fuera de su ecosistema glamoroso; otros celebraban verlo meterse en harina con los suyos. Pero más allá de los chusmeríos, los reportes de las fuerzas remarcaron que sus aportes en los despliegues fueron tan serios como los del resto del equipo. Lo que terminó por aplacar las suspicacias iniciales.

La herencia japonesa, una escuela que se nota en el uniforme

Para mí, lo más jugoso de toda esta historia pasa por el costado marcial, que es lo que le da a Seagal una pinta distinta a la de cualquier famoso que se prueba la gorra. El pibe arrancó a los cinco años, cuando vio una demostración que le encendió la mecha, y a los 17 se mandó solo a Japón, sin tirar una palabra del idioma ni tener un contacto a mano, a buscar formación con maestros de los de antes. Tras años puliendo técnica en dojos tradicionales, se sacó el cinturón negro y llegó hasta el séptimo Dan en Aikido, una disciplina que el propio actor suele describir como el camino de la energía y la armonía, lejos de la brutalidad de las patadas que le explotaban las marquesinas.

Esa formación nipona le dejó el ojo afinado para el control y la precisión por sobre el golpe bruto, y eso, dicen los que lo vieron en terreno, se notó a la hora de plantarse en los operativos. Su manera de encarar las tareas fue buscar eludir los choques frontales, muy en línea con la filosofía del arte marcial que lo crió. Incluso fundó una academia en Japón, que hoy sigue en pie y queda a cargo de su exesposa, Miyako Fujitani, otro capítulo que pinta la profundidad de su vínculo con el Lejano Oriente.

Esta historia, contada desde el llano, deja picando una pregunta que vale la pena masticar despacio: cuántas veces una carrera artística puede convertirse en la puerta de entrada hacia un rol genuino dentro del servicio público, sin que el reflector tape el resto. En el caso de Seagal, los oficiales consultados insisten en que lo que se vio en Hudspeth fue, ante todo, trabajo. Lo que cada uno quiera leer ahí es harina de otro costal.

Si te enganchó el costado más humano de Steven Seagal, te sugiero rastrear los documentales sobre su paso por los dojos de Japón y leer las entrevistas que dio sobre su mudanza a Texas, donde él mismo se encarga de bajarle el tono épico a su propia aventura. Sirve para entender por qué, al menos en los papeles que dejó firmados con las autoridades, este visitante pesado de Hollywood lleva años laburando en silencio. Quien te cuenta esto, Ludmela Pintos, los despide hasta la próxima.

LP
Ludmila PintosCultura y carnaval

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