Salarios le ganan a la inflación desde hace cinco meses, pero el consumo sigue esperando su turno
La suba de agosto fue de 1,7% y los sueldos acumulan cinco meses de mejora real. Aun así, los hogares canalizan el ingreso extra al dólar, el crédito continúa contraído y la reactivación del gasto interno no termina de consolidarse.

Por Ricardo Fiorotto. La inflación de agosto se ubicó en 1,7% mensual, el registro más bajo en un prolongado período de estabilidad de precios y un dato que trajo alivio a los bolsillos que venían perdiendo la carrera contra las góndolas. En paralelo, los salarios acumulan cinco meses consecutivos de suba por encima de la inflación, de acuerdo con el análisis que difunde mensualmente la consultora Firmat, dirigido por el economista Fernando Marull. En el papel, las condiciones están dadas para que el consumo rebote con fuerza. En los hechos, todavía no.
Marull lo resumió con una fórmula que resume el momento: "Los salarios ya acumulan cinco meses de recuperación real, en un contexto de descenso de la inflación. Pero se nota mucha cautela y ese rebote no está yendo al consumo". La frase condensa el núcleo del problema: el dinero extra que llega al bolsillo no se traduce, todavía, en mayor demanda de bienes y servicios.
A dónde va el peso que sobra
El principal destino es la compra de dólares para atesoramiento. Solo en julio, el público adquirió cerca de 3.000 millones de dólares con ese fin, un salto de casi 50% respecto de los meses previos, según datos de la misma consultora. Aproximadamente un tercio de esos billetes quedó depositado en cuentas bancarias en moneda extranjera; otro tercio salió del sistema financiero hacia el colchón o cajas de seguridad; el resto se aplicó al pago de los resúmenes de tarjetas en dólares.
El mecanismo es directo: cada peso que se transforma en divisa extranjera es un peso que no se destina a comprar un electrodoméstico, pagar una cena fuera del hogar o tomarse unas vacaciones. El ahorro preventivo en moneda dura opera como un freno explícito sobre el consumo interno, en un escenario donde la memoria de los saltos cambiarios recientes sigue activa.
El crédito no acompaña
- Los bancos mantienen niveles elevados de morosidad, heredados de los meses de mayor tensión financiera.
- Las entidades se muestran renuentes a prestar y concentran su oferta en clientes con historial impecable.
- El financiamiento al consumo sigue cayendo en términos reales.
- Se aguarda una baja de tasas en los próximos meses, pero la prudencia del sistema demora la traducción de esa mejora en mayor oferta crediticia.
La economía, de dos ritmos
El panorama para el segundo semestre no es de derrumbe, pero tampoco de rebrote rápido. Los sectores vinculados a exportaciones, como energía, agro y minería, crecen con dinamismo gracias al cambio favorable y a la mayor demanda externa. Industria y construcción, en cambio, acumulan retrocesos: en julio ambos sectores cayeron 5% interanual, una señal de que la mejora en los ingresos de los hogares todavía no derrama hacia la actividad interna.
Para los próximos meses, las proyecciones más compartidas apuntan a un escenario de precios estables o con subas moderadas, con salarios que podrían seguir ganando algo de terreno frente a la inflación. El consumo, en tanto, tardará en reactivarse mientras persista la incertidumbre que empuja a los hogares a dolarizar el ahorro. Queda por confirmar, de aquí a fin de año, si la baja proyectada en las tasas de interés se concreta y si los bancos deciden volver a prestar con mayor amplitud, dos condiciones necesarias para que el rebote finalmente se vea en las góndolas.
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