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Puchero, el perro que se ganó la calle y la comisaría: doce años de patrullar Neuquén junto a los bicipolicías

Apareció una mañana en la puerta de la Comisaría Primera y nunca más se fue. Hoy duerme en su colchón, recorre la ciudad a la par de los agentes en bicicleta y luce un chaleco cosido por voluntarias que ya es una postal del barrio.

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Esteban ZapataSociedad y vida · 5 DE SEPT DE 2026 · 3 min de lectura

Lo veo apenas cruzo la puerta de la Comisaría Primera, en la esquina de Ministro González y Mendoza, en pleno centro de Neuquén. Puchero está echado sobre su colchón, con la tranquilidad de quien sabe que ese lugar le pertenece. Tiene unos doce años, el pelo corto y oscuro, y una mirada que parece entender todo lo que pasa a su alrededor. Cuando me acerco, levanta la cabeza, me evalúa un instante y vuelve a apoyar el hocico. Es sábado a la mañana y la seccional funciona con su ritmo habitual: efectivos que entran y salen, vecinos que vienen a hacer un trámite, bicicletas oficiales apoyadas contra la pared. En medio de ese movimiento, él es la presencia más estable de todas.

Nadie lo trajo. Nadie lo inscribió en planilla alguna. Puchero apareció hace más de una década en la puerta de esta dependencia y, simplemente, se quedó. Con el tiempo se convirtió en algo así como el compañero no numerado de la fuerza: duerme en la comisaría, come gracias al aporte del personal y, cada vez que arranca un patrullaje en bicicleta, ya está listo en la puerta, esperando que le ajusten el chaleco.

Un patrullaje que nació sobre dos ruedas

El cuerpo de bicipolicías de Neuquén no es nuevo: nació en el año 2000, por iniciativa del entonces comisario Mario Barros, cuando un grupo de agentes de Cutral Co decidió cubrir el territorio pedaleando en lugar de subirse a un móvil. Puchero llegó mucho después, ya con la modalidad instalada, y la adoptó como propia. Desde entonces acompaña los recorridos por la zona del hipermercado Jumbo, el corredor este-oeste y la Comisaría Segunda, y cada tanto se aparece por su cuenta en la División de Policía Motorizada, sobre las calles Petróleo e Intendente Carro. En todos los destinos lo conocen y en todos tiene un lugar donde echarse.

"Aparte de ser un compañero, es el primero que está listo para salir a hacer las tareas de prevención", me dice el agente Nemesio Lagos, que lleva nueve años en la fuerza y conoce a Puchero desde su primer día de servicio. "Cuando pedaleamos siempre hacemos una parada fija para no cansarlo demasiado", agrega, con ese tono de quien describe a un colega más que a una mascota.

Cómo se comporta en la calle

  • Con otros perros se muestra indiferente: si alguno lo provoca, directamente lo ignora.
  • Ante un procedimiento tenso, ladra para dar alerta, pero nunca escala la situación.
  • Durante los recorridos mantiene un ritmo parejo: trotando al lado de las bicicletas sin quedarse atrás.
  • En la cuadra donde lo ven seguido, los vecinos frenan a fotografiarlo y hasta le llevan alguna golosina.
“Se da cuenta enseguida. Solo se pone a ladrar para dar alerta, pero no pasa de eso.”Agente Aldana Campos, tres años en la seccional

Campos, que también lo trata a diario, calcula que Puchero anda por los doce años, quizás un poco más. A pesar de la edad, los controles veterinarios están al día y la alimentación corre por cuenta del personal de los distintos destacamentos que visita. Sobre el torso lleva un chaleco impermeable con una leyenda que ya se hizo famosa en el barrio: "No me lo robes... yo también tengo frío". Lo cosieron integrantes de la agrupación Patas Unidas Neuquén, que también se ocupa de promover su cuidado y de aclarar, cada vez que pueden, que el perro no está en la calle pidiendo hogar.

Un perro que eligió quedarse

Hubo intentos de adopción, claro que los hubo. Vecinos interesados se acercaron a la comisaría y más de un agente lo pensó en serio. Pero Puchero nunca aceptó irse. "Lo quisieron adoptar, pero no pasó nada. Se quedó en la jefatura. Ya es de acá", resume Campos, mientras el perro levanta una oreja como si escuchara su nombre. Después de más de una década durmiendo en su colchón de la Comisaría Primera, Puchero ya no es una mascota de la fuerza: es, simplemente, parte de ella. Y cada vez que un bicipolicía saca la bicicleta para empezar el turno, él ya está parado en la puerta, listo para otra vuelta por Neuquén.

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Esteban ZapataSociedad y vida

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