Rubén Rada se fue a los 83 y Montevideo lo despidió cantando, con el alma abierta y la clave de candombe
El Palacio Legislativo se colmó de familiares, colegas y público de varias generaciones para darle el último adiós al músico uruguayo. León Gieco, Natalia Oreiro y Ricardo Mollo viajaron desde la Argentina, cantaron frente al féretro y se sumaron a un homenaje que el propio Rada había pedido con tono de alegría.

Cuando todavía las puertas del Salón de los Pasos Perdidos no se habían abierto, ya se veía gente haciendo cola sobre la Avenida del Libertador. Eran las dos de la tarde del jueves 27 de agosto y Montevideo empezaba a despedir a Rubén Rada, el músico que durante más de seis décadas le cantó a su ciudad, a su gente y a su tiempo. Lo que yo vi y lo que me contaron colegas que estuvieron allí fue un velatorio que se pareció mucho a una gran fiesta colectiva, de esas que el propio Rada había imaginado para su adiós. Esa es, al menos, la imagen que me llevo de una jornada que atravesó el dolor pero que, sobre todo, fue un canto.
El Palacio Legislativo se convirtió durante siete horas en un escenario enorme y a la vez íntimo. Familiares, músicos de varias generaciones y público en general pasaron desde las 14.00 hasta las 21.00 por la puerta principal. La concurrencia fue tan grande que la gente empezó a acercarse mucho antes del horario de apertura, como si nadie quisiera perderse la oportunidad de darle el último saludo al Negro Rada.
Cantos frente al féretro y una visita presidencial
Entre los argentinos que viajaron estuvieron León Gieco, Natalia Oreiro y Ricardo Mollo. Alrededor de las 16.00, ese grupo se juntó con los hijos de Rada, su esposa Patricia Jodara y el compositor Jorge Nasser para cantar Blumana frente al féretro. Después sonó Muriendo de plena y, según me relataron, las voces del salón se fueron sumando de manera espontánea, con palmas marcando la clave de candombe. Ese instante, me dijeron, fue de los más fuertes de la jornada: una misa laica convertida en murga íntima.
“Esto no para, esto no para. Él era para arriba. Alegría, alegría.”Yamandú Orsi, presidente de Uruguay
El presidente Yamandú Orsi decretó duelo oficial para el jueves y pasó por el velatorio. En una rueda de prensa recordó el vínculo personal con el músico y destacó su capacidad de conectar con públicos muy distintos: contó una actuación en Corea y mencionó que los militares uruguayos que habían estado en el Congo solían cerrar la jornada escuchando Mi país. Orsi además contó que el propio Rada le había pedido que la despedida tuviera tono de alegría, algo que en sus palabras contrastaba con el carácter de los uruguayos. Nosotros somos medio apagaditos; él era para arriba, resumió.
Los hijos, el barrio y el último tramo
Matías Rada, uno de los tres hijos del músico, estuvo durante toda la jornada recibiendo las condolencias de quienes se acercaron al salón. Rada había fallecido el miércoles 26 a los 83 años, tras un mes de internación por una neumonía bilateral. Su figura, igual, desbordó el hospital mucho antes: lo confirmé al conversar con colegas montevideanos que lo venían despidiendo en redes, radios y desde el primer momento. El sepelio quedó previsto para el viernes 28, con un cortejo que partirá a las 11.00 desde la esquina de Isla de Flores y Santiago de Chile, en el barrio Palermo, rumbo al Cementerio del Norte. Una despedida a la altura de Palermo, su barrio histórico, con la sencillez que él siempre cultivó.
- El velatorio se extendió de 14.00 a 21.00 en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, con ingreso por Avenida del Libertador.
- Gieco, Oreiro y Mollo viajaron desde la Argentina y cantaron Blumana y Muriendo de plena junto a la familia.
- El presidente Yamandú Orsi decretó duelo oficial y destacó que Rada había pedido una despedida con tono alegre.
- El sepelio será el viernes 28, con un cortejo desde Isla de Flores y Santiago de Chile hacia el Cementerio del Norte.
Si me obligan a elegir una canción para despedirlo, me quedo con Muriendo de plena. La escuché sonar esa tarde en el Palacio Legislativo y me pareció la síntesis perfecta de lo que Rada fue: un tipo que le cantó a la vida con la certeza de que se está yendo, pero igual eligió plenitud. A los lectores que estén armando su playlist, les recomiendo arrancar por ahí, seguir con Blumana y cerrar con Mi país, en ese orden. Y si se cruzan con un viejo conocido del Palermo o de cualquier barrio montevideano, no se sorprendan si lo escuchan tararear con la voz quebrada y una sonrisa: así, creo yo, se despide a un Negro grande.
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