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Rolón y la trampa de vivir en el tiempo que no toca: ni en el pasado dorado ni en el futuro que nunca llega

El psicólogo y escritor repasó cómo la idealización de los recuerdos y la postergación eterna de los proyectos pueden robarle al presente la chance de sentirse bien. Una invitación a revisar de una vez qué lugar ocupa la vida que efectivamente estamos viviendo.

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Esteban ZapataSociedad y vida · 24 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Me pasó mientras lo escuchaba: me descubrí pensando en esa sobremesa de los domingos en lo de mi vieja, en el ruido de los platos, en la risa de mi viejo descompuesto de carcajadas después del segundo vaso de vino. Y entonces me pregunté, casi sin querer, qué era lo que realmente estaba guardando: si el recuerdo mismo o una versión embellecida, convenientemente editada, de ese rato. La escena apareció sola, sin aviso, mientras el psicólogo y escritor Gabriel Rolón desarrollaba una idea que, a primera vista, parece sencilla y que sin embargo tiene filo: la de que solemos vivir la vida que queremos vivir en un tiempo que no es el que nos toca.

La idealización como anestesia del presente

Rolón lo dijo con una imagen que a mí, particularmente, me quedó dando vueltas: describió que la memoria funciona como una especie de taller de edición, un “photoshopeo” de los recuerdos. La frase no fue casual. Lo que vino después, mucho más interesante: explicó que las personas solemos reconstruir a nuestros padres ya fallecidos con rasgos de nobleza y sensibilidad que tal vez no eran tan pronunciados cuando los teníamos en frente, o embellecer la infancia como si hubiera sido una etapa sin manchas, cuando a la distancia sabemos que no lo fue del todo.

“Hacemos como una edición, un photoshopeo de los recuerdos.”Gabriel Rolón

El problema, según planteó, no es ese ejercicio en sí, que es tan humano como inevitable. El problema aparece cuando alguien se aferra demasiado a esa postal retocada y, sin darse cuenta, deja de trabajar en la posibilidad de construir felicidad acá, en este rato que le toca. “Hay personas que desean más haber sido felices que ser felices”, resumió, con una frase que tiene la precisión de un bisturí.

Los proyectos: soñar, pero no postergar

Y ojo, aclaró algo que vale la pena subrayar: nadie está proponiendo tirar los sueños a la basura. Rolón fue enfático en que la expectativa de encontrar momentos de bienestar más adelante sigue siendo importante. Lo que discutió es la postergación permanente, ese “ya va a llegar”, “más adelante”, “cuando se acomoden las cosas”, que funciona como una excusa elegante para no sentarse a sentirse bien ahora.

  • Soñar con el futuro no es el problema; postergar la vida mientras se sueña, sí.
  • Recordar con cariño lo vivido forma parte de la historia personal y no tiene nada de malo.
  • Editar los recuerdos es un mecanismo tan humano que casi ni lo percibimos.
  • Quedarse viviendo en esa versión editada puede vaciar de contenido el presente.
  • La búsqueda de bienestar también puede y debería ocurrir acá, en el día de hoy.

Me quedo pensando en mi propia sobremesa editada, en el padre que recuerdo más noble de lo que probablemente fue en algún mal día, en los veranos de mi infancia que guardo como si fueran de película. Y me quedo pensando también en una frase de Rolón que, a esta altura de la nota, ya me parece la más importante de todas: “No nos bajemos de la vida antes de tiempo”. Porque en el fondo de lo que dice hay algo muy simple y a la vez muy difícil de cumplir: que la felicidad que uno imagina haber tenido o la que fantasea con tener no le gane la pulseada a la que, con sus defectos y todo, efectivamente está ocurriendo ahora.

La pregunta que queda flotando

Mientras cerraba sus explicaciones, Rolón dejó en el aire un interrogante que interpelaba de manera bastante directa: ¿qué lugar encuentran los recuerdos y los proyectos en la manera en que uno disfruta del presente? No es una pregunta retórica ni un recurso de cierre amable. Es, en todo caso, una invitación a mirarse uno mismo con un poco más de honestidad, a revisar si la vida que se cuenta está demasiado lejos de la vida que se vive. Yo, mientras escribo esto, todavía estoy intentando responderla. Y sospecho que a más de uno le va a pasar lo mismo.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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